Saldos negativos

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Maricarmen Cortés

El pasado siete de junio se cumplieron cuatro años del inicio de la privatización de los 18 bancos comerciales. Hoy, el saldo es definitivamente negativo. Del total, tres se encuentran intervenidos, otro ya es controlado por extranjeros, y en seis más el gobierno es socio temporal, pues se acogieron al Programa de Capitalización Temporal (Procapte). En cuanto a los ocho bancos restantes, se especula que habrá nuevas fusiones (como es el caso de Banco Mexicano y Bancomer, que continúan en pláticas), así como alianzas novedosas con socios del exterior y más ingresos al Procapte.

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El balance de la privatización demuestra dos cosas: uno, que los actuales dueños pagaron un precio excesivo por los bancos (en promedio, se vendieron tres veces arriba de su valor en libros); y dos, que el proceso se precipitó, estableciéndose además un récord de venta (18 instituciones en poco más de un año, del 7 de junio de 1991 al 3 de julio de 1992). El problema fue, en parte, que los compradores no realizaron un análisis profundo de las instituciones; pero el gobierno, por su parte, tampoco investigó con lupa a los grupos compradores y fomentó el aumento de precios, pues los bancos se entregaron a quienes hicieron las ofertas más altas y no necesariamente a los que tenían mayor experiencia.

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Antecedentes dudosos. En términos generales, los 13 bancos comprados por grupos bursátiles guardan hoy mejor estado que los cinco adquiridos por industriales y empresarios de distinto giro. También es un hecho que las tres instituciones intervenidas (Cremi, Unión y Banpaís) se vendieron a gente con poca o nula experiencia financiera; además, sus antecedentes eran dudosos. En el caso de Unión, que fuera comprado por el hoy prófugo Carlos Cabal Peniche, no fueron pocos los que, desde antes, ya habían cuestionado el rápido enriquecimiento del tabasqueño; además, en Estados Unidos había demandas en su contra. El transportista Ángel Rodríguez, que compró Banpaís, nunca logró el repunte de Mexival, su casa de bolsa, y tuvo problemas con las autoridades cuando colocó acciones de Blanco en la Bolsa Mexicana de Valores.

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Respecto de la tercia de bancos comprados por grupos no bursátiles, sólo Banco de Oriente, de Ricardo Margain, presenta graves problemas por el crecimiento de su cartera vencida. Banorte y Bancrecer se cuentan hoy entre las instituciones más sólidas, pese a la coyuntura económica, pues no tuvieron que recurrir al Procapte para cumplir con los requisitos de capitalización y creación de reservas.

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A Banorte, presidido por Roberto González, jerarca de Grupo Maseca, aún se le considera una joya por su rentabilidad. Además, es el único cuyo director general hoy es el mismo que aquél que ocupaba esa posición antes de su privatización: Francisco Patiño. Bancrecer, dirigido por el también transportista Roberto Alcántara, es igualmente una institución fuerte: adquirió Banoro, posee otro banco en Costa Rica, inició la apertura de micro-sucursales bancarias y cuenta con una red nacional que supera los 700 establecimientos.

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En lo que toca a los 12 bancos adquiridos por grupos bursátiles, cinco de ellos entraron a Procapte (Inverlat, Bital, Confía, Bancen, y Serfin); mientras que Mercantil Probursa ya es filial de Banco Bilbao Vizcaya (BBV).

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Inverlat y Bital, que también están asociados con extranjeros, son los únicos presididos por ex banqueros: Agustín Legorreta y Antonio del Valle, respectivamente. Sin embargo, no es posible asegurar que a estas instituciones les haya ido mejor que a las dirigidas por neo-banqueros. Aunque, eso sí, los bancos más sólidos son los que se manejaron con criterios tradicionales, concentrándose más en la banca comercial que en riesgosas inversiones en los mercados cambiarios y de dinero.

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Una paradoja es que el primer banco privatizado, Mercantil Probursa, es también hoy el primero en pasar a control foráneo. Ojalá no sean muchos los que sigan este ejemplo. Sería una verdadera lástima que, debido a la crisis, el control de la banca nacional pasara al dominio extranjero. Y es que los de afuera están adquiriendo a precios de ganga lo que hace apenas cuatro años ciertos mexicanos pagaron a precio de oro, sin que el gobierno recompre parte de la cartera vencida (como sí sucedió con la operación Probursa-BBV).

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¿Amnesia oficial? ¿Se habrán olvidado ya las actuales autoridades de aquél principio -uno de los famosos ocho "mandamientos", reguladores de la privatización, fijados durante el pasado sexenio-, que era precisamente el de "asegurar que la banca mexicana sea controlada por mexicanos"?

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La autora es licenciada En Periodismo  especializada en temas financieros. Actualmente es columnista del diario Excélsior.

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