Recursos Humanos. La dirección eficaz s

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Leticia Rodríguez

La licenciada en Psicología Industrial, la autora es consultora de diversas empresas en el área de Recursos Humanos.

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Cuanto más machistas son los hombres, más difícil le resulta a la mujer poder realizarse profesionalmente dentro de una organización empresarial, en cualquier país, a cualquier nivel y en cualquier sector.

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Los obstáculos que debe enfrentar una mujer ejecutiva se alzan desde el momento mismo en que, en igualdad de circunstancias, compite por un puesto contra un hombre. Puede ser que el encargado de tomar una decisión al respecto, incline la balanza en favor del hombre, aunque la mujer tenga una trayectoria laboral más brillante y un mejor bagaje profesional. También puede ser que adopte tal actitud por el solo hecho de que la mujer es del otro bando, continuando así con la tradición de rivalidad que se encubre tras esta clase de decisiones.

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Asimismo, se podría argumentar -sin que faltara alguna razón- que la mujer, eventualmente, corre el riesgo de ausentarse del trabajo por el hecho de ser madre y, por ejemplo, tener a su cargo hijos pequeños, o por la posibilidad de que se presente algún embarazo en su edad fértil. Razones muy comprensibles desde el punto de vista organizacional, pero que no son suficientes. Si, a fin de cuentas, siempre se decide a favor del hombre, en realidad tales razones son tan endebles como las señaladas en primer lugar.

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Temores masculinos. Otro obstáculo digno de mencionarse tiene que ver con la alta dirección de la empresa y refleja su temor a que una parte del personal masculino rechace la posibilidad de quedar bajo las órdenes de una dama. Bien dicen algunos caballeros aquello de que "no obedezco a mi esposa y ahora voy a …”. Incluso, se llega a enjuiciar a las ejecutivas en función de sus atributos físicos y no de sus habilidades gerenciales y administrativas (que a fin de cuentas debieran ser las únicas importantes y decisivas).

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Tampoco habría que olvidar un tercer obstáculo que, desgraciadamente, es poco sorteable. No debería existir, pero que a veces surge, y es el antagonismo mujer-mujer (el enemigo más acérrimo de una mujer ejecutiva en una organización es generalmente otra mujer), situación que no suele darse en las relaciones hombre-hombre.

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La mujer debe enfrentarse a todas estas situaciones (que han quedado reducidas a los puntos expuestos, si bien existen otros muchos) con lo único que es primordial, al margen de su condición femenina, es decir: demostrando ante los demás que está suficientemente preparada para desempeñar el trabajo encomendado. Sin embargo, antes de poder demostrar su auténtica valía, deberá confirmar sus atributos ante cualquier otra persona, en igualdad de condiciones. Ser hombre o mujer es una circunstancia accidental, lo importante es mejorar e innovar día a día, de acuerdo con las circunstancias y con las asignaciones que se tengan, al margen de cualquier condición. El conocimiento académico y profesional y el estar capacitado para dirigir a otros son asuntos que carecen de sexo.

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Ahora bien, ante situaciones adversas, la mujer por ser mujer sabe manejarse con delicadeza y cuidado. Aunque parezca contradictorio, es capaz de ofrecer un liderazgo firme y efectivo, y conducir a su equipo de trabajo hacia los objetivos organizacionales. Por su condición femenina está precisamente en la línea que demandan las nuevas tendencias administrativas y de organización humana, que reaccionan ante la despersonalización imperante.

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Lo más importante es analizar con espíritu crítico su estilo de liderazgo; tener muy claro qué es lo que se espera de ella, como de cualquier otro ejecutivo; y una vez que se ha conocido sus fortalezas y áreas de oportunidad, hacérselas saber con claridad. Pues cuando se trata de comprometerse con resultados y lealtad, nadie la aventaja. Ahí está, por ejemplo, la familia, de la cual es el eje.

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El resto debe ser sencillo. Hay que tener, eso sí, flexibilidad en el estilo de liderazgo, y permanecer atenta frente a los detalles que, a nivel de relaciones humanas, podrían presentarse en su equipo de trabajo. También hay que mantener un clima laboral adecuado, incluso con una sonrisa (que también es redituable).

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Sin dejar perder su condición femenina, pero actuando de manera ejecutiva, la mujer debe orientarse en la medida que cada situación demande. Ello atañe tanto a la tarea a desarrollar, como a las relaciones interpersonales. Y si bien suena difícil, no es imposible de lograr cuando se pone el empeño necesario.

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