Suecia<br>No es perfecta, más se acerca

Este país no suele ser objetivo de negocios para las empresas mexicanas. Craso error. Desde hace un

“Este es un país socialista”, suelen decir los suecos con ironía cuando definen su gobierno. Saben que la palabra “socialismo” es un término fuerte para Occidente. Inevitablemente trae resonancias de la Guerra Fría o monumentos a Lenin. Hay algo de cierto y de inexacto en llamar así a Suecia. No hay Marx, ni Engels, ni siquiera atisbos de propaganda. Sin embargo, es la coalición social demócrata la que gobierna ese país y son, en buena medida… digamos, “socialistas”; pese a que el 90% de la economía esté en manos de empresas privadas y no del Estado. Eso sí: la población goza de servicios de educación, salud, seguridad social e infraestructura totalmente gratuitos, que ya quisieran muchos países más capitalistas.

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Definir el gobierno de Suecia es aún más complicado si se toma en cuenta que, oficialmente, es una monarquía constitucional. Y “monarquía” es otra palabra que nos trae referencias absolutistas, por no decir medievales. Sin embargo, es sabido que esa nación jamás se ha comportado como los socialistas rojinegros y ciertamente su monarquía es apenas simbólica e infinitamente más discreta que la británica.

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Un mundo feliz
Independientemente de la forma de gobierno, un vistazo somero a la forma y nivel de vida en Suecia trae a la mente otra palabra inquietante: “utopía”. Admitamos que etimológicamente no tiene sentido, pues en griego significa “sin-lugar”, pero el significado ha derivado a “mundo perfecto” y es el que interesa. Queda claro que ese país está muy lejos de ser así; sin embargo, se acerca a ello desde la única perspectiva posible que nos ofrece México: la caótica.

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Sin embargo, Suecia enfrenta problemas –al igual que todas las sociedades modernas–: una notable escalada en los índices de criminalidad; un panorama incierto para su hasta hoy generosísimo sistema de pensiones para la tercera edad, la maternidad y el desempleo y un paulatino envejecimiento de la población, entre otros. A esto, hay que sumar los ajustes que impone su pertenencia a la Unión Europea (UE) y la incorporación de una población inmigrante que lastra los beneficios del sistema. Esto nos permite, pues, dejar la palabra utopía por la paz: nada es perfecto.

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Los teléfonos de mi general
Cada vez que Francisco Villa colgaba a sus adversarios de los postes de teléfono, las líneas quedaban interrumpidas. La situación era ya insostenible para las dos agrupaciones que operaban el servicio telefónico del México de entonces. Una de ellas, Ericsson –firma sueca que desde 1904 había comenzado a tender sus cables por toda la república– decidió negociar con el líder revolucionario. Así, un representante de la empresa logró pactar con el centauro del norte el respeto a su cableado; cosa que no logró su competencia, La Mexicana (Compañía Mexicana de Telefonía y Telegrafía), cuyos postes siguieron utilizados por el general como estandarte. Esta vieja anécdota, que los ejecutivos de Ericsson relatan gustosos –incluso en Suecia–, da cuenta de la antigüedad de las relaciones comerciales entre México y ese país, así como de la capacidad de negociación de los suecos.

-Desde hace siglos, la nación nórdica desarrolló una fuerte vocación para las ciencias y la ingeniería, como demuestran los estudios de Anders Celsius (1701-1744), quien inventó la escala centígrada para la temperatura; de Alfred Nobel (1833-1896), creador de la dinamita (y póstumamente, inspiración de los afamados premios del mismo nombre); inventos como la consola telefónica, creación de Lars Magnus Ericsson (1846-1926); y más recientemente, la creación de los cerillos, del zipper, del envase tetra pak o los teléfonos celulares.

-“Nuestro mercado es muy pequeño –dice al respecto Rutger Engsäll, vicepresidente senior de la Red Sueca de Tecnología Medioambiental del Consejo de Comercio Sueco–. Tanto que desde hace muchos años nos vimos obligados a exportar a otros países.” El relativo aislamiento geopolítico, así como la escasa población obligó a las organizaciones suecas a salir de las fronteras para vender sus novedosos productos. Así, al paso de las décadas, llegarían a México empresas como: Ericsson, Sandvik, SKF, ASEA (hoy ABB) Atlas Copco, Electrolux, Tetra Pak, Alfa Laval, Scania y Volvo, entre otras.

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Importar para competir
Los países fomentan las exportaciones mientras que las importaciones procuran mantenerlas al margen. La filosofía sueca va un poco más lejos: “El gobierno tiene un fondo destinado para apoyar las importaciones –afirma Borje Risinggard, director del Consejo de Importación de la Federación de Comercio Sueca–. Con las compras al extranjero obligamos a las empresas suecas a mejorar. Esto es porque creemos en la competencia. Queremos que haya más importaciones mexicanas a este país.”

