Shell lubrica a las embotelladoras

Nacida hace casi nueve décadas de la fusión de la Royal Dutch Petroleum Company y Shell Transport
Arantzatzú Rizo

En 1907, cuando Pablo Picasso pintaba Les Demoiselles de Avignon y cambiaba definitivamente hacia el cubismo, nació una de las célebres “siete hermanas”: Shell, al fusionarse una compañía de perforación y refinación con una de transportación y comercialización. Pero no todo en la historia de esta firma guarda sincronía con hechos tan glamorosos como los del mundo del arte. También existe la política. Casi 30 años después, y lejos de los deprimidos mercados de arte europeos, el entonces presidente Lázaro Cárdenas, “vestido de claro, con corbata verde, se presentó en el Salón Embajadores de Palacio Nacional, para resolver los problemas que se suscitaban con motivo de la expropiación de los intereses petroleros”, según lo refiere Salvador Novo, en su libro - La vida en México durante el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas.

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Durante muchos años este hecho pareció haber cortado de tajo con los deseos de las “siete hermanas” por participar en el desarrollo de la industria petroquímica en México. Pero las cosas cambian. Hoy, a casi 60 años de aquella escena, las necesidades y circunstancias del país son otras, y Shell ha comenzado la instalación en Altamira, Tamaulipas, de una planta productora de resina PET (politereftalato de etileno) para la fabricación de botellas de plástico.

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No obstante, la presencia en el país de este consorcio ya tiene sus años. Durante las décadas de los 50 y 60, cuando el negocio petrolero estuvo dominado por aquel septeto de compañías (Exxon, Mobil, Texaco, Chevron, Gulf y British Petroleum, además de Shell), la firma cuyo emblema es una concha decidió que México sería un buen mercado para agroquímicos e insecticidas domésticos. Shell, que ha obtenido jugosas ganancias durante sus 42 años de estancia en el país (gracias, principalmente, a una planta que desde 1983 produce lubricantes), ha decidido invertir $100 millones de dólares para la construcción de la nueva planta de PET.

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Amasiato con Altamira
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Para Joaquín Moreno Uribe, presidente de Shell México, el nacional es un mercado “fuerte y creciente, con rápida expansión en el consumo de refrescos y bebidas”. El desarrollo de este sector dependerá del “comportamiento general de la economía del país”, aunque en este rubro también pueden influir las predicciones que hacen los economistas mexicanos.

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Actualmente, según las tres empresas que ya fabrican el PET en México (Celanese Mexicana, Eastman y Kimex) la demanda nacional de la resina asciende a 120,000 toneladas anuales. Sin embargo, Shell estima que dicha demanda es 50% mayor (180,000 toneladas). Si a esta cifra se le agregan las casi 65,000 toneladas de PET que van al mercado de exportación, resulta que la producción total de resina en México excede a la demanda en 12,000 toneladas que ni Shell ni los actuales productores saben a dónde van a parar.

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Según Moreno, la demanda nacional de PET crece a un ritmo anual de 25%, por lo que a finales de 1997, cuando la planta opere a toda su capacidad, Shell ya tendrá asegurado su mercado.

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La nueva planta, que se ubicará dentro del complejo petroquímico, producirá alrededor de 90,000 toneladas anuales de PET, lo que representará ventas cercanas a $200 millones de dólares al año. Con ello, Shell pretende coquetearle a un mercado casi virgen, atendido actualmente por un número relativamente bajo de plantas, dadas las necesidades del mercado.

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Además, dicha fábrica será de gran utilidad, tanto para los productores de envases y botellas de plástico como para los de empaques, y podría provocarle dolores de cabeza a los competidores, si es que éstos no deciden lo contrario.

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Para Moreno, las operaciones de la nueva planta estarán orientadas al mercado local, “sin descuidar las exportaciones”. Calificado como un proyecto a largo plazo por el ejecutivo, la firma conocida en el mercado nacional por sus lubricantes, tiene confianza en que la economía mexicana, así como la industria petroquímica, aun con sus altibajos, ofrezcan más oportunidades para el desarrollo de tecnología y la producción de esta resina.

