Somos irracionales

El psicólogo que ganó el Nobel confirma: la economía es una ciencia menos exacta de lo que se sup
Joaquín Fernández

Resulta muy grato ver que este año uno de los dos ganadores del Premio Nobel de Economía no es economista ni matemático. Daniel Kahneman es psicólogo de la Universidad de Princeton y son sus estudios sobre el comportamiento de los consumidores e inversionistas los que le han llevado a obtener el máximo galardón en una ciencia que, hasta hace poco, creía encontrar todas sus verdades en el frío poder de los números y las motivaciones calculadas.

-

Debido a que la psicología explora el juicio humano y su percepción de bienestar, muestra elementos importantes acerca de cómo nuestros actos difieren de las conjeturas tradicionales de los economistas. Hasta ahora, para prever la oferta y la demanda de un producto o servicio se había dictado que el hombre actuaba de forma racional en sus decisiones de inversión y consumo, guiado por el interés propio en la maximización de ganancias, y que el conjunto de esas elecciones redundaría casi siempre en un resultado positivo para el mercado, y en consecuencia, para la población.

-

El análisis económico clásico está basado en una combinación de herramientas poderosas: individualismo metodológico, formulación matemática de presupuestos, análisis lógico de las conclusiones y demostraciones empíricas de análisis. Estos métodos habían descartado los estudios psicológicos por considerarlos demasiado particularizados para integrarlos en teorías generales de comportamiento. Sin embargo, en los últimos 30 años, los investigadores han identificado y cuantificado patrones de conducta generalizados que demuestran que no siempre actuamos por interés personal ni tomamos la decisión más racional, y menos aún, la que provee mayor bienestar general.

-

Kahneman forma parte de un grupo de psicólogos que ha dedicado su vida a demostrar que los humanos no siempre nos guiamos por la decisión más conveniente para encarar el riesgo, y que esos errores de juicio repetidos pueden ser predichos y categorizados. Así, se ha descubierto que las personas experimentan una aversión mucho mayor a la pérdida de lo que se sienten estimuladas por una ganancia, algo que ayuda a entender mejor el desempeño de los mercados accionarios. Supongamos, por ejemplo, que un inversionista compra una acción a $30 dólares y luego ésta se aprecia a $50. Si el título se estima sobrevaluado, lo venderá. Pero si lo hubiera comprado a $70 y luego se devalúa a $50, tenderá a conservarla, a pesar de que siga estando por encima de su valor.

-

Todo esto ahora se mide y, tomado en conjunto, desvía la efectividad de las políticas económicas de una manera mucho más significativa de lo que en un principio se quiso creer. Con este Premio Nobel, la economía reconoce formalmente la necesidad de incorporar la irracionalidad como una parte esencial de sus modelos. Lo curioso es que, aun cuando seamos más irracionales, eso no nos convierte en menos previsibles; si bien, eso sí, nos vuelve más complicados. ¡Quién hubiera pensado que la economía se volvería sentimental!

Newsletter
Ahora ve
Las posibilidades de un juicio político para Donald Trump
No te pierdas