Rectificación incompleta

Las dudas de los inversionistas extranjeros sobre la posibilidad real del nuevo gobierno de llevar a
Alejandro Castillo

Uno de los problemas que deberá superarla nueva administración es el de la credibilidad. Para amplios sectores de la sociedad los compromisos asumidos por el presidente Ernesto Zedillo son buenos deseos, pero todavía no se ve cómo podrá alcanzarlos.

- A unos días de que terminara el año, el nuevo gobierno se vio obligado a reconocer que el análisis que habían realizado sus antecesores, acerca de la evolución de las cuentas externas del país no era el correcto. El deterioro, provocado por la ficción de bajar la inflación mediante importaciones financiadas con recursos externos a un tipo de cambio casi fijo, era más grave de lo que se había informado. Por eso se decidió retirar al Banco de México del mercado cambiario y dejara flotación el peso.

- Inicialmente el ex secretario de Hacienda, Jaime Serra, pretendió responsabilizar al EZLN de las dificultades para captar capitales. Lo cierto es que la devaluación no fue sino la consecuencia lógica del modelo aplicado en el sexenio anterior, construido sobre endebles equilibrios, a costa de las condiciones sociales y suponiendo el favor permanente de los capitales foráneos. En ese sentido, al EZLN sólo se le podrá culpar de ser un reflejo de los graves rezagos acumulados en el país y de la cerrazón del sistema que impide la expresión de las inquietudes políticas.

- Como se recordará, desde los días posteriores a las elecciones y aún después de que se decretó el triunfo de Zedillo, se detectó una gran inquietud en los inversionistas. Desde entonces se comenzó a analizar la posibilidad de una devaluación y un ajuste en las metas maeroeconómicas, ya que el esquema aplicado durante la administración salinista resultaba demasiado estrecho para dar respuesta a las demandas de la sociedad y tendía a desgastarse rápidamente en las cuentas con el exterior.

- Entonces se adelantó la firma de la concertación y se ratificó el propósito de alcanzar una inflación de 4% con un deslizamiento del tipo de cambio de 4.12% al año. Pero eso no propició una recuperación de la credibilidad en el modelo. Después se pensó que con la toma de posesión del nuevo presidente, la designación del gabinete o la publicación de los Criterios Generales de Política Económica los mercados se reencauzarían. Pero nada de eso fue suficiente.

- Noviembre y diciembre fueron meses en los que el Indice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores siguió una tendencia a la baja al mismo tiempo que el tipo de cambio se mantuvo presionado. Esa situación no se modificó ni siquiera con los ingresos extraordinarios de inversión extranjera directa que se captó en noviembre, resultantes de los compromisos que asumieron las instituciones financieras foráneas para instalar filiales en el país.

- Y es que a pesar de las explicaciones que dio Serra, los capitales no encontraban en las condiciones actuales del país los elementos que les brindaran la certidumbre de rentabilidad.

- Los criterios, combinación difícil
La inquietud de los inversionistas obedecía a que encontraban poca compatibilidad entre los diferentes propósitos de la política económica. Hasta antes de que se tomara la decisión de ajustar el tipo de cambio, los capitales no tenían claro de qué manera se podría lograr un crecimiento del Producto Interno Bruto de 4%, con una inflación de 4%. Como se ha dicho en otras ocasiones, la compatibilidad entre crecimiento económico y bajos precios se logra con base en productividad, sólo que esa fórmula no está suficientemente madura en México.

- Tampoco estaba claro de qué manera se combinaría el crecimiento económico con una relativa estabilidad en el déficit comercial del país. Además, no se sabía a ciencia cierta si en un mercado más competido sería posible obtener los capitales necesarios para cubrir ese déficit y a qué precio.

- También se consideraba difícil alcanzar el propósito de mantener el equilibrio de las finanzas públicas en momentos en los que se prevén altas tasas de interés en Estados Unidos, que ya han impactado en el servicio de la deuda externa. Eso se complicaba todavía más tomando en cuenta que, en los meses precedentes, el propósito de mantener el deslizamiento en el tipo de cambio había obligado a las autoridades de Banco de México a elevar las tasas de interés, con el consiguiente costo sobre la deuda interna y el daño a la planta productiva del país.

