Semilla ganadora

Un grupo de inversionistas descubre en Nayarit una ocasión casi de oro... Ahora necesita paciencia
Marina Delaunay

Héctor Bonilla es un emprendedor empedernido con un MBA en Stanford que, en sus tiempos libres de consultor, diseña negocios impensables. Javier Díaz Calvo, ex boy scout, es un apasionado de los bosques, como buen ingeniero forestal con una maestría en ciencias de la forestación y gestión de ecosistema.

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Se conocieron hace tres años y formaron la dupla perfecta. Uno se encarga de reunir y convencer inversionistas para incluirlos en un  negocio a largo plazo que les ofrece 24% de retorno. Otro de cuidar y fortalecer la gallina de los huevos de oro: 310 hectáreas de teca (tectona grandis), la madera más cotizada del mundo y la única en su tipo en México, que otorgará al final del ciclo $ 198,000 dólares de ingresos netos por hectárea. “Nuestros hijos estarán agradecidos”, admite Bonilla.

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La teca se utiliza en embarcaciones, pisos de albercas y muebles para exteriores, ya que es la única especie conocida resistente al agua. Al llegar a los 25 años, la edad de mayor rentabilidad de esta variedad, cada árbol puede valer cerca de $ 1,000 dólares y hasta $2,000 dólares en forma de tablones.

-La oportunidad es muy seductora. Pero no cualquiera tiene respaldo financiero para esperar 10 años, cuando se recupera la inversión, y otros 15, cuando el proyecto aporte utilidades. Pese a eso, Bonilla creó la empresa Proteak y logró reunir a 20 inversionistas de México, España, Argentina y Colombia que aportaron en total $1 millón de dólares para plantar 300,000 árboles de la especie tropical en la primera etapa. En 2005 preveen tener 1,000 hectáreas con 1.2 millones de árboles.

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Todo bajo control
Usualmente las inversiones en sembradíos suelen relacionarse con el azar y las bondades de la naturaleza. Pero este negocio se parece más a un proyecto de laboratorio, con todos sus riesgos previstos, que a un plan de forestación. Tecnología satelital GPS (Global Position Service), tablas probabilísticas e inversores con MBA bajo el brazo hacen de Proteak una empresa curiosa.

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La idea de plantar teca surgió al comenzar el milenio. Bonilla encargó varios estudios de mercado, viajó a Costa Rica –el país de la teca en Latinoamérica– consiguió el asesoramiento de Luis Ugalde, un costarricense reconocido internacionalmente como uno de los mejores especialistas en la materia, y expuso su plan a todas las críticas posibles para hacerlo el más creíble. “Es a prueba de hackers de negocios”, asegura Harish Dadoo, dueño de la consultora en fusiones y compras de empresas Dadoo & Asociados y miembro del Consejo de Administración de Proteak.

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Desde un principio “sabíamos qué queríamos plantar antes de comprar un rancho, conocíamos el mejor y el peor escenario de este negocio y teníamos el dinero para esperar la cuarta parte de nuestras vidas; sólo faltaba decidir dónde”, cuenta Bonilla.

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El lugar para sembrar la especie fue elegido meticulosamente y finalmente Nayarit pasó la prueba entre otros cuatro estados (Quintana Roo, Campeche, Veracruz y Jalisco). “Cumple con las condiciones climáticas, está a 50 metros sobre el nivel del mar, el costo de la tierra es razonable y las condiciones político-sociales son sencillas”, describe el entrevistado.

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La compañía ganó un concurso para obtener subsidios federales a través del Programa para el Desarrollo de Plantaciones Forestales Comerciales (Prodeplan). Fueron elegidos entre 250 proyectos, de los cuales ganaron 80, pero sólo la mitad recibirá subsidios. Proteak recibirá $900 dólares por hectárea en los próximos cinco años.

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Cerca de 80% de las semillas que usa la organización son certificadas en Costa Rica y el resto son de origen mexicano, tratadas 10 días antes para poder sembrarlas. El reto de la plantación comienza en el vivero, donde ya están listos 50,000 arbolitos para sembrar antes de que termine la temporada de lluvia.