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Pese a los apoyos económicos, Víctor Sánchez, primer secretario del embajador de México en Suecia, define a la balanza comercial entre ambas naciones como deficitaria: “Desafortunadamente no es como la balanza que pudiera tener México con otros países, por ejemplo los de Latinoamérica –afirma–. Pero consideramos que podemos encontrar áreas muy importantes de desarrollo. Amparados en el TLC, encontramos que hay beneficios para los productos mexicanos que están entrando con un gravamen muy atractivo para los suecos.”

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Las áreas de oportunidad a las que se refiere Víctor Sánchez, de la embajada de Suecia son:
     1. Industria agropecuaria “Afortunadamente muchos de los limones y del aguacate que se encuentran en el mercado sueco son traídos desde México”, comenta Sánchez. Y en efecto: la comida escandinava se ha visto enriquecida por el gusto tropical de las frutas. 
     2. Industria textil Con especial énfasis en los tejidos artesanales, hay un marcado interés por parte de los productores suecos de atraer hilados mexicanos para ropa. 
     3. Insumos para muebles Sánchez asegura tener tratos “con la famosa empresa IKEA, que se dedica a fabricar muebles ‘buenos, bonitos y baratos’; y la idea es que productores mexicanos del ramo se pongan en contacto con esta firma sueca para abastecerla.”

-Dos áreas más de mucho potencial ya están plenamente explotadas por los empresarios mexicanos: 
     A. Bebidas alcohólicas Los suecos tienen fama de grandes bebedores. Y eso que en la actualidad beben cinco veces más que hace un siglo. No sorprende su interés hacia el tequila o la cerveza mexicanos. Este rubro es uno de los principales del comercio bilateral. 
     B. Artesanías Un mercado consolidado en Suecia. Hay tiendas especializadas en trabajos latinoamericanos y especialmente mexicanos. Destacan también la platería y las obras en ámbar.

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El carácter sueco
Hipótesis 1: determinación
El grado de civilización del pueblo sueco despierta la curiosidad del observador. ¿Qué llevó a esta nación de vikingos a ser la sociedad ultratecnificada que es ahora? La respuesta no parece encontrarse en la historia de esta nación. Quizá la primer pista la dé el clima.

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En Suecia está de moda la música afroantillana, especialmente la salsa, ritmo que puede resultar incongruente en ese clima subpolar. Sin embargo, se explica como una nostalgia del verano. Nina Ersman, directora de la Jefatura de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia, define la personalidad de su gente: “En Suecia estábamos obligados a trabajar todos o nos moríamos de hambre en el invierno –explica–. El carácter sueco, ‘determinado’, es una mezcla de instinto de supervivencia y puritanismo luterano que se convierte en vocación por el trabajo y por hallar las soluciones más prácticas.”

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Rutger Engsäll complementa la idea: “Cuando trabajamos no perdemos la concentración, es nuestra manera de ser. Hacemos una cosa, luego otra, luego otra; casi nunca dos a la vez; pero siempre tenemos nuestros objetivos muy claros.”

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Esa orden logra que las empresas perduren, no extravíen sus objetivos, se desarrollen al máximo en su nicho, por muy específico que sea. Eso explica la existencia de compañías como Tetra Pak, enfocadas al envase de líquidos comestibles; o Alfa Laval, dedicada al manejo de líquidos a nivel industrial; Teracom, líderes en filtración de señales de radio y televisión; o Q-Matic, dedicada a la “logística de la espera” en filas y salas de recepción.

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Hipótesis 2: holística
Beber agua del río en Estocolmo, e incluso de una fuente, no es nada fuera de este mundo. La limpieza es parte de la cultura sueca. “Hace 40 años empezó una fuerte concientización para cuidar el agua. La pregunta no es ¿qué hacemos?, sino ¿qué no hacemos? La respuesta es: no contaminamos”, señala Tuommas Rinne, director en México de Kemwater, el mayor proveedor de químicos para el tratamiento de aguas en Europa.

-Esta conciencia holística respecto al medio ambiente es característica de la mentalidad sueca. Por regla general no suelen tomar una decisión sin antes haber previsto la afectación que tendrá en el entorno. Hace varios años un estudio demostró que la sustancia para blanquear el papel era altamente tóxica. Siendo la industria sueca del papel una de las más fuertes, el ingrediente era insustituible. El asunto llegó a la conciencia pública y por televisión se anunció que el mismo elemento tóxico que blanquea el papel también blanquea los filtros de las cafeteras. Los suecos son grandes consumidores de esta bebida y les pareció repugnante la idea de que se colara con papel envenenado. Los filtros blancos se cambiaron; pronto una compañía sueca patentó un proceso de blanqueo que no es tóxico y hoy es el estándar mundial.