- Los temores en torno a la seriedad de los propósitos gubernamentales aumentaban si se añadía que además se había establecido el compromiso y era urgente apoyar a las empresas por medio de ajustes fiscales y estímulos a la inversión.

- Ciertamente, muchos de esos temores giraban en torno a la posibilidad de recibir recursos del exterior. Por lo tanto, se trató de tranquilizar a los capitales con la versión de que, en todo caso, las necesidades de divisas se podrían cubrir mediante la venta de activos (Pemex y la Comisión Federal de Electricidad). Sin embargo, parece que ese ofrecimiento no eliminó la inquietud. Estaba presente la experiencia de los recursos captados por las privatizaciones: sus beneficios sólo fueron temporales. Y todo indica que así será mientras no se establezcan las bases para un desarrollo sostenido.

- Por otra parte, resultaba evidente que los márgenes de maniobra se estrechaban en la medida en que eran más fuertes las presiones de la sociedad en demanda de respuesta a los añejos rezagos.

- En fin, la actitud de los inversionistas, que generó presiones sobre el tipo de cambio, fue consecuencia de las dudas acerca de la política económica.

- Rectificación incompleta
Desafortunadamente la decisión de ajustar al tipo de cambio no fue acompañada de una revisión integral y oportuna de las metas económicas. Es más, se acordó un plazo de 60 días en los que no deberán realizarse ajustes.

- Sin embargo, sería irresponsable ignorar que, por el tipo de apertura que se aplicó en México, las empresas nacionales fueron forzadas a integrarse a proveedores del exterior. De hecho, los efectos del ajuste cambiario no se harán esperar sobre la inflación, crecimiento, salarios, gasto público y tasas de interés.

- Pero también es un hecho que, paradójicamente, junto con las dificultades que el ajuste cambiario provocará a quienes tienen créditos en dólares o dependen de insumos importados, la devaluación también genera las condiciones propicias para mejorar el desempeño del mercado interno y fortalecer la planta productiva del país. Para ello, se deberá reconocer que en el corto y mediano plazo es posible y necesario un nivel de estabilidad acorde con las condiciones estructurales de nuestra economía que, por cierto, son diferentes a las de los países desarrollados. Enfocar correctamente el problema permitirá recuperar la credibilidad.

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Balance final
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- Algunos intermediarios bursátiles estimaron que el Indice de Precios y Cotizaciones (IPyC) de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) cerraría 1994 en 3,000 unidades. Sin embargo, esto fue imposible de lograr, debido a los sucesos, tanto en el ámbito interno como en el externo, que generaron nerviosismo e incertidumbre en el mercado accionario.
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- Los principales factores internos que influyeron en el comportamiento del mercado de renta variable fueron: el conflicto armado en el estado de Chiapas; el asesinato de Luis Donaldo Colosio; las irregularidades en las entidades financieras -grupo Havre y Banco Unión-, que llevaron a su intervención administrativa; las elecciones presidenciales del 21 de agosto, el asesinato del secretario general del PRI y la anulación de la banda de flotación peso–dólar, en donde la paridad se regirá por la - oferta y la demanda, hasta que el mercado cambiario muestre señales de estabilidad. - Este último factor afectará indudablemente los resul- tados de las emisoras al cuarto trimestre de 1994 que tienen pasivos en dólares y por ende, se verá reflejado en el comportamiento de la BMV.
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- En el ámbito externo influyeron en el comportamiento del lPyC la volatilidad registrada en el Dow Jones derivada de la devaluación del dólar frente al yen japonés, influyendo en el mercado accionario mexicano y en el incremento de las tasas de interés de Estados Unidos lidereadas por las tasas de descuento y los fondos federales de la FED.
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- Por otra parte, pese a que para 1995 los fundamentos macro y microeconómicos del mercado accionario son favorables y que se presentan niveles muy atractivos en algunas empresas que cotizan en la BMV, las expectativas en el corto plazo están enfocadas en mayor medida al comportamiento de los factores externos y políticos internos, que son los de mayor riesgo en el corto plazo. Se estima que una vez - despejado el panorama político interno, los inversionistas tendrán mayor certidumbre. -
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