Rincones de la memoria

¿Puede una empresa familiar adaptarse a los torbellinos de la computación? El presidente de Kingst
Silvia Ansorena Coyne

Kingston Technology, compañía dedicada al diseño y fabricación de sistemas de memoria, dirige sus operaciones desde Fountain Valley, California. Aunque las cifras de ventas en 1999 hablan de un monto de $1,500 millones  de dólares, los trabajadores de la empresa se sienten orgullosos del ambiente familiar que reina en la organización. La filosofía “trabajador contento, productos inmejorables” sitúa a Kingston entre las firmas admiradas por su capacidad para convertir en realidad el Californian dream.

- La firma se autodefine como el fabricante de componentes de memoria más grande del mundo. Su tecnología se utiliza en computadoras de escritorio, equipos portátiles, estaciones de trabajo, impresoras láser y aparatos electrónicos (como cámaras y dispositivos palm-top).

- Fundada en 1987 por John Tu y David Sun –actuales presidente y vicepresidente, respectivamente–, Kingston, desde su nacimiento como constructor de módulos sencillos de memoria, creció hasta consolidarse en una compañía internacional. La historia, sin embargo, inicia en pleno derrumbe de la bolsa de valores de Estados Unidos.

- Un parto difícil
John Tu, nacido en Shangai hace 59 años, habla con reposo de la trayectoria de Kingston, de su pasado y de los planes para el futuro. Nadie diría que este hombre afable –que lleva en la solapa una foto donde aparece disfrazado del Hombre de Hojalata de El Mago de Oz– es el copropietario de la empresa. Tu no posee despacho propio; convive desde su cubículo con el resto de los trabajadores.

- Antes de iniciar la travesía de Kingston, John Tu y David Sun eran los dueños de otra empresa, Camintonn Corporation, fabricante de tecnologías especiales para equipos de DEC corporation. Sin embargo, ambos ejecutivos vendieron Camintonn y decidieron invertir su dinero en la bolsa de valores.

- El hundimiento del mercado financiero estadounidense no sólo dejó a Tu y Sun sin capital, sino que ambos personajes poseían deudas por varios miles de dólares. “El futuro se vislumbraba negro –cuenta John Tu– nos reuníamos a tomar café y pensar qué podíamos hacer, ya que ninguno de los dos tenía el valor de enfrentar a su esposa e informarle de la bancarrota.”

- La prioridad era encontrar una idea, cualquiera, que les permitiera “ganar unos cuantos dólares a la semana para seguir viviendo”. Mientras estudiaban el mercado tecnológico y las carencias que éste presentaba, los fundadores de Kingston descubrieron una oportunidad de salvación: la escasez de módulos de memoria para computadoras personales que aquejaba al mercado en 1987.

- “Podríamos realizar alguna modificación en el material existente –pensaron– para satisfacer esa demanda.” Con la mira puesta en dicho objetivo, Tu y Sun rediseñaron un Módulo Sencillo de Memoria en Línea (SIMM), el cual utilizaba un procesador alternativo de mayor disponibilidad. Según John Tu, el artesano de la nueva forma de presentar los módulos fue David Sun, el más “habilidoso” de los dos (aunque ambos ostentan licenciaturas en ingeniería eléctrica).

- El inicio de la ruta
Cuando John Tu y David Sun ofrecían su tecnología de memoria a los fabricantes de computadoras, los pedidos superaban con creces la capacidad de manufactura de la nueva empresa. “No teníamos efectivo para comprar los componentes requeridos –recuerda el ahora presidente de Kingston–. Por tal motivo, en algunos casos nos vimos obligados a entregar nuestra concepto tecnológico a los proveedores, con la intención de reunir material esencial y seguir trabajando.”

- Camintonn Corporation, la primer aventura empresarial de este par de ingenieros, permitió que trabajaran con una red de distribuidores especializados en el mercado de actualización de estaciones de trabajo y microcomputadoras. El ejecutivo de origen chino y su socio convencieron a las organizaciones para incursionar, con productos de Kingston, en el espacio de la actualización de computadoras personales.

- A partir de ese momento, 1987, la firma amplió y diversificó su oferta técnica. En 1990, extendió su campo de acción a la actualización de procesadores –hoy día, una parte importante de la división de periféricos de la empresa–. En 1993, Kingston presentaba sus sistemas para almacenamiento y conectividad.

