Talento S.A.

La imaginación es un negocio sin fronteras, afirman los autores del libro Funky Business en su nuev
Jonas Ridderstråle y Kjell Nordström *

La película “Minority Report” de Steven Spielberg recaudó alrededor de $410 millones de dólares. La 20th Century Fox ganará con ella unos $21 millones de dólares. ¿Quién manda entonces en la industria cinematográfica, en la del entretenimiento y en cualquier otro sector? La economía (al igual que la empresa) es la ciencia de los recursos escasos. Sólo hay un Steven Spielberg.

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La combinación de los mercados de capitales desregulados con la globalización y la digitalización hacen también más eficaces otros mercados. El resultado es que el acceso a los recursos financieros ya no es tan difícil como solía ser. Hay abundancia de capital, aunque puede que esto no sea evidente para la mayor parte de las personas.

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Actualmente, el recurso más escaso no es la inversión, sino la imaginación.

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A saber: en 1998, CBS, Fox y ABC pagaron $12,800 millones de dólares por transmitir los partidos de la Liga Nacional de Futbol Americano hasta 2005. Ese mismo año, el equipo de Minnesota Vikings se vendió por $250 millones de dólares. De hecho, las tres cadenas podrían haber comprado a todos los equipos de la Liga y hubieran disfrutado de derechos de transmisión gratuitos. Pero no lo hicieron.

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Secuestrado por el talento
No hace mucho tiempo, el gran héroe era James Bond, luchaba contra los comunistas, hacía el amor con hermosas mujeres y remataba todo con un martini seco. De vez en cuando, salía para ver a Q, el científico arrogante que le proporcionaba automóviles insólitos y herramientas de alta tecnología para el espionaje. El Agente 007 sigue siendo el héroe en las pantallas cinematográficas, pero en el mundo real de la competencia, basado en ser competentes, el verdadero campeón es Q. Los fanáticos de la tecnología han acabado ganando.

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Los escépticos pueden decir que el poder del talento era un fenómeno de la nueva economía y que la guerra por éste se ha convertido ahora en la batalla de los que tienen talento. El éxito es una cuestión de cerebros más que de fuerza bruta, en cualquier sector. Por supuesto que la materia sigue siendo importante, pero menos.

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El capital intelectual es el recurso escaso. Recordemos que, en promedio, las mercancías valen ahora una quinta parte de lo que valían hace 150 años. La riqueza se crea con la sabiduría.

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Estudios realizados por el economista Jonathan Kendrick indican que la relación global entre recursos intangibles y tangibles ha cambiado de 30:70 a 63:37 durante los últimos 70 años. Los recursos más importantes de una empresa ya no se pueden tocar (al menos sin correr el riesgo de sufrir una denuncia por acoso sexual).

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La buena noticia es que nunca se puede ser demasiado inteligente. Todavía no hemos encontrado a ninguna empresa que haya ido a la bancarrota porque tuviese un exceso de talento. De hecho, otro estudio reciente afirma que sólo 7% de los directivos está totalmente de acuerdo con la afirmación “nuestra empresa tiene suficientes directivos con talento para perseguir todas o la mayor parte de sus prometedoras oportunidades”. El mismo estudio muestra también que 80% de estos empresarios pretende que, hacia 2010, atraer y retener a la gente será el problema estratégico número uno.

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Un giro imprevisto de este desarrollo es el hecho demográfico de que el pozo del talento empezará a disminuir, al menos en el mundo post industrializado: en la próxima década, el número de personas entre 35 y 44 años descenderá 15% en relación con la población total, tanto en Europa como en Estados Unidos.

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¿Conclusión? La mayor parte de las organizaciones serán tomadas como rehenes por un pequeño número de personas, esas pocas que hacen que las cosas ocurran realmente. Ésos que saben cómo utilizar sus fortalezas y arreglárselas con sus debilidades.

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Y encontramos a estos nómadas del conocimiento competente por todo el mapa: están en los deportes (imagine al equipo de futbol inglés Arsenal con o sin el jugador francés Thierry Henry); cuando los virus informáticos “Melissa” y “Love letter” originaron un caos en todo el mundo, ¿utilizó el FBI a sus propios expertos para capturar a los culpables? No, la oficina se vio obligada a contactar con un hacker escandinavo de 17 años. El talento tiene caras muy diferentes, se presenta en una variedad de modelos y formas.

