Salvo un par de nubarrones...

Tal parece que las acciones mexicanas serán buena apuesta: el poder de compra se recupera, bajan la
Héctor Chávez López

Si no sucede nada inesperado en las últimas semanas del año, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) habrá resultado ser una excelente inversión en 1999, en comparación no sólo con otras opciones en el país, sino a escala mundial.

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El mercado bursátil empezó el año con importantes ganancias, en la medida en que se reconoció que las acciones mexicanas representaban una alternativa más segura de inversión que sus contrapartes latinoamericanas: Argentina, Brasil y Chile se vieron severamente afectados en forma negativa por la abrupta devaluación sufrida por el real brasileño a principios de año. En contraste, la relación comercial y financiera de México con Estados Unidos (EU) hizo del mercado bursátil mexicano el favorito de la región. En los primeros cinco meses de 1999, la BMV tuvo una ganancia de 62% en términos de dólares.

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Desafortunadamente, la fiesta terminó ahí. En mayo aparecieron señales de alerta en los indicadores de inflación de EU que incrementaron el riesgo de alza en las tasas de interés de ese país. Este factor externo, así como el nerviosismo asociado al proceso de elección primaria del candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI), mantuvieron al mercado accionario deprimido y con un margen importante de subvaluación –dados los interesantes niveles en las utilidades reportados por las empresas en los primeros tres trimestres del año–.

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Fue hasta octubre cuando la percepción del mercado bursátil mejoró sustantivamente. Al disiparse la incertidumbre sobre una posible ruptura dentro del PRI como resultado de la elección interna, y al quedar claro que a pesar de la fortaleza de la economía de EU no había señales de inflación, los inversionistas, tanto nacionales como foráneos, volvieron a interesarse en la BMV. Lo anterior se tradujo, desde mediados de octubre, en una muy favorable recuperación del mercado accionario. (No obstante, es importante resaltar que la extraordinaria subvaluación que presentaba la bolsa en general, y varias acciones triple A en particular, fue decisiva para el regreso de algunos inversionistas internacionales).

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Para el cierre del año, el mercado accionario deberá permanecer relativamente firme, ya que la única variable para una posible corrección, o fuente de nerviosismo temporal, tiene que ver con la precaución de los inversionistas respecto al tema del ajuste tecnológico al cambio de fecha en el año 2000. Muchos inversionistas preferirán no tomar decisiones de inversión ni realizar operaciones durante diciembre para reducir el riesgo de errores relacionados con los sistemas informáticos. Sin embargo, lo anterior es solamente una justificación temporal del desinterés de los inversionistas por las acciones y los mercados financieros en general.

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Dado que las perspectivas para la economía mexicana son relativamente favorables, el mercado bursátil tendrá durante el año 2000 un buen desempeño. ¿Cuáles son los factores que incidirán en ese desempeño? A nuestro juicio, son cuatro fundamentalmente.

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El primero está relacionado con la trayectoria y las características de la expansión que seguirá la economía mexicana. Por un lado, anticipamos que el Producto Interno Bruto (PIB) crecerá cerca de 4% en el 2000. Sin embargo, a diferencia de 1999, el próximo año el crecimiento estará basado en mayor medida en la recuperación del mercado interno y no tanto en el sector exportador. Lo anterior debido a que la desaceleración que anticipamos en la economía de EU (crecerá 2.6% en lugar del 3.8% esperado para 1999) limitará el ritmo de crecimiento de las exportaciones mexicanas. Por otro lado, en la medida en que el empleo se siga recuperando y los salarios creciendo por arriba de la inflación, el consumidor local continuará fortaleciéndose. Si bien esta mejoría del poder de compra será gradual, el gran tamaño del consumo privado en México (que representa 63% del PIB) hace que una recuperación de esta variable tenga un impacto multiplicador importante en toda la economía.

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El hecho de que el mercado interno adquiera una mayor fortaleza beneficia especialmente a las empresas que cotizan en el mercado bursátil, ya que la mayor parte de ellas (de telecomunicaciones, medios de comunicación electrónicos, banca, comerciales, etcétera) tienen su principal mercado en el país. Esta recuperación del mercado interno no sólo permite a las empresas una mejora en sus ventas, sino también en sus utilidades, ya que los márgenes que pueden obtener con sus ventas domésticas son generalmente mejores que los que logran en el exterior.

