Sistema de salud <br>Hospitales al quir?

Sí, los servicios de salud necesitan cirugía. Mientras se debate cómo y hacia dónde debe ir la r

Después de tres intervenciones quirúrgicas en la columna vertebral y varias semanas internado en uno de los hospitales privados más prestigiados de la ciudad de México, el señor De Almanza fue trasladado a un hospital público. A raíz de una conversación con amigos, casualmente el hijo de De Almanza entró en contacto con un destacado ortopedista mexicano, reconocido internacionalmente y parte del equipo de médicos del hospital al que habían llevado a su padre. Dos semanas después, como resultado de una cuarta y riesgosa operación, De Almanza logró caminar nuevamente.

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Han pasado más de 15 meses de eso y los bolsillos de la familia no han podido recuperarse. Siguen sin explicarse cómo es que el gasto de $200,000 pesos en un hospital resultó inútil cuando en otro, con menos de $3,000 pesos, hicieron posible que De Almanza volviera a caminar.

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Jesús García, administrador de una editorial, inició hace algunos meses una infatigable búsqueda de un neurólogo, considerando precios y capacidades, que operara el tumor que le habían descubierto a su esposa en la cabeza. En los hospitales ABC, Ángeles y Mocel el costo de la operación rebasaba los $60,000 pesos —cuatro meses de sueldo de García—. Con dos hijos era imposible desembolsar esa cantidad. Finalmente, para su fortuna, su esposa fue operada exitosamente en el Instituto Nacional de la Nutrición, y la semana de hospitalización no rebasó ni un mes de su salario.

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Las anécdotas son muchas, al igual que los mitos y las medias verdades en torno a la eficiencia de las instituciones de salud a disposición de los mexicanos. Lo cierto es que la medicina privada se ha convertido prácticamente en un accesorio de lujo, en tanto que los hospitales públicos empiezan a ver en sus pasillos pacientes de ingreso medio y medio alto que antes, ni de broma, hubiesen pensado en acudir a ellos.

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Entre 1981 y 1991, de acuerdo con datos de la Fundación Mexicana para la Salud (Funsalud), el índice general de precios al consumidor aumentó 172 veces, en tanto que los precios de los servicios de salud se incrementaron 215 veces; una consulta médica privada es nueve veces más cara que una en alguno de los hospitales públicos; visitar por primera vez a un especialista privado cuesta arriba de $250 pesos, mientras que en el Hospital General por el mismo servicio hay que pagar $23 pesos.

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El cuadro clínico
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“Los avances de la tecnología aplicados a la medicina han encarecido los costos de los servicios médicos”, dice el doctor Pelayo Vilar Puig, presidente de la Academia Nacional de Medicina, aunque también menciona otros factores, como la explosión demográfica, la longevidad de los hombres, la especialización médica y la creciente cobertura de los servicios de salud. Por lo demás, los usuarios son los que tienen que pagar las grandes inversiones de la industria farmacéutica, el creciente consumo de productos médicos de desecho y la falta de una cultura médica preventiva, no obstante que, explica, “es más caro curar que -educar”. “Las enfermedades cardiovasculares —ejemplifica— se están convirtiendo en las principales causas de muerte en México, y esto podría evitarse educando a la población a tener mejores hábitos de vida y alimentación y a hacer ejercicio.”

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Los padecimientos de la población así como las instituciones de salud en México viven una transformación, señala el doctor Julio Frenk, de Funsalud. “Estamos pasando de un perfil en el que predominaban la desnutrición y las infecciones comunes a otro en el que van en aumento las enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, y las crónico degenerativas, como los cánceres. Han crecido enormemente las lesiones accidentales y las producidas con violencia.”

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Respecto al nivel de salud, que está en relación directa con el ingreso per cápita de los habitantes, en México el gran reto lo constituye el hecho de que todavía se padecen enfermedades del subdesarrollo, opina Frenk.

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Pero también cuenta el presupuesto público que se destina a la salud pública, en torno al cual los especialistas critican la manera en que se organiza y financia la medicina pública. La propia Secretaría de Salud reconoce que, a mayor marginación, menor es el gasto público en salud: los cinco estados más pobres tienen el doble de mortalidad infantil que las cinco entidades más ricas. La mortandad de los adultos en Oaxaca, por ejemplo, es comparable a la de la India, mientras que en Nuevo León es comparable a la de naciones europeas, según datos de Funsalud.

