Servicio por caridad

Desde Estados Unidos a Chile los meseros no perciben sueldo y viven de las propinas que les dejan lo
Joaquín Fernández

Imagínate que tu jefe te convoca a su despacho para comunicarte que han cambiado las políticas salariales de la empresa. A partir de ahora, te dice, dejarás de percibir un sueldo fijo, se te acabaron las prestaciones y todo el dinero que recibas se basará en lo que los clientes consideren bueno dejarte. “No te preocupes, que los clientes están avisados y te dejarán un pequeño extra. Seguro que al final terminarás ganando más de lo que ganas ahora”, te dice sonriente.

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Si consideramos eso injusto, ¿por qué creemos que es normal aplicarlo al personal de servicio en los restaurantes? Desde Estados Unidos a Chile los meseros no perciben sueldo y viven de las propinas que les dejan los clientes. El esquema está tan ampliamente arraigado y aceptado que nadie se plantea lo que en realidad estamos haciendo: negando el derecho a que una persona perciba un sueldo digno por un trabajo fijo que desempeña. En su lugar, todos hemos aceptado que viven de nuestra limosna, rebautizada como propina forzosa que nos hemos acostumbrado a devengar.

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En la Unión Europea, los meseros perciben por ley un sueldo fijo que les garantiza un nivel básico de bienestar. Las propinas son un complemento que el cliente deja sólo cuando se considera muy bien servido, es decir, un incentivo parecido al de un empleado de empresa que recibe una remuneración extra atada a una mejora en la productividad.

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Habrá quien quiera comparar el trabajo del mesero al de un vendedor en una empresa, cuyo sueldo está vinculado a las comisiones que obtiene por cada venta. Pero la diferencia es que el mesero no tiene posibilidad de salir de su trabajo a buscar más clientes. Está comprometido en forma fija a su puesto y hay poco que dependa de él para ampliar el negocio. Si el jefe no elabora una campaña efectiva de mercadotecnia para atraer consumidores, él pasa de 10 a 15 horas sentado sin recibir nada a cambio.

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Además, el esquema de la propina forzosa sirve para que los dueños de restaurantes eludan su responsabilidad como empresarios. De esta forma no tienen que hacerse cargo de cotizar para el personal que emplean en su negocio y pueden declarar menos a Hacienda de lo que realmente perciben.

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En Europa los restauranteros devengan un sueldo y cotizan a la seguridad social por los empleados y los precios de las comidas; además de ser exactos: no son más altos. Es verdad que muchos de los que viajan de México a Europa se quejan de que el servicio deja en muchos casos bastante que desear comparado con el recibido en la tierra del nopal, pero convendría que nos planteáramos si preferimos lidiar con mozos menos amables pero tratados con dignidad en lugar de contribuir a un esquema injusto que propicia el servilismo bajo la amenaza de quedarse sin remuneración.

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En un país tan plagado de injusticias como es México parece casi un capricho preocuparse por un esquema que al fin y al cabo sí sirve para que la gente sobreviva. Pero mientras no apreciemos la dignidad que denegamos a muchas personas con nuestras acciones cotidianas, es difícil que entendamos a las que están mucho más lejos de nuestra realidad.

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