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Los competentes son monopolios móviles. Permanecen en un sitio sólo mientras se les ofrezca algo que deseen. Cuando ya no lo tienen, se irán para trabajar con cualquier otro, en alguna otra parte, o para fundar empresas unipersonales: Yo, S.A.

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El mercado del talento no opera como los de las materias primas. Los individuos competentes son únicos y distintos. Los economistas describirían al mercado del talento incluso como imperfecto. El poder está ahora en proceso de ser transferido de los propietarios del capital financiero a quienes controlan el capital intelectual.

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En el nicho de los empleados de cuello dorado del mercado del trabajo, las firmas pueden acabar siendo tomadoras de precios, al verse forzadas a aceptar cualquier tipo de salario que les sugieran los hombres y mujeres de talento. Las organizaciones están a merced de quienes controlan el recurso más fundamental y escaso.

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Los efectos colaterales son obvios. Para las almas más desafortunadas (trabajadores que pueden considerarse como commodities con un conocimiento especial) la nueva realidad es un mundo de competencia asesina. Estos individuos venden un servicio no diferenciado, del cual hay abundancia, en un mercado global, en competencia con millones, quizá incluso con miles de millones de otros a empresas de alcance internacional. Y cada vez son más las personas afectadas por este fenómeno. Un ingeniero de India o China es tan bueno como otro de España o Alemania. Son libres para trabajar para empresas domésticas o extranjeras, en su país o, en el caso de los hindúes, también fuera. Estos ingenieros harán su trabajo por menos de $20,000 dólares al año.

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A quienes tienen, se les dará
La lista de organizaciones que se dan cuenta de que el poder pertenece ahora a (algunos de) sus empleados es cada vez mayor. Según el gurú europeo Charles Handy, hasta hace poco tiempo, 30% de las acciones de las empresas norteamericanas estaban comprometidas en opciones sobre acciones. En Microsoft, Bill Gates es dueño de 25% de la empresa y los empleados aproximadamente de 15%. Si el precio de las acciones se incrementa 10% anual, el capital de los accionistas empleados se incrementará en torno a los $7,000 millones de dólares. Si Microsoft tuviera que remunerar eso, sus beneficios se esfumarían. La relación entre el empleador y el empleado está cambiando de forma radical, como consecuencia de ello.

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Los hombres y mujeres de talento demandan participación en la propiedad cada vez en más organizaciones. Por supuesto que los accionistas empiezan a reaccionar, a llorar y gritar. Algunas veces consiguen parar tales esquemas de compensación, o al menos minimizar ‘el daño’, entregando una pequeña parte de la empresa. Pero, en un periodo de cinco o seis años, es probable que los empleados estrella pidan incluso más. ¿Qué dirán entonces los accionistas? ¿Qué pueden hacer?

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Robin Hood no está muerto. Sin embargo, esta vez no roba al rico para dar al pobre. Ahora, el dinero fluye directamente desde los inversionistas del capital hasta los bolsillos de quienes tienen el capital intelectual.

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Recordemos que estamos considerando a un grupo muy pequeño de personas altamente capacitadas. En el resto del mercado de trabajo, la competencia crece por minutos. Es también vital subrayar que estamos hablando de talento y no de títulos. Los competentes clave no son necesariamente altos ejecutivos. La última prueba de que la competencia hace bailar al capital no son los lujuriosos bonos salariales y los planes de opciones sobre acciones de los ejecutivos.

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No confundamos la glorificación de la ambición con el triunfo del talento. Con demasiada frecuencia, estos esquemas de compensación se diseñan de acuerdo a las líneas de una lógica jerárquica tradicional, recompensando a los jefes en lugar de a los cerebros. Los títulos y el talento no se solapan necesariamente. Tampoco hay un mercado para ejecutivos que funcione bien. Son muy pocas las personas a las que se evalúa de manera continua y, a veces, las evalúan personas que ya conocen.

