Suspensión de pagos. El costo de una fa

De la infinidad de solicitudes de quiebra y suspensión de pagos que llegan día a día a los juzgad
Eduardo Huerta

Al ver las oficinas de los Juzgados Primero y Tercero de lo Concursal del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal abarrotadas con solicitudes de quiebra o de suspensión de pagos de empresas al borde del precipicio financiero, lo primero que el observador quisiera saber es quién o quienes son los responsables de esta situación.

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Diversas ideas vienen de inmediato a la mente: una economía sostenida gracias al flujo de volátiles recursos externos y de capitales especulativos, un casi inexistente ahorro interno, el asesinato de un candidato presidencial y un horizonte político revuelto, apertura comercial indiscriminada, inversionistas nerviosos, sobreendeudamiento bancario y un "pequeño error de cálculo" en diciembre de 1994... Todos estos factores conjuntados quizá sean la causa. No podría olvidarse la responsabilidad individual con que cargan los hombres de negocios que honestamente creyeron en el modelo económico anterior, además de uno que otro empresario improvisado y crédulo que se dejó llevar por las promesas vertidas.

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Pero lo cierto es que de la infinidad de solicitudes de quiebras y suspensión de pagos que llegan día a día a los juzgados en el país -hasta agosto se habían acumulado 500 juicios-, todas tienen por común denominador la crisis que vive México.

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La raíz. No se piense, sin embargo, que esta moratoria empresarial que ha cundido como epidemia durante los 10 primeros meses de 1995 es producto de la casualidad. Antes, es el resultado de un proceso degenerativo del sistema económico desde los últimos siete años. Es un hecho que el mal llamado "milagro mexicano", promocionado con bombo y platillo durante la administración pasada, financió el déficit en cuenta corriente con recursos externos, con la venta de activos gubernamentales, además de que alentó la llegada de capitales golondrinos y castigó a la inversión productiva. Después de llevar a cuestas este programa económico, la planta productiva novio la calma después de la tormenta. Fernando Clavijo, socio de Analítica Consultores, sostiene que, al recibir la resaca de la recesión estadounidense en 1993, la política fiscal mexicana se endureció para levantar a la economía.

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Sin embargo, dice el economista que en este contexto la banca mexicana, reanimada gracias a los créditos gestionados por el Banco de México (Banxico), se sobre endeudó y prestó a diestra y siniestra a cualquier persona que tocara alas puertas de sus sucursales. "Si medías más de 1.2 metros de estatura, se te prestaba", comenta.

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Mientras se reactivaba la economía con fines políticos, los bancos y los agentes económicos recibían cheques en blanco. Al parecer, nadie se dio cuenta del peligro que se estaba creando, afirma, pues ya desde entonces el mercado interno estaba contrayéndose.

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"Los banqueros debieron saber que un negocio no puede crecer al -25% real durante varios años, sin problemas y sin que a nadie le pase nada." Para el consultor, el sobreendeudamiento de los agentes económicos se dio por una competencia desmesurada de las instituciones para encontrar a clientes que accedieran a sus créditos, aunque supieran que el mercado interno estaba decreciendo. "La consigna era prestar a quien se dejara."

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Con las promesas de un crecimiento sostenido y una inflación que no rebasara los niveles de un dígito, el agua sin embargo seguía corriendo bajo el puente. Banxico prestaba, la banca canalizaba los recursos y los empresarios se endeudaban, en espera de un mejor horizonte.

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Si algo puso al descubierto el fatal error de diciembre fue el grave problema que significaba esa cartera vencida que venía arrastrando la banca comercial. Durante 1995, la bomba estalló y se alcanzaron tasas de interés del 100% anual, junto con una profunda recesión.

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Bajo las nuevas condiciones, una de las cosas que con mayor rapidez se manifestó fue la asignación defectuosa del crédito a las empresas por parte de la banca. Así, éstas se vieron acorraladas en un callejón sin salida.

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Sin importar tamaño o antigüedad y con el agua hasta las orejas, muchas compañías comenzaron a analizar las salidas de orden legal para evitar la extinción de sus negocios.

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Empresas de gran tradición y liderazgo, pero que no podían enfrentar la caída de la actividad económica y la contracción del poder adquisitivo de la población, buscaron cobijo en la Ley de Quiebras y Suspensión de Pagos.

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Víctimas o victimarios. Luego de conocer las posibles causas de la declaración de moratoria de las empresas, una pregunta obligada es la siguiente: aquellos que se inclinaron por la suspensión de pagos, ¿tuvieron una cándida confianza en la política económica, o fue el nerviosismo, la falta de pericia en los negocios, o la falta de cultura informativa?

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Clavijo prefiere poner en perspectiva el problema. Según él, la modernización de México requiere superar ciertas etapas; una de ellas es la desproporcionada credibilidad que se le da a ciertos eventos, declaraciones o rumores que campean en los ámbitos político, económico y social.

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Al referirse, por ejemplo, a las misivas cruzadas entre Emilio Chuayffet, titular de la Secretaría de Gobernación, y Manuel Camacho, puntualiza: "No es posible que las cartas de un ciudadano puedan poner nerviosos a los mercados financieros y a los agentes económicos del país."

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Lo que los empresarios deben entender es que "somos mucho más que un partido político o pugna internas".

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El excesivo nerviosismo, la volatilidad de los mercados y la falta de confianza fueron elementos importantes en la contracción económica del país. Tenemos la herencia mental de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) lo es todo y cualquier ruido en ese instituto político nos afecta. Pero debemos entender que el PRI no lo es todo y que el gobierno tampoco es toda la economía agrega.

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Futuro gris. No está de más apuntar que mientras llega la esperada recuperación, las más de 500 empresas declaradas en suspensión durante 1995 (en el sexenio salinista se declararon en suspensión de pagos menos de 500 empresas) tendrán que enfrentar tiempos más difíciles que los actuales.

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Si logran salir saneadas de sus juicios, deberán sortear las condiciones de una economía que "tocará fondo" en los próximos meses y esperar a que la demanda interna comience a recuperarse entre 1997 y 1998. Si no pasan la prueba, los costos serán altos y la economía nacional tendrá que pagar la factura.

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