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“Después de 50 años de haber sido creado, hay que readecuar el sistema de salud a las nuevas condiciones económicas y sociales del país, y hay que superar obstáculos como la falta de equidad, la mala calidad de los servicios y la ineficiencia. Pero es importante que la población no pierda de vista que se trata de un servicio público que muchas veces evita que las familias incurran en lo que nosotros llamamos ‘gastos catastróficos’, en los cuales la familia tiene que vender todo para pagar algún imprevisto médico atendido en la medicina privada. No tengo la menor duda de que la salud pública en México es de las más baratas del mundo”, afirma Guillermo Soberón, ex secretario de Salud y actual presidente de Funsalud. “Son 50 años de medicina pública muy mal pagada, tanto a los médicos como a las enfermeras, pero que han hecho caminar a la salud en este país”, dice a su vez Vilar.

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Hospitales sin jeringas
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El año pasado llamó la atención de la opinión pública un importante movimiento de médicos residentes de hospitales públicos cuya demanda principal era el abasto de medicamentos. La doctora Teresa -Ramírez, especialista en dermatología, participante en aquel movimiento y actual médico residente en el Hospital General, opina que “el abandono en que se encuentran los hospitales del sistema de salud se debe, sobre todo, a la falta de recursos, si bien muchas veces el personal de las instituciones se aprovecha de esta situación para no hacer bien las cosas. El Hospital General es uno de los más importantes del país y ahí nos llega gente de toda la república, por eso es increíble que no haya el material más elemental como sueros, jeringas, aspirinas o gasas. Los familiares de los pacientes no nos creen cuando les pedimos que sean ellos -quienes nos traigan ese material básico para sus pacientes”.

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El desabasto no es privativo de este hospital, sino que prácticamente todos los que pertenecen al sector oficial enfrentan la falta de medicamentos. Un análisis reciente de la Comisión de Salud de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal señala que el impacto que la crisis económica ha tenido en el costo de los medicamentos ha generado una disminución en el abastecimiento de los insumos, cuya asignación y distribución es ya de por sí ineficiente.

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La situación llevó a Ramón De La Fuente, secretario de Salud, a anunciar el Plan Integral de Abasto de Medicamentos para garantizar en los hospitales un cuadro básico actualizado, moderno y acorde con las necesidades de los pacientes.

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“El sistema de salud tiene retrasos y serios rezagos”, señala el empresario Pablo Escandón Cusi, miembro del -Consejo Consultivo de Funsalud y cabeza de Grupo Nadro. Como ejemplo, señala la estructura de los Institutos de Seguridad Social, que presenta enormes ineficiencias que le están costando mucho dinero al gobierno. El abasto de medicamentos se realiza a través de mecanismos obsoletos e ineficaces. “El resultado es que anualmente se tiran miles de medicinas que no se distribuyeron a tiempo ni adecuadamente, ya que al estar almacenadas durante años perdieron su vigencia.”

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Ineficiencia y mala calidad en los servicios son cuellos de botella en el sector. Desde la óptica de Funsalud, aun cuando los recursos para la atención se han multiplicado no hay mejoría en el servicio ni en la cobertura del mismo. Según un análisis de costo-efectividad realizado por la fundación, un paquete de servicios esenciales de salud con cobertura universal, que reduciría el peso de la enfermedad en México, le costaría al gobierno federal $11,000 millones de pesos anuales, o $132 pesos por persona, que podrían provenir de una mayor asignación presupuestal o de eficiencia en el uso de los recursos.

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“Cuando se habla de la mala calidad de los servicios médicos públicos —hace notar Ramírez—, inmediatamente se piensa en los médicos. Los pacientes no entienden que nosotros tenemos la obligación de atender adecuadamente a los pacientes, que son nuestro mejor libro; sin embargo, suelen llegar a exigir más de lo que nosotros podemos hacer por ellos. Tampoco se dan cuenta de que muchas de las veces, al ingresar a un hospital público, están en manos de médicos excelentes que les cobran $20 pesos por consulta, aunque solamente les dediquen 15 ó 20 minutos a cada uno dada la enorme demanda del servicio.”

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Con un salario mensual menor a $800 pesos, sin recursos y cubriendo guardias de 24 horas, no es mucho lo que los médicos del sector salud pueden hacer.

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Reformar no es privatizar
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El rezago en el que se encuentra el sistema de salud en México ha obligado a las autoridades a replantearse todo el esquema de operación de la medicina pública, a fin de convertirla en un servicio eficiente, descentralizado, moderno y acorde con las demandas de la población.

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El Programa de Reforma del Sector Salud 1995-2000 establece que, además de resolver los problemas actuales, se sentarán las bases de una reorganización que a mediano plazo permita hacer un uso óptimo de la infraestructura disponible, introducir incentivos y ejercer con la mayor eficiencia posible el gasto federal asignado.

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Escandón dice que estas reformas no significan privatizar, pues no hablan de una transmisión de los bienes del sector público al privado, sino que buscan el apoyo de la oferta de la iniciativa privada para utilizar su infraestructura, sus servicios de logística y su tecnología.

