Reiterar lo obvio

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Sergio Sarmiento*

Usted estará de acuerdo conmigo, amigo lector, en que no hay ningún tema tan trillado como el de las reformas estructurales. Se ha repetido tanto en foros públicos y económicos que es necesario llevarlas a cabo, que se pierde el sentido mismo de la frase. La reiteración, sin embargo, no le ha quitado un ápice de verdad a la afirmación de que México las necesita.

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¿Qué son las reformas estructurales? Se trata de enmiendas a las leyes que rigen la forma en que se llevan a cabo las actividades económicas en nuestro país. Algunas de éstas son indispensables para generar inversión y empleo.

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Una de las más importantes es la que permitiría al fisco recaudar más dinero. Pero además de aumentar la captación, hay que hacerlo de manera más eficiente y justa. Actualmente un grupo relativamente pequeño de causantes paga la mayor parte de los impuestos del país. En cambio, un conjunto muy grande de personas y empresas evitan los pagos, sea porque la ley les da un trato preferente o porque se ocultan en la llamada economía informal. Los impuestos que se cobran a quienes sí pagan son tan altos que las inversiones en la industria de manufacturas se están yendo a China.

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Pero no sólo necesitamos aumentar la recaudación fiscal. Es preciso mejorar también la forma en que el gobierno gasta el dinero. Actualmente sólo 4% de lo que capta se queda en los estados y municipios, y esto significa que servicios tan importantes como la seguridad pública están subfinanciados. El gobierno federal, por otra parte, eroga demasiado en burocracia y muy poco en inversión de infraestructura, que es la forma de detonar el crecimiento económico.

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Otra reforma indispensable es la del sector eléctrico. México necesita invertir $50,000 millones de pesos al año en electricidad. Al prohibir la inversión privada en este campo, se está impidiendo el flujo de recursos. La enorme mayoría de los países del mundo –incluido China–, tienen inversiones privadas en electricidad.

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De la misma manera se requiere una reforma laboral, no para reducir los derechos de los trabajadores, sino para poner fin a un sistema perverso que genera desempleo y que ha hecho que los empleados mexicanos estén muy mal pagados mientras que sus líderes sindicales se vuelven millonarios.

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Yo sé que los mexicanos estamos cansados de escuchar acerca de la necesidad de las reformas estructurales. Ojalá que pronto llegue el momento en que podamos dedicar nuestra inteligencia a temas más atractivos. Pero el hecho es que mientras los legisladores no las lleven a cabo, seguiremos pagando el costo en parálisis económica.

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* Sergio Sarmiento es columnista del periódico Reforma.

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