Rodrigo Villar Esquivel, Director genera

El fondo para la inversión socialmente responsable más importante en México lanzará este junio l
Marco Hernández

En la segunda sección del Bosque de Chapultepec, con Martinis de mezcal orgánico y jamaica orgánica, New Ventures presentó su proyecto más reciente: las Páginas verdes, un directorio que esperan convertir en la nueva Sección amarilla de México. A diferencia de la guía tradicional, ésta incluirá sólo proveedores de productos y servicios sustentables, y es por esta vía que el organismo, que abrió oficinas en nuestro país en 2004, espera beneficiar a las más de 100 empresas a las que ha apoyado durante tres años, lo mismo con recursos para acelerar su crecimiento que con consultorías o a través de su incubadora de proyectos económicos de responsabilidad social. Se trata, en el fondo, de una herramienta más con la que Rodrigo Villar, director del organismo, busca acercar dos universos que se perciben con frecuencia como contrarios: el empresarial y el conservacionismo. Él espera poder sumarle a la ecuación un tercer factor fundamental: el consumidor final. Si logra su meta, se habrá cerrado un círculo virtuoso en el que todo el mundo gana.

¿Cómo se les ocurrió crear las Páginas verdes?
La idea surgió cuando nos dimos cuenta de que nuestro trabajo se había concentrado siempre en la promoción de la oferta, ayudando a desarrollar productos, asesorando empresas socialmente responsables. Fue la experiencia de trabajar con ellas lo que nos hizo llegar a la conclusión de que, para crecer más rápido, muchos de esos productores necesitaban un mercado más grande, más que capital y consultoría. Las Páginas verdes es nuestra respuesta a esa situación, con ellas pretendemos impulsar el crecimiento de la demanda.

¿Ése es su diagnóstico? ¿Hacen falta consumidores para este tipo de productos?
La demanda en México es muy pequeña, y creemos que es más reducida de lo que podría ser por falta de información.

� En algunas ocasiones se nos han acercado personas o empresas interesadas en comprar insumos verdes, e incluso a nosotros, que estamos relacionados con el tema, nos cuesta trabajo presentarles opciones; sugerirles, por decir algo, una lista de proveedores de muebles de oficina fabricados con madera certificada.

� Es un nicho todavía muy chico, muy caro y muy elitista. Lo que queremos es que estas industrias entren al terreno de lo masivo. No sólo pienso en consumidores individuales, también en gobiernos y empresas. Hay grupos industriales e incluso gobiernos que ya comienzan a tener políticas de compras sustentables; eso va a ayudar mucho a que crezcan los productores, pero yo no quisiera estar hoy en los zapatos del gerente de compras al que de pronto le llega una nueva política de insumos verdes. ¿De dónde va a sacar a sus proveedores? Las Páginas verdes también quieren atender a ese sector.

Tú comenzaste a trabajar en New Ventures en 2004. ¿Qué tanto sabías de asuntos ambientales entonces?
Nada. Yo soy contador público de carrera. Al salir del ITAM trabajé en distintas empresas pero no estaba contento con el mundo corporativo; yo siempre fui más emprendedor, y en parte por eso, para explorar nuevos horizontes, me fui a Australia, a Melbourne, a hacer mi MBA. Allá me especialicé en nuevos negocios y a mi regreso me plantearon la posibilidad de abrir la oficina de New Ventures en México; para mí fue la oportunidad perfecta para desarrollar proyectos nuevos, que era lo que me gustaba, pero no tenía ni idea del tema de la sustentabilidad.

� Por cierto, ahora que lo veo a distancia, creo que fue bueno que no estuviera tan empapado en el asunto, porque ha habido otros intentos similares que fracasaron porque se los encargaron a gente especializada en el tema ambiental, en ocasiones a conservacionistas radicales, que no conocían el sector privado. Algo de lo que hemos logrado con New Ventures es tender un vínculo entre sector privado y ese los ambientalistas; eran dos grupos muy peleados, nosotros entendemos a los dos y tratamos de unirlos. Nuestro trabajo es más lidiar con inversionistas, consultores y mercadólogos, que con conservacionistas. Lo que sabemos hacer es desarrollar negocios.