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La llamada ambición de los ejecutivos es también consecuencia, en parte, de las cada vez más anónimas estructuras de gobierno corporativo, que son incapaces de equilibrar el sistema. Hay ahora cientos de millones de capitalistas anónimos, accionistas que nunca van a las juntas anuales, que nunca hacen oír su voz, instituciones financieras que no toman parte activa (o que no se les permite) en los consejos de las empresas en las que han invertido sus fondos de pensión y ahorro.
 
Auto selección y auto decepción
Las repercusiones de las nuevas oportunidades de las que disfrutan los candidatos a capital intelectual, pueden ser muchas y muy amplias. En primer lugar, la movilidad. Esperamos una gran redistribución de la gente privilegiada. A pesar de la muerte de la distancia, todos participamos en un Estado, pero ahora, algunos de nosotros podemos elegir. La riqueza y la capacidad pueden permitir entrar y salir.

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En 1970, 4.7% de la población de Estados Unidos había nacido fuera, pero 30 años más tarde, era 10.4%. El porcentaje de “sabios”, el número de hombres y mujeres que se fueron a Suecia con un Master en empresariales o en ciencias, ha alcanzado el mismo nivel que el porcentaje de la población total que dejó el país hace un siglo, cuando muchos emigraron a América.

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Estados Unidos no es el único polo de atracción. Algunos países utilizan el poder magnético del oro. En 1998, los líderes de Irán ofrecieron a científicos de la antigua Unión Soviética la posibilidad de investigar en sus laboratorios sobre la guerra química por un salario mensual de $5.000 dólares (más de lo que hubieran ganado en un año en Rusia).¿O ha oído hablar alguna vez de Saif Saeed Shaheen? En 2003 ganó para Qatar la primera medalla de oro que obtenía este país en los campeonatos mundiales de atletismo, en la especialidad de 3,000 metros con obstáculos. Lo insólito es que, dos meses antes, su nombre era Stephen Cherono y competía por su país nativo, Kenia.

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La nueva realidad es que algunos países son refugios para el talento. Pero por cada zona caliente para el talento, hay una tundra ártica a la que nadie quiere ir. Los ganadores importarán productores de conocimiento y exportarán productos debidos al conocimiento. Los perdedores harán lo contrario, si se lo pueden permitir. Claramente, estos procesos podrán tener un gran impacto sobre el crecimiento económico de todo el mundo. Puede que no haya un éxodo en masa de individuos capaces en la mayor parte de las naciones, pero los gobiernos y los expertos que afirman que el miedo a un drenaje de cerebros es exagerado, se engañan a sí mismos.

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Los primeros candidatos a irse son las personas más ambiciosas que viven en los lugares más abominables. Estados Unidos tiene ventajas sobre la mayoría de las otras partes del mundo en este juego de la atracción, porque se basan en una idea genuina. Hay una historia que contar y los ciudadanos estadounidenses son creyentes. La gente cree en la idea llamada Estados Unidos (y en Dios). Todos podemos ser estadounidenses si compramos la ideas. Hacerse japoneses, franceses o alemanes, países basados en la geografía más que en la biografía, lleva generaciones. Pero hacerse estadounidense sólo lleva años, quizá meses.

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La (r) evolución lleva tiempo
No experimentaremos el dominio del talento mañana. Lo que impide aún este desarrollo es la falta de transparencia interna de muchas organizaciones que hace difícil medir el rendimiento y la contribución individual. En ciertos sectores es más fácil de cuantificar el rendimiento de un ser humano. En el sector financiero, por ejemplo, los resultados de un broker se pueden evaluar con precisión y ya se ha producido el cambio al poder de los competentes claves.

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Lo que retrasa también el despegue es la incapacidad de los talentos para actuar colectivamente. Hasta los astros son más poderosos cuando se reúnen en constelaciones.

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Los competentes deben también comenzar a actuar. Por el momento sólo 1.5% de la fuerza de trabajo mundial labora fuera de su país y en la Unión Europea, la cifra sube a 2%. Si embargo, al final, el empleado humilde silencioso y leal de cuello dorado será una historia polvorienta.

* Capítulo perteneciente al libro Karaoke Capitalism. Editorial Pearson Educación.
Disponible en
www.gandhi.com.mx ($179 pesos).

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