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Además de ser una de las maderas más rentables, la teca no sufre enfermedades letales, es resistente a plagas y se adapta a climas que combinan lluvias monsónicas –lluvias fuertes en un corto plazo– y sequías extremas. “El clima de Nayarit cumple con estas condiciones a la perfección”, resalta Díaz Calvo. A diferencia de muchos proyectos, luego de dos años de riego artificial y cuidado intensivo, los árboles pueden crecer solos con las lluvias de la zona.

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Es más, el riesgo más grave de Proteak no es el clima ni la falta de inversionistas, sino los precios de mercado. “Aún así estamos tranquilos: el precio de la teca viene subiendo desde hace varios años, es la madera más cara y es como tener oro: nunca será mal negocio”, señala Bonilla. Debido a que es difícil adivinar cuáles serán los precios en el año 2026, la empresa incorporó el riesgo al modelo financiero. Los inversionistas saben que pueden tener tres escenarios distintos: en el peor de los casos recibirán 17% de retorno; en el mejor 32% y en un caso intermedio tendrán 24%.

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Un businessman en medio de la selva
A Bonilla le apasiona la adrenalina y aunque nunca había manejado un negocio en medio de árboles, lagartijas y mosquitos, Proteak tiene el atractivo del Marlboro man, tal como él lo describe. Pero no a todos les gusta eso. Otros prefieren monitorear la empresa desde una laptop en una oficina quién sabe dónde. Menos de la mitad de los 20 inversionistas –la mayoría altos ejecutivos de grandes corporaciones– conoce el sembradío en vivo y en directo; Bonilla les envía un reporte mensual con las fotos del Alphatree, el primer árbol del proyecto plantado en julio del año pasado.

-También Proteak tiene sus sesiones de Consejo de Administración como cualquier compañía, aunque los miembros se encuentren a cientos de kilómetros entre sí. “Teníamos que resolver la compra de un terreno: Héctor nos llamó desde Nayarit, yo estaba abajo del circuito interior corriendo por mi vuelo a Londres, otro de los consejeros estaba en España y otro en Monterrey; al final decidimos el asunto en segundos”, relata Dadoo.

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Aunque el ciclo completo termina a los 25 años, los inversionistas pueden desarrollar líneas de negocios para acortar este proceso. La primera es vender de manera anticipada su paquete de acciones. Con los precios de la teca en alza y, dependiendo de en qué momento la vendan, seguramente obtendrán un beneficio sobre la cifra que pagaron inicialmente.

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Otra alternativa es procesar la madera de los cortes de mantenimiento. “Obligatoriamente debemos segar la tercera parte de los árboles cada cuatro años para hacer lugar al resto; imagínate que llegan a 37 centímetros de diámetro y 25 metros de altura”, describe Díaz Calvo. El metro cúbico de madera cortada vale cerca de $ 1,000 dólares, cifra que se duplica si se vende en tablones.

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Quizá la vía más rentable por su valor agregado sea la venta de muebles, de pisos –cuyo valor duplica y triplica a los de maderas tradicionales– y hasta de aceite de teca, que se extrae de las hojas para uso en carpinterías. Esto requiere de un aserradero y por consiguiente el logro de economías de escala en la plantación.

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Los directivos de Proteak evalúan todos los caminos. Incluso ya fabricaron algunos muebles con árboles de unos seis años comprados a pequeños productores de la zona. “Aun con teca joven nos dio muy buenos resultados y permitió darnos una idea de la calidad de nuestra madera dentro de cinco años”, señala Bonilla.

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El reto mayor vendrá en la segunda ronda de financiamiento que el entrevistado prevé cerrar en noviembre con $ 800,000 dólares en las arcas de la firma. Con esa suma se iniciará la segunda etapa del negocio, más agresiva que la primera y más cerca aún del año 25 del proyecto. Para algunos puede ser mucho tiempo... pero ¿a quién no le gustaría ser el hijo predilecto de Bonilla y compañía para cobrar semejante herencia?

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