Se acabó la inmobilidad

Aunque parezca que no pasa nada, el país empieza a encontrar los cauces para el cambio. Falta que ?

Como en los viejos tiempos, en México ya se desató la fiebre por pensar en la sucesión presidencial, y eso que este sexenio apenas va en la mitad. Las primeras señales las han dado los periódicos. El año es político, claro, porque el gobierno de Fox está esperando las elecciones federales para saber si podrá contar con mayoría en el Congreso y, de esa forma, empujar gran parte de las reformas que prometió o que el sector privado le está demandando.

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Mientras la Presidencia aguarda el resultado de los comicios, las fuerzas de la sociedad se reacomodan. Los diarios son un síntoma. En la mayoría de los grandes rotativos nacionales se está registrando una revolución, callada en algunos casos, escandalosa en otros, que revela que en ciertos círculos de la sociedad se empieza a dar una pelea por acercarse a la opinión pública con las armas de los medios de comunicación. Basta con notar que alguien, no se entiende muy bien por qué, acaba de pagar $1,500 millones de pesos para comprar Excélsior, un periódico que hace mucho que empezó a perder lustre, lectores y anunciantes. ¿En verdad era necesario erogar tanto dinero por el nombre del impreso y algunos bienes raíces? ¿Qué significa que un grupo de empresarios con una sola cabeza visible, Miguel Aldana, quiera comprar un medio de comunicación tan caro? En el artículo de portada de esta edición, Aldana da apenas unas primeras respuestas a las interrogantes que surgen por la adquisición. ¿Qué quiere hacer con un diario que alguna vez, hace mucho, fue el más prestigiado de México? ¿Sabe que el gobierno ya no está tan dispuesto a apoyar con “gasto publicitario” a los medios de comunicación que lo favorecen? Poco después de que se anunciara la compra de Excélsior, otro rotativo, Novedades (y su versión en inglés, The News), informó que cerraba sus puertas, en gran parte porque la ciudad de México ya no tiene tantos anunciantes para tantas publicaciones.

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Y mientras ocurre esto, en El Universal –otro diario de larga trayectoria– se anuncia la renuncia de su director editorial, Ramón Alberto Garza, un ex directivo de Reforma quien se supone entendía el lenguaje de la población joven con más vocación democrática. Expertos en buscar la noticia, los periódicos no son siempre los mejores para hablar de lo que les sucede a sí mismos. En El Universal todos comentan, todos especulan, pero nadie contesta oficialmente la pregunta de por qué se da el cambio de directivo, a tan pocos meses del nombramiento. Garza, quien contribuyó a fundar el exitoso Reforma y salía de una no muy afortunada incursión en Televisa, entró al rotativo con el propósito de rejuvenecerlo y volverlo más significativo para los lectores de la nueva generación. En  seis meses apenas alcanzó a cambiar el diseño y a reforzar el equipo editorial con una serie de periodistas jóvenes y bien preparados. Con su silencio hasta ahora, el presidente del diario ha permitido que se especule que no estaba muy de acuerdo con la cercanía de Garza a ciertos sectores del gobierno de Fox.

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Por si fueran pocos estos cambios, un empresario del Estado de México –supuestamente cercano al gobernador de esa entidad– compró unomásuno, otro periódico que, como Excélsior, hace mucho que había dejado sus años de gloria. ¿Para qué sirven los viejos nombres? ¿Es esto el síntoma de un cambio o del regreso de la vieja clase política? Mientras se conoce el desenlace de la historia, en este número se registra el inicio de la revuelta.

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–Los editores

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