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Otro factor que deberá influir positivamente en el mercado accionario el próximo año es la tendencia a la baja de las tasas de interés. En la medida en que la inflación mantenga la tendencia mostrada hasta ahora, también a la baja, y aumente la liquidez en los mercados financieros, las tasas de interés –tanto reales como nominales– deberán seguir su descenso. En 1999, el promedio de la tasa de referencia de los Cetes a 28 días fue de 21.6%, mientras que para el 2000 se espera que los niveles máximos se ubiquen entre 16 y 17%.

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A menores tasas de interés, mayor atractivo del mercado bursátil. Lo anterior no sólo se debe a que estas menores tasas reducen el costo de oportunidad de invertir en bolsa, sino que también mejoran las perspectivas de utilidades de las empresas, ya que la mayoría de ellas mantiene ciertos niveles de endeudamiento.

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El tercer elemento que influye en nuestro optimismo sobre el mercado bursátil mexicano es el rezago en el precio de las acciones, sobre todo si se considera que el entorno económico es positivo y se percibe que el riesgo-país es bajo (ver gráfico). Los inversionistas internacionales mantienen una opinión muy positiva sobre México gracias al manejo prudente de las políticas monetaria y fiscal por parte de las autoridades (lo anterior se aprecia precisamente en el nivel de riesgo-país que se atribuye a México comparado con el de otros países de la región y con la propia historia del riesgo soberano mexicano). Si a lo anterior aunamos los bajos niveles de valuación que presentan las empresas mexicanas con respecto a sus niveles históricos, salta a la vista el potencial de alza que tiene el mercado bursátil mexicano.

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El último elemento fundamental que se requiere para materializar el escenario planteado se refiere al incremento de la liquidez en los mercados internacionales. Desde la crisis del rublo ruso en septiembre de 1998, la pérdida de riqueza y el incremento en la percepción de riesgo de los mercados emergentes (entre ellos México), ha limitado los flujos a estos mercados, afectando negativamente su desempeño en los últimos meses. En la medida en que los mercados mundiales consoliden su recuperación, dejando atrás las secuelas de la crisis rusa, los flujos regresarán buscando oportunidades en los mercados emergentes, dentro de los cuales México goza de una situación privilegiada.

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No todo son buenas noticias. A pesar de nuestro optimismo con respecto al mercado accionario mexicano, no podemos dejar de ver los riesgos que prevalecerán para el próximo año. A nuestro juicio, los elementos de riesgo más importantes son dos: el deterioro en la aparente salud de la economía de EU y la aparición de eventos negativos relacionados con el proceso de transición política que vive México. Ninguno de los dos factores debe subestimarse.

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Si bien los indicadores más recientes muestran una desaceleración de la economía estadounidense –lo que ha tranquilizado a los inversionistas respecto de la necesidad de que la Reserva Federal de este país tenga que instrumentar nuevas alzas en las tasas de interés–, prevemos que los indicadores que a ese respecto se publiquen durante diciembre y enero serán determinantes para el desempeño de los mercados en ese país y en México. De materializarse el tan esperado soft landing (aterrizaje suave) en EU, las perspectivas para México se mantendrán favorables.

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En cuanto al escenario político, los inversionistas prefieren un régimen democrático, sin embargo, no les gustan las sorpresas. Por ello, desde su punto de vista, la contundente victoria de Francisco Labastida en la elección primaria del PRI y la aceptación del resultado por parte de su contrincante Roberto Madrazo, redujeron sensiblemente la percepción de riesgo político en México. Sin embargo, las elecciones están todavía a más de seis meses de distancia. Y dado que el factor de riesgo político es el más difícil de incorporar en las expectativas de los inversionistas, el desempeño de los mercados financieros mexicanos, en especial el mercado bursátil, estará influido por eventos políticos que puedan percibirse como riesgosos, tanto para el proceso de transición política como para la continuidad del proyecto económico en los próximos años.

El autor es Economista en Jefe de Santander Investmen Mëxico.
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