Si <i>Lula</i> pudo...

¿Qué posibilidades reales tiene el político más visible de la izquierda mexicana?

Uno al sur, el otro al norte. Pero los dos enarbolan la misma fórmula electoral (“pobres, justicia social y redistribución del ingreso”). Luiz Inácio Lula da Silva y Andrés Manuel López Obrador están aprendiendo las artes de seducir a dos electorados conflictivos: los empresarios y los trabajadores y desamparados. Pero es la gestión del sudamericano la que millones de ojos seguirán, porque de su éxito o fracaso dependerá que el caso Brasil se esgrima como ejemplo de la centro-izquierda que pudo reducir la pobreza sin desestabilizar al mercado.

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Lula asumió este mes como Presidente de la segunda mayor economía de Latinoamérica y tiene en sus manos una prueba de malabarista: calmar a los inversionistas, pagar los vencimientos de la deuda y, al mismo tiempo, satisfacer a su electorado, que ha esperado décadas este momento. Pero, más allá de eso, ¿qué semejanza guarda con el gobernante capitalino? La mayoría de los analistas coincide en sus contextos: una población descreída del neoliberalismo económico y ávida de soluciones urgentes a problemas estructurales, y una nueva izquierda que, matizando, en ocasiones se acerca al centro ideológico.

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Si la gestión del brasileño impacta en la centro-izquierda latinoamericana, será en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) donde quizá mejor se vea. “Es la alternativa partidaria que más se acerca y en ella López Obrador representa la corriente más vital, con algunas innovaciones”, asevera Blanca Heredia, profesora investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE). El PRD no lo admite, pero algunos de sus miembros izan la bandera de la lulamanía. En octubre, carteles con la imagen del nuevo mandatario del cono sur y el logotipo del grupo del sol azteca asomaron en un acto partidario del Estado de México.

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Si la centro-izquierda progresa, López Obrador tendrá un contendiente difícil dentro de su partido, Cuauhtémoc Cárdenas, el fundador del PRD, a quien muchos señalan como candidato presidencial para 2006 –aunque él se excluye– y tiene una estrecha relación personal con Lula, de la que carece el regente capitalino. Pero también podrían sumar puntos a su favor la edad de Cárdenas (68 años) y la menor exposición pública del resto de los posibles candidatos.

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Como el brasileño, López Obrador ha buscado moderarse en su campaña. Con el proyecto de reconstrucción del Centro histórico, se acercó al sector privado y atenuó su postura contra el capitalismo. Contrariando su discurso antigringo, llamó al ex alcalde de Nueva York, el conservador de derecha Rudolph Giuliani, para resolver la inseguridad de la ciudad. Un tiempo antes contuvo sus ataques flamígeros al gobierno nacional.

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Muchos consideran que la moderación de Andrés Manuel no tiene la solidez ideológica que ha demostrado Lula desde sus inicios en la lucha sindical y en su militancia en el Partido de los Trabajadores (PT) de su país. Más allá de eso, el sudamericano será un termómetro de lo que el tabasqueño deberá conservar o despojar. “Si quiere competir por la Presidencia, deberá abandonar políticas asistencialistas o presentarlas, como hizo Lula, más innovadoras y menos atadas al populismo”, explica Guillermo Rosas, del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

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Es posible que el mexicano aplique los recursos utilizados por Lula para quedarse con más de 60% del electorado. “Cuando necesite apelar a votantes de centro-derecha y sectores medios en general no dudará en despojarse de lo que él presume como esencia de su bagaje  ideológico”, agrega el académico.

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El caso brasileño alerta sobre los dos grandes retos que el político mexicano enfrentará en 2006. “Debe vencer al verdadero Lula mexicano [Cárdenas] y trasladar aspectos de la disciplina, la organización y el liderazgo claro que tiene el PT –asevera Alejandro Poiré, jefe del departamento de Ciencias Políticas del ITAM–. La interrogante es si es capaz de obtener la candidatura en caso de que el fundador del PRD la buscara: eso le haría mucho más difícil la moderación política que ha buscado en el último tiempo.” Y más aún si existe un candidato del PRI que abandere esas ideas. Más obstáculos para moverse al centro sin arriesgar la fidelidad de sus propios votantes.

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De todos modos, ambos personajes y toda la izquierda latinoamericana tienen deudas pendientes. “Es una izquierda contestataria,  no de construcción como la europea; y el PRD sobre todo representa una izquierda decimonónica”, dice Agustín Llamas, profesor de entorno político y social en el IPADE.

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Ya lo decía uno de los representantes de la socialdemocracia europea: “Se ganan elecciones por la izquierda y se gobierna por la derecha.” Habrá que ver si la izquierda regional hace un buen coctel entre ambas o queda entrampada en la disyuntiva.

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