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Uno de los beneficios que Shell consideró al instalarse en Altamira fue la presencia cercana de los principales proveedores de la materia prima para PET: Alfa y Pemex, entre otros.

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Filas de la exportación
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“El mercado de PET en México —comenta Moreno— crece muy por encima de otros y hasta el momento ha estado liberado por los principales fabricantes de refrescos, como las colas. El mercado de bebidas gaseosas es muy grande.” De acuerdo con Moreno, el uso de PET ha penetrado bien en el país y está reemplazando a materiales tradicionales como el vidrio. Por ello, prevé que muy pronto gran parte del mercado optará por la resina de poliéster grado botella.

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Sin embargo, no todo en la estrategia de Shell está determinado por la demanda interna. Aun cuando la inversión en esta planta está orientada principalmente a satisfacer la creciente demanda del mercado doméstico, el ejecutivo asegura que “buscaremos penetrar en las filas de la exportación. El objetivo es exportar de 10 a 30% de la producción total, aunque en las primeras etapas haya un porcentaje mayor”. Shell localiza su área de influencia lógica para la exportación en Estados Unidos, Brasil y el resto de América Latina.

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Siendo la planta de Altamira apenas la quinta que en este rubro instala la firma anglo-holandesa en el mundo, Moreno argumentó que se eligió a Tamaulipas porque cuenta con la infraestructura necesaria. La localización cercana al servicio marítimo incrementa la posibilidad de exportar.

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El terreno donde se ubicará la planta es propiedad de Alfa y suma un área de 30,000 metros cuadrados. Los contratos de construcción fueron adjudicados al consorcio Bufete Industrial y la edificación de la planta fue financiada principalmente por Shell.

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A pesar de los considerables montos de inversión, durante la primera etapa de operaciones este complejo dará trabajo únicamente a 100 personas. De este total, Moreno señala que hasta 10% será mano de obra extranjera “para la asimilación de la tecnología. Dicho número tendrá que reducirse en etapas subsecuentes”.

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La construcción de la planta estará dividida en dos partes. Durante el presente 1996 se hará la fabricación de equipos y la obra civil y para finales de 1997 se terminará la obra civil y se iniciarán operaciones.

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Durante el año pasado, en México, Shell tuvo ventas directas e indirectas del orden de $100 millones de dólares en lubricantes y petroquímicos. Esta cifra representa, aún con la crisis, un crecimiento con respecto al año anterior de 20%. “Hemos reducido 25% los costos a través de la reingeniería de procesos, para que la oferta comercial sea más competitiva”, dice Moreno. Esta es una de las estrategias que la firma piensa seguir instrumentando después de superado el golpe económico de 1995.

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Respecto de la privatización de la petroquímica, de manera muy parca Moreno comentó que Shell estaría interesada en participar, principalmente en la adquisición de dos de las -petroquímicas de Pemex: Cangrejera y Morelos.

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Finalmente, como en cualquier proceso de fabricación, el cuello de botella que a mediano plazo puede desarrollarse es el aspecto de la reutilización y reciclaje del plástico, si bien podría decirse que este tema cae más dentro de la responsabilidad de los fabricantes de botellas y contenedores que en el ámbito de los fabricantes de resina, como sería el caso de Shell. No obstante, Moreno asegura que el PET es “totalmente” reciclable, aunque este proceso requiere de infraestructura especializada, misma que aún no existe en México. Moreno confía en que ésta “se tendrá que ir instalando”.

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Organismos ambientalistas parecieran coincidir con el ejecutivo. Fernando Bejarano, de Greenpeace, señala que a esta organización no le preocupa tanto el PET, pues no es una sustancia tóxica. En cambio, los esfuerzos de los activistas se concentran más en “el PVC, resina más contaminante, pues contiene cloro”, dijo el vocero de Greenpeace.

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De acuerdo con el presidente de Shell México, la firma que él representa está capacitándose en reciclaje lo más rápido posible, para apoyar a la industria. “Este es un tema que debe importar tanto a los fabricantes de los envases como a los de la resina.” El interés es genuino: con poca cultura ambientalista y sin medios industriales que faciliten la disposición adecuada de productos elaborados a partir del PET, a mediano o largo plazo el futuro de esta industria podría no ser tan promisorio.

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