Remesas y paz social

-
Alfonso Zárate*

Récord histórico: el año pasado las remesas enviadas al país por los trabajadores mexicanos en Estados Unidos rebasaron $13,200 millones de dólares. Sin el impacto de ese dinero, el modesto crecimiento de la economía mexicana, de apenas 1.2%, habría sido negativo. En una triste paradoja, los mexicanos expulsados por la pobreza hacia Estados Unidos, son los que mantienen el frágil equilibrio de nuestra balanza de pagos y, como reconoce el Banco de México, quienes “contribuyeron a mantener el consumo en 2003, junto con una moderada expansión del crédito interno y una inflación descendente que no erosionó el poder de compra”.

-

Pero los envíos de los trabajadores migratorios –la mayor parte de ellos ilegales– tienen una traducción más concreta, a ras de suelo: son la sobrevivencia de más de un millón y medio de familias. Los cálculos del Consejo Nacional de Población (Conapo) muestran el ascenso en el número de migrantes que cruzan la frontera norte –más de 400,000 el año pasado– lo que explica en parte que en sólo tres años, de 2000 a 2003, las transferencias hayan crecido al doble. Algunos analistas prevén que para el año 2006 podrían alcanzar $20,000 millones de dólares, lo que significa que superarían los ingresos de la exportación petrolera, pero también los del turismo y de la inversión extranjera directa.

-

Preocupante por donde se le vea, la novena economía del mundo –como le gusta decir al presidente Fox–, sustenta su modesto crecimiento y sus macrocuentas en la fatiga de millones de mexicanos que expusieron todo, la vida incluso, para encontrar lo que su país no les da y que se ganan la vida trabajando en los empleos más modestos y muchas veces en las condiciones más adversas.

-

En su análisis, el Conapo sostiene que “para los 1.2 millones de hogares que se benefician de este flujo de dinero, el promedio anual de ingreso por concepto de remesas ascendió a poco más de $3,000 dólares.” A escala macroeconómica, esas remesas están haciendo la diferencia entre crecer o no, y en miles de poblaciones significa, para millones de personas, la distancia entre la desesperación y la sobrevivencia.

-

En términos de gobernabilidad –el manejo de las presiones y la conflictividad sociales–, la emigración ha permitido despresurizar el clima sociopolítico. Sin la alternativa de la emigración, muchos jóvenes canalizarían su desesperación hacia la delincuencia común, en las áreas rurales se vincularían al cultivo de enervantes o a la protesta social en sus distintas expresiones. Muchos, ciertamente, lo están haciendo.

Inicia el día bien informado
Recibe todas las mañanas las noticias más importantes para empezar tu día.

-

* El autor es director de Grupo Consultor Interdisciplinario.

Ahora ve
La justicia estadounidense frena el tercer decreto migratorio de Donald Trump
No te pierdas
×