-La tecnología para hacer una industria ecológica es un nuevo nicho de mercado y Suecia lo está dominando. Actualmente, en coparticipación con el gobierno Chino, un conglomerado de firmas intenta vender a la ciudad de México un proyecto de urbanización conocido como La ciudad sustentable. Este concepto reúne una serie de tecnologías diversas que van desde la urbanización y el transporte al tratamiento de aguas residuales o la educación social de los habitantes.

-En México ya se dio el primer paso, dice Tuommas Rinne. “Las leyes son más estrictas para que las industrias traten su agua, ya no se aceptan mordidas; las empresas buscan mejorar su agua como una manera de ahorrar, reciclándola, y de ser competitivas, pues si eres proveedor de una corporación global más te vale no contaminar.”

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Hipótesis 3: conocimiento
Una fábrica sueca tradicionalmente tiene pocos obreros. Pero éstos manejan complejos robots capaces de hacer el trabajo de 100 personas. Esto se debe a los altos salarios que reciben los trabajadores en ese país y también comporta un asunto de mentalidad: mientras las empresas de otras naciones buscan acumular poder o capital, las suecas prefieren acumular conocimiento y tecnología –que pueden traducirse en poder y capital–.

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La industria del conocimiento en aquel país determina buena parte de su alto nivel de vida. Esto no impide que esté sujeta a los vaivenes del mercado. Debido a la recesión mundial, Ericsson ha debido despedir a cerca de 30,000 empleados únicamente en Suecia. Aducen que su tecnología es tan avanzada que las telefónicas se resisten a renovar sus equipos por el costo que implicaría. Pero tienen fe en el futuro. Y uno lo entiende si mira el primer modelo de teléfono celular de principios de los 80: una mochila impráctica y pesada. Nadie podría imaginar que de ahí derivarían los modernos y compactos móviles que portamos hoy día.

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Además, el conocimiento proviene de cualquier parte. Tore Bäckström, vicepresidente senior de Volvo Bus Corporation, lo obtiene de nuestro país: “En Suecia deberíamos seguir el ejemplo de México –declara–. Al menos en el ramo de los autobuses. Las operadoras mexicanas desarrollaron desde hace unos 10 años el concepto de autobús de lujo que Suecia debería conocer. Los viajes en Suecia siempre son incómodos: el tren es una lata y el avión, aunque sea primera clase, es molesto por las medidas de seguridad. ¿Qué hacen en México? Crean un autobús de primera que compite exitosamente con el avión en distancias cortas. Eso deberíamos hacer aquí.”

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Por último Bengt Ståhl, director de Marketing en Teracom, agrega su visión a la hipótesis sobre el conocimiento: “Sí, las empresas suecas acumulamos conocimiento; pero de nada sirve acumularlo, pues tiene que renovarse constantemente. Y eso hacemos.”

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Hipótesis 4: lagom
Los suecos dicen que hay una palabra que los define y no tiene traducción en ningún idioma: lagom, (se pronuncia “logom”). María Hörnell, encargada de asuntos culturales y prensa de la Embajada de Suecia en México la traduce como “adecuado”; pero admite que tiene más implicaciones: lagom significa lo preciso, lo “ni más ni menos”, lo equitativo, lo mesurado, lo completo, lo delimitado, lo bien hecho, lo bastante. El pueblo sueco es lagom. Suecia es lagom en sus instituciones y su organización. La mentalidad sueca es lagom.

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La fábrica Scania en Södertälje es un ejemplo: pese a producir camiones de 60 toneladas, reina el silencio. “Es que hacemos todo lo posible para evitar el estrés –comenta Patrik Rask, encargado de visitas y eventos–. Demasiada tensión es poca productividad.” En esa planta se antoja laborar… y más cuando se constata el salario mensual de los trabajadores: “Aquí el obrero menos calificado gana 13,000 coronas (cerca de 14,000 pesos); pero llegan a ganar hasta 24,000 coronas (26,000 pesos).”

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El sueco es tan lagom que se ha vuelto motivo de humoristas, que hacen mofa de la excesiva devoción por lo adecuado. Al mismo tiempo, ocasiona críticas. Carl Otto Rydner, presidente de la Cámara de Comercio sueco–mexicana, se queja: “Pues sí, eso del lagom… pero justamente por eso no hacemos más negocios con México. El empresario sueco lo piensa tanto que pierde muchas oportunidades. Eso pasó con Volvo: hace años debieron haber abierto su fábrica aquí, y ahora que lo hacen están felices, pero apenas. Es ese lagom: si no es lagom no deciden.”

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