- Oportunidades para la memoria
John Tu se muestra satisfecho con el rumbo de la compañía y mira hacia el futuro con optimismo. “Pero con respeto, porque no sé qué ocurrirá dentro de diez años.” Durante los próximos cuatro o cinco años, asegura, no se producirán cambios dramáticos en el campo técnico que le concierne. No obstante, intuye que en 2010 el mundo del cómputo “será muy diferente, con computadoras aún más fáciles de usar y equipadas con interfaces extremadamente amigables para el usuario. Sin embargo, no puedo adivinar qué pasará con la memoria”. Aunque, eso sí, señala que “vaya hacia donde vaya (la memoria), Kingston estará ahí”.

- John Tu no está preocupado por la teoría que asegura que las llamadas “terminales tontas” invadirán los mercados –favoreciendo la tendencia a fabricar dispositivos muy ligeros que no requieren enormes recursos de memoria–. “No creo que las cosas sucedan de ese modo, ya que el usuario individual utilizará internet e incluso aumentará su tiempo de navegación. Esto implica que los individuos necesitarán mayores capacidades de memoria en sus equipos personales.” Cuando se le pregunta a John Tu acerca de las memory sticks –o memoria portátil– y del respaldo que esos sistemas consiguen en la industria tecnológica, el presidente de Kingston se muestra reservado. “Firmamos alianzas con organizaciones muy poderosas que fijan estándares; Intel, por ejemplo. Lo cual sugiere que nos movemos en la dirección correcta. Si la tecnología se orienta hacia la memoria portátil, por supuesto que Kingston seguirá dicha pauta.”

- Además, explica, “aunado al hecho de que las computadoras personales y las máquinas de escritorio bajan de precio, el mercado mantiene un ritmo de crecimiento acelerado. Especialmente el ámbito de los equipos que se usan para entrar a internet, el cual requiere memoria adicional para funcionar y almacenar información”.

- Calidad ante todo
Según John Tu, Kingston sólo posee una regla de oro: “La calidad es lo más importante para la organización.”

- En la planta que la empresa posee en California, se fabrican 120,000 módulos de memoria al día. Para garantizar la satisfacción de los clientes, los productos son sometidos a estrictas evaluaciones de calidad y funcionamiento. Por ejemplo, en el caso de los sistemas Rambus –uno de los lanzamientos técnicos más recientes de Kingston–, las pruebas de control se realizan con máquinas de rayos x, ya que la tecnología es tan sofisticada que el ojo humano no detecta los posibles errores.

- De hecho, la empresa invirtió recientemente $300,000 dólares en la adquisición de cinco dispositivos de rayos X.

- El proceso de embalado de los productos –antes de ser entregados al cliente– en cambio es completamente manual. “Es mejor que una persona revise todas las piezas, que confirme que el sistema vendido está completo.”

- Propiedad privada
Desde sus orígenes, Kingston mantuvo una condición de empresa 100% privada. En 1996, Softbank Corporation –firma editora de revistas y libros de cómputo y productora de ferias y exposiciones para la industria de computación– adquirió 80% de participación de Kingston. En Japón, Softbank es el distribuidor más grande de software, periféricos y herramientas para computadora.

- La empresa de John Tu aceptó la oferta, “porque nos permitía mantener la filosofía de trabajo, cuidando extremadamente las buenas relaciones con el empleado”. La venta se reflejó en más de $1,000 millones de dólares, dinero con el que Tu y Sun hicieron algo realmente sorprendente: donaron $100 millones de dólares a los trabajadores.

- “Consideramos que el capital también les pertenecía, porque entre todos se hacía el trabajo –explica John Tu–. Por eso decidimos entregar parte de la venta de la firma.” En aquel entonces, Tu y Sun ya habían pensado en donar alguna cantidad a los empleados, sin embargo, el monto no estaba definido.

- Cuando un periodista entrevistó a Tu y le preguntó la cifra, éste dijo –quizás en broma– “$100 millones de dólares”. Dato que se publicó inmediatamente.

- Cuando leyó la noticia, David Sun llamó a su socio, que se encontraba fuera de Estados Unidos, y lo interrogó sobre la suma mencionada en el artículo. “¿Tienes algún problema en que donemos los $100 millones de dólares?”, cuestionó Tu. Sun respondió: no.

- El dinero fue repartido en varias etapas y bajo criterios muy personalizados de antigüedad y desempeño. Dos años después, 1998, Tu y Sun volvieron a comprar la totalidad de la empresa.

- “Siempre seremos una compañía privada –comenta Tu–. No queremos perder nuestra forma de trabajo, la filosofía y el modelo de vida que proponemos como organización. Esos valores no desaparecerán. Kingston es una familia y no se pone en riesgo a la familia, siempre hay que mantenerla unida.”

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