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Soberón, por su parte, sugiere que las empresas participen “en una acción que vaya más allá del mecenazgo, que contribuya en la aplicación eficiente de recursos y programas técnicamente fundamentados.” La responsabilidad social de las empresas “no implica necesariamente el abandono de una -racionalidad económica”, aclara.

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La tendencia mundial es borrar la diferencia entre salud pública y salud privada. Y no es que vayan a desaparecer unos u otros, sino que, simplemente, va a haber una diferencia entre los sistemas de salud buenos y malos, competitivos o ineficientes.

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Julio Frenk explica que en México esa diferencia entre lo público y lo privado aún es muy marcada, pero que poco a poco se va a ir diluyendo. “Ambos sectores son muy heterogéneos. Entre las instituciones públicas hay una gran diferencia, dependiendo del estado de la república en donde se ubiquen; pero esa heterogeneidad también está en los hospitales privados. En las grandes ciudades hay un puñado de -hospitales de muy alta calidad que podrían competir internacionalmente, pero también hay una dispersión preocupante. Cerca de 85% de los hospitales privados cuentan con menos de 15 camas. Estos no pueden considerarse hospitales”.

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Frenk propone crear sistemas que realmente promuevan la competencia e, incluso, que el hospital público sea empujado a competir. “Solamente así se van a borrar las diferencias entre medicina privada y pública. Y si compiten hospitales públicos y privados solamente se quedarán los más eficientes, los más competitivos. ése es el gran reto para el sistema de salud”.

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La salud es uno de los sectores más prósperos de las economías. Es fuente importante de empleo, demanda -insumos y, sobre todo, es motor clave para la innovación tecnológica.

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El doctor José Luis Zeballos, representante en México de la Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que la motivación fundamental por la que la mayoría de los países han implementado reformas a la salud es que, con el paso del tiempo, los modelos tradicionales de atención médica asistencial dejaron de funcionar. “El tiempo ha demostrado que las necesidades aumentan y el sector salud no está siguiendo a los -procesos de modernización tecnológica, ni los cambios económicos y sociales que se están dando en el mundo. Los tradicionales sistemas de salud no están ya a la altura de la globalización ni de los nuevos modelos económicos que se enfrentan mundialmente”.

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Zeballos ve en la reforma a la salud en México grandes oportunidades para la iniciativa empresarial. “En el momento en que se busca optimizar y volver más eficientes los servicios de salud, se está abriendo la oportunidad de un mercado muy interesante para los empresarios. Es la posibilidad de establecer u ofrecer servicios de salud de diferente grado de complejidad a precios muy atractivos y redituables para el inversionista. En América Latina hay fuertes grupos económicos, sobre todo en Chile, Brasil y Bolivia, que empiezan a explorar ese terreno. Pero el ejemplo más ilustrativo, a juicio de Zeballos, es el de Gran Bretaña. El sis­tema británico —que se financia por la vía de impuestos generales— optó por introducir cierto grado de competencia para manejar más -eficientemente los recursos, responder mejor a la demanda de los usuarios y abaratar los costos. Transformó los hospitales estatales en hospitales-fideicomiso y creó la figura de “médicos generales titulares del control presupuestal”, que son los responsables del manejo de los fondos para cubrir todo el aspecto médico del hospital.

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Frenk asegura que la salud es un sector cada vez más importante en la economía, como ocurre en las naciones industrializadas. “Se calcula que en Estados Unidos, en promedio, cada automóvil que se fabrica lleva implicados $700 dólares de gastos médicos de obreros, ejecutivos y jubilados, en tanto que en Japón son $200 dólares. Esa cifra es, en parte, la culpable de la pérdida de competitividad de la industria automotriz estadounidense” y se debe, agrega, a que el sistema de salud de ese país está “pésimamente” organizado.

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Estimaciones de Funsalud señalan que en México se gasta cerca de 6% del PIB en salud, que traducido a dólares de 1994, antes de la devaluación, suman unos $20,000 millones de dólares. “La cifra no es nada despreciable y la experiencia internacional nos muestra que, según como se invierta o se gaste ese dinero, la inversión en salud tiene efectos positivos o negativos en la economía. Esta es la principal razón por la que los empresarios deben interesarse por invertir en la salud, que no es otra cosa que invertir en capital humano”, dice Frenk.

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Pero la pregunta persiste: ¿qué tratamiento requieren los servicios de salud para -hacerlos más eficientes?

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Hay quienes consideran urgente la inversión privada en el sector, pero también hay quienes afirman que lo que se necesita es que el usuario aprenda a exigir calidad cuando recibe el servicio.

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