Serra Puche: &#34Yo tomé mi responsabil

A siete años de la crisis del peso el ex secretario de Hacienda y Comercio responde: &#34Yo tomé m

Los atentados terroristas del 11 de septiembre aumentaron el pesimismo sobre el futuro de la economía mundial. ¿A qué tipo de crisis nos enfrentamos?
-Ese día presenta dos fenómenos económicos distintos: uno de corto plazo sobre el que están trabajando algunos gobiernos y que implica inyectarle dinamismo a la demanda agregada mediante gasto, especialmente a sectores afectados. Pero hay un asunto más profundo: el comportamiento de los agentes económicos, de los procesos de producción y del consumidor va a cambiar. Si no nos posicionamos correctamente frente a esos cambios que vendrán, nos enfrentaremos a una crisis estructural porque no estaremos caminando en el sentido de la economía mundial. Por ejemplo, habrá reasignación de recursos hacia sectores como telecomunicaciones o comercio electrónico, que son temas en los que México se ha rezagado. El país enfrentará una menor crisis si se adelanta a esta reasignación de recursos; si no lo hace, entonces las dificultades pueden ser más serias.

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¿Ve una recesión prolongada de la economía estadounidense?
-Es muy temprano para opinar sobre su duración. Creo que es más profunda de lo que creíamos o de lo que se dice. Más que recesión veo un cambio de asignación de recursos o de sectores.

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Este entorno, ¿plantea amenazas a la estabilidad macroeconómica de México?
-Creo que el manejo monetario y fiscal del actual gobierno es garantía de estabilidad. Siento que hay un cambio estructural a partir de la introducción de un tipo de cambio flotante, de una política monetaria con un banco autónomo y de una política fiscal responsable. Esto da mayor estabilidad.

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¿Qué aspectos de la política fiscal mexicana le preocupan desde la perspectiva de la competitividad?
-En este momento hay un debate sobre el tema. De cualquier manera hay parámetros muy claros que no podemos ignorar como es la reforma fiscal americana. Preocupan factores de competitividad fiscal como el nivel de tasas de impuesto sobre la renta, el tratamiento de deducción inmediata de la inversión y la consolidación fiscal de las inversiones. En renta porque hubo un ajuste de tasas en Estados Unidos que es nuestro principal socio comercial, en depreciación porque es un instrumento de incentivo a la inversión que resuelve otras distorsiones en el sistema fiscal que la inhiben, y en consolidación porque el mercado mexicano requiere economías de escala y de especialización.

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La diversificación de mercados de exportación e inversión aparece como un paliativo en situaciones como la actual. ¿Es realista caminar en este rumbo?
-Este es un tema de la mayor importancia. En mi opinión hay dos factores claves: el primero es tener acceso preferencial a otros mercados distintos al americano y creo que eso se ha logrado con los acuerdos comerciales con Europa. El segundo es que las exportaciones que México hace cumplen con las reglas de origen de América del Norte, pero no es fácil pasar automáticamente a otros mercados, porque los productos actuales no cumplen necesariamente con las reglas de origen del tratado con Europa. La manera en que se puede hacer más versátil al exportador mexicano es aumentando el contenido de insumos. Si no exportamos productos con mayor contenido nacional la diversificación de mercados será mucho más complicada.

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Usted se opuso a la instrumentación de una política industrial. ¿Ha modificado o matizado su postura?
-No es que en el pasado me haya opuesto. Aunque quedó la imagen de que yo decía que la mejor política industrial era la que no existía. No creo que México deba habilitar una política industrial en la que se elijan ganadores y perdedores; es decir, de incentivos o de subsidios selectos a ciertos sectores. Yo estoy a favor de políticas modernas que den protección a la propiedad intelectual, que desregulen y hagan más competitivo al industrial, que disminuyan los costos, que no lo expongan a la competencia desleal. Es una discusión que debe salir del "cliché" y entrar al detalle. Obviamente estoy de acuerdo con políticas industriales de promoción, de crédito y de apoyo para que haya una mayor proveeduría mexicana por cada peso exportado.

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¿Está hoy México en ese camino?
-Los pronunciamientos del gobierno van en esa dirección. No he visto aún medidas concretas, pero me parece que sí está planteado el tema.

