Revolución mexicana

La modernización de Telmex toma nuevos caminos. ¿La acompañarán sus trabajadores?

Javier Elguea es un sociólogo que, a diferencia de la mayoría de sus colegas, ha puesto en práctica sus conocimientos al dirigir el cambio de cultura en una empresa de 67,000 empleados.

- Cuando hace 10 años empezó a trabajar en Teléfonos de México, encontró una “obsolescencia humana tan grave como la tecnológica”. Según él, “los empleados de la empresa, inclusive los más inteligentes y preparados, no habían recibido las condiciones necesarias para adquirir habilidades y modernizarse, y poder realmente competir”.

- Desde que arrancó la nueva administración Elguea fue encargado de formar el Instituto Tecnológico de Telmex, para capacitar al personal. En 1995 fue nombrado director de recursos humanos y desde entonces empezó el programa Telmex 2000, para impulsar aumentos de productividad.

- Francisco Hernández Juárez, líder del sindicato de telefonistas, reconoce que era necesaria la sacudida en la capacitación de los trabajadores y asegura que su organización estuvo siempre dispuesta a cooperar, “en tanto se dieran garantías de que el empleo de mis compañeros se mantendría seguro”.

- La mayor prueba para las relaciones entre la nueva administración y el sindicato fue la reorganización de la larga distancia. Con las nuevas tecnologías, el número de puestos de operadoras debía reducirse de 13,000 a cuando mucho 7,000. “En algunos momentos llegamos a pensar que era de mala fe –rememora Hernández Juárez–, porque el de las operadoras era uno de los departamentos que más me había apoyado en los conflictos del sindicato.” Según el líder sindical, Telmex quería introducir tecnologías utilizadas en Europa, que reducen al mínimo la necesidad de operadoras. Lo que el sindicato pidió fue que se utilizaran tecnologías en boga en Estados Unidos, donde “quedó un número considerable de puestos de trabajo”.

- De todos modos había que modernizar, admite, porque se trabajaba con conmutadores de cordón, y la tendencia mundial era utilizar computadoras. Elguea recuerda que era tan grave el rezago en las centrales telefónicas, que se podían encontrar operadoras con problemas de analfabetismo funcional, que sólo sabían el abecedario de la a a la j, porque esas eran las letras que incluían los tableros. Telmex respetó el compromiso de mantener la planta laboral en el mismo número, así que al modernizarse las centrales, las operadoras sobrantes pasaron a otras áreas, en especial a la comercial. Las empleadas aprendieron nuevas habilidades, y en algunos casos, como en el empalmado de cables, demostraron ser más eficientes que los hombres, cuenta el sociólogo. Las operadoras que quedaron hasta pidieron uniforme, para armonizar con las nuevas instalaciones, dice Elguea.

- El proceso también implicó cambiar algunas prácticas de la empresa, como la corrupción en la reconexión de líneas telefónicas. Para nadie que haya tratado con Telmex antes de su privatización es desconocido el hecho de que cuando se suspendía el servicio, lo más fácil era tratar directamente con un empleado de la empresa para que, mediante el pago de una “gratificación” mutuamente convenida hiciera rápido el trabajo. “Había que correr detrás de la camionetita de Telmex”, dice Elguea. Eso era una pérdida para la empresa, tanto en recursos que no ingresaban a su caja, como en imagen frente al cliente.

- Elguea comenta que para resolver esa práctica se ofreció un sistema de incentivos para quienes repararan las líneas telefónicas. “La corrupción es resultado de la falta de organización y de incentivos para buscar lo mismo del lado luminoso. A nosotros también nos interesa que se reparen e instalen los teléfonos, y que eso se haga en horas de trabajo”. Al final, asegura, los empleados apreciaron la medida, porque podían obtener los mismos ingresos dentro de su horario.

- Del modo como el sindicato cooperó para limpiar esa corrupción, refiere Hernández Juárez: “No digo que señaláramos con el dedo a quien incurriera en esa práctica, pero sí advertimos a los compañeros que en caso de que los descubrieran y los corrieran se iban a rascar con sus propias uñas. Después de 10 o 15 empleados que corrieron, los demás entendieron que había que cambiar.”

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- Las diferencias entre el sindicato y la empresa se han suavizado. Según el dirigente, nunca se repitieron casos en los que la empresa quisiera intervenir en la vida sindical, como había sucedido de 1976 a 1982, mucho antes de la privatización. Pero quedan algunos temas pendientes. Con el uso de nuevas tecnologías, Teléfonos de México requerirá una capacitación aún mayor de parte de su planta laboral. El sindicato considera que si el personal ya protagonizó una revolución, puede estar presente en la que sigue, pero teme que la compañía contrate trabajadores no sindicalizados para sus nuevos proyectos, como internet y transmisión de datos.

- Hernández Juárez es optimista y confía en que la planta laboral –que es del mismo tamaño que hace 10 años– ya puede empezar a expandirse. “La empresa puede crecer arriba de 7.8% anual. Por las tecnologías que se tienen, el crecimiento del personal será a un menor ritmo, de 2 o 3%, pero finalmente será crecimiento”.

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