¿Qué tan verde se ha hecho tu vida a lo largo de estos años?
Mucho, pero tampoco soy un radical. De lo verde hay que tomar lo que te acomoda, al menos esa es mi filosofía. Hago esfuerzos, claro, pero, por poner un ejemplo, sólo pensaré en poner en mi casa un mingitorio que no use agua cuando se desarrolle la tecnología para que no huela feo. Habrá quien lo haga a pesar de eso, pero yo no; tampoco el grueso de la gente. También trato de comprar productos orgánicos, pero a veces son muy caros o son muy difíciles de encontrar, ¿dónde hay embutidos orgánicos?

� En unos días me voy a comprar mi primer coche de diesel, pero mentiría si te dijera que no me la pensé mucho cuando comparé su precio con el de un auto normal.

� Lo que tengo claro es que comprar una bolsa de mujer hecha con bolsas de papitas recicladas y dobladas es quizás algo bonito, pero que tiene un impacto mínimo en materia ambiental; a final de cuentas, acaban en la basura otra vez.

� Con la oficina hemos tratado de ser más coherentes. Todos los muebles son fabricados con madera certificada, cambiamos todos los baños a modelos de dos botones para ahorrar agua, las sillas tienen certificación LEED (un sello para construcción sustentable que se otorga a productos que no necesariamente están hechos con materiales biodegradables, pero que fueron diseñados con criterios de reuso y reciclado más bondadosos)... Esto es algo que va evolucionando poco a poco, los productos se van adaptando.

� La gente tiene que entender que consumir responsablemente es algo que se puede hacer paso a paso; no necesita consumir todo orgánico de la noche a la mañana. De hecho, no hay nadie que pueda decir “soy 100% verde”, porque en el mercado no existen todavía todos los productos que le permitan hacerlo.

Son decisiones que no resulta fácil tomar; cuestan trabajo, tienes que admitirlo.
Sí, pero también es cierto que nos hemos vuelto muy comodinos. Hoy nadie se imagina esperando a un compañero en la oficina 10 minutos con tal de compartir auto; en el supermercado queremos las cosas divididas en porciones cada vez más pequeñas, por lo que consumimos cada vez más empaques... En el fondo, son decisiones que sólo tienen sentido si forman parte de un estilo de vida.

Pero es un estilo de vida muy popular en el resto del mundoÂ…
Sí, de hecho ya hasta fueron bautizados, son los Lohas (por las siglas en inglés de Lifestyles of Health and Sustaintability). En Estados Unidos se calcula que 16% de la población pertenece ya a este segmento, que consume más de 25 mil millones de dólares anuales y para quienes el tema de la sustentabilidad es un factor determinante en sus decisiones de compra. En Europa es todavía más significativo y en Japón es un mercado creciente, sobre todo entre quienes tienen de 25 a 45 años de edad, una franja con un poder de compra muy importante. En México, sin embargo, creemos que no supera el 1%.

¿A qué lo atribuyes?
Hay que tomar en cuenta que se trata de productos que tienen un sobreprecio importante, y no podemos olvidar que en México 60% de la población vive en niveles de pobreza, pero también es cierto que hay un sector de la clase media y la clase media alta que podría tener un consumo más responsable sin que represente un sacrificio para sus finanzas, y no lo está haciendo. Hay mucha gente a la que le duele pagar la diferencia de precio de un producto orgánico pero no duda en comprar una bolsa de papitas; si hicieran el cálculo, descubriría que está comprando kilos de papas carísimos, mucho más caros que el kilo de papa orgánica que se negaron a llevar. No nos duele tomarnos una cuba de 50 pesos pero nos duele pagar la diferencia por un kilo de arroz orgánico.

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¿Cuál es la salida?
Una de las que hemos encontrado es el desarrollo de los mercados gourmet. Hay un sector de la población que ya está acostumbrado a pagar por denominaciones de origen, tradiciones y diversidad; si logramos eso con algunos productos verdes, si logramos que dejen de ser percibidos como un commodity, el pequeño productor vendería al doble o al triple. Nosotros creemos que en México hay un mercado potencial muy fuerte. En la Ciudad de México debe haber seis tiendas de productos orgánicos, muy pocas para una ciudad de 20 millones de habitantes; su clientela se ha formado de boca en boca. Una buena señal, sin embargo, es que ya comienzan a multiplicarse los casos de empresas como Aires del Campo, con la que trabajamos, que está ya en supermercados, y eso mismo hace que sea mucho más fácil que los consuma un mercado más amplio.

¿Cuál es tu parte menos verde?
Soy fumador, pero ya me lo están quitando.

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