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Usted negoció el tema azucarero en el TLC, una industria que está en crisis. ¿Se cedió el azúcar para salvar el Tratado?
-Hay que definir en este tema dos partes: una de sustancia y otra de procedimiento. Ha quedado la impresión que fueron cartas paralelas que no se consultaron; no es el caso. Se trata de procedimientos de entendimiento que son muy comunes en todos los tratados de libre comercio. Lo que da lugar técnicamente a esas cartas es una realidad: que la fructuosa es un sustituto perfecto del azúcar. En la fórmula original no estaba reconocida la presencia de la fructuosa en la definición de los excedentes de exportación, ello llevó varios meses de discusión entre la industria y los gobiernos de ambos países y se consultó explícitamente con el sector azucarero mexicano. Además, se le informó cabal y detalladamente al Senado como aparece en el diario de debates de ese organismo. Pasando a la sustancia del tema: los problemas estructurales de la industria azucarera del país no empezaron ni se acabaron con el Tratado, son problemas mucho más serios. No estoy al tanto del detalle de la problemática hoy en día, pero conozco su historia que tiene que ver con el precio de la caña, con el decreto cañero, con el contrato ley, con la existencia de ingenios que no son productivos; es un asunto muy complejo. Querer ligar el cien por ciento de la problemática al TLC es injusto, pero además es equivocar el diagnóstico, porque la solución a la industria azucarera no es sólo encontrar acceso al mercado americano. Es un problema de competitividad hacia adelante, pues cuando se produzca en cantidades industriales fructuosa mexicana, ésta irá sustituyendo al azúcar. Es un asunto mucho más profundo que las reglas del Tratado.

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¿Que otros factores están aniquilando la industria azucarera nacional?
-Hay problemas de competitividad, del costo de la caña que no hace competitiva al azúcar en el resto del mundo; hay dificultades serias de fábrica, de un contrato colectivo muy rígido, de cuestiones industriales y tecnológicos no resueltas. Es decir, es un conjunto de factores. Asociarlo al TLC es políticamente lo más fácil, pero analíticamente es equivocar el diagnóstico y puede llevar a soluciones que no sean duraderas en el tiempo.

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¿La expropiación de los ingenios, es un paliativo o una solución?
-No sé si era el único mecanismo que tenía el gobierno. Seguramente optaron por ésta pensando que era la menos mala. No conozco el detalle como para emitir un juicio de si fue o no la mejor solución.

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¿La expropiación le parece un conflicto para solucionar un problema de esta naturaleza?
-Tiene un riesgo: existe un problema de señal hacia los mercados que puede ser costoso.

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Existe el riesgo de una nueva oleada de proteccionismo en el mundo. ¿Qué acciones pueden instrumentarse para enfrentar esta tendencia?
-Una medida concreta es la modernización a fondo de las aduanas que minimicen los costos de transacción. Por ejemplo, explorar el mecanismo de aduanas que existe entre Estados Unidos y Canadá para habilitarlo en México. Además hay dos amenazas de proteccionismo a partir del debate globalifóbico. Hay un riesgo real de que bajo el paraguas ambientalista o de los estándares laborales se comiencen a generar nuevos instrumentos proteccionistas. El país debe oponerse sistemáticamente a la utilización de sanciones comerciales para enfrentar estos temas. Se debe impulsar mucho más la cooperación y colaboración en estos dos casos.

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En su calidad de negociador experimentado, ¿en dónde se siente como pez en el agua: negociando para empresas privadas o para el gobierno mexicano?
-Negociando para compañías particulares. Ya acabé mi carrera pública. Fue una época, no tengo ningún interés en volver a tener ese tipo de experiencia. Hoy me siento mucho más cómodo asesorando a firmas privadas.

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Se han dado muchas explicaciones sobre los eventos económicos de diciembre de 1994. ¿Qué tiene que decir como uno de los protagonistas de aquellos eventos?
-Que se tiene que entender que se trataba de decisiones con márgenes muy estrechos en donde las opciones no eran múltiples. Segundo, que no se trata de decisiones individuales, sino colectivas. Y tercero, que hay que ubicar que esto se dio en el contexto de globalización de mercados de capitales que indujeron reacciones muy repentinas. Yo tomé mi responsabilidad en mi carta de renuncia. Se publicó y se dio a conocer. No conozco muchos más que lo hayan hecho.

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¿Está de acuerdo con las explicaciones que han dado algunos ex funcionarios?
-Tratar de ubicar que la crisis se dio en un solo evento y en una sola decisión es absolutamente incorrecto. Fue una acumulación histórica de desequilibrios por razones múltiples, económicas y políticas, que redujo el margen de acción dramáticamente. Tratar de simplificarlo todo en una sola determinación, en un solo evento, me parece absurdo. Hay una explicación del presidente Zedillo en uno de sus informes en esa línea y yo estoy de acuerdo con esa interpretación.

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¿Es éste un capítulo que debe cerrarse o dejarse abierto?
-Creo que hay un aprendizaje muy importante: que la flotación es el mejor régimen cambiario.

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¿Alguna lección personal de estos eventos a siete años de distancia?
-Muchas. Me costaría mucho identificar una sola.

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¿Cuáles serían sus prioridades económicas en una agenda de políticas públicas para 2002?
-La agenda de la competitividad. Este es un tema de detalle, de un conjunto de medidas que van desde cosas tan importantes como la reforma eléctrica hasta precisiones como los derechos de paso en ferrocarriles. Todas ellas son medidas que el país requiere urgentemente.

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