Recórcholis, la aventura después del r

Antonio Quevedo sigue cosechando logros... y utilidades.
LC

A principios de los 80, Antonio Quevedo empezó a trabajar en Reino Aventura vendiendo hot dogs y palomitas.

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“En una exposición me ofrecieron distribuir juegos en México. Acepté la información, pero la archivé, pues mi negocio era la comida. En un viaje a Europa sentí curiosidad y acudí a visitar la fábrica. Salí de ahí con un contenedor que tenía 42 juegos; así empecé en el negocio del entretenimiento”, cuenta el director general de Grupo Diniz.

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Aunque siguió con su trabajo en Reino Aventura, creó Veser, una compañía dedicada a la importación y distribución de juegos mecánicos y otros artículos relacionados con el esparcimiento. En sólo un lustro, y sin implicarse demasiado en el proyecto, la firma logró colocar hasta 1,300 juegos en toda la república.

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En 1989, un amigo suyo abrió una plaza comercial en Toluca y lo invitó a participar. Ahí nació el primer Recórcholis, al que siguieron otros dos en el Distrito Federal y uno en Puebla.

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Una década más tarde, Reino Aventura fue vendido a Six Flags. Quevedo decidió invertir para expandir su marca. En cuatro años ha abierto 15 establecimientos, y busca inaugurar tres más este año.

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Lo que nació con unos  juegos mecánicos es hoy un espacio en el que cabe hasta una pista de go-carts.

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Una franquicia de Recórcholis o 4 Play –un centro de entretenimiento de menores dimensiones– cuesta alrededor de $1,000 dólares por metro cuadrado, con un periodo de recuperación de entre 40 y 48 meses.

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Tras su salida de Reino Aventura, el directivo se comprometió con Six Flags a no trabajar en parques de diversiones durante cinco años. Pero él se ha demostrado que hay vida después de un trato así y asegura que pronto volverá Cornelio –la antigua mascota del Ajusco–. Ahora como parte del Grupo Diniz.

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