Teatro infantil para adultos

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Ricardo Medina Macías

Las cosas que hay que ver en vísperas del nuevo -milenio. Si al Gordo Basurto le ha dado por escribir sus memorias, a Clotilde le nació la inspiración para escribir obras de teatro infantil dirigidas especialmente a un público adulto y morralero, según lo define la misma autora.

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Un ejemplo de esta actividad de Clotilde es la historia de los pulgarcitos nacionalistas contra el ogro neoliberal. He aquí algunas escenas:

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Aparece un escenario vacío; como telón de fondo se ven algunas torres petroleras y dos o tres magueyes. Por la izquierda, desde luego, van entrando una decena de enanitos barbudos con morral al hombro, cantan: -“aijó, aijó, vamos a protestar, el petróleo es nuestro, no lo vamos a soltar”.

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El narrador explica que los pulgarcitos se oponen a la privatización de las plantas petroquímicas de su país y conmina al auditorio a unirse al coro de protestas: -“A ver compañeritos y compañeritas: no se oye, más fuerte, que se note que estamos defendiendo la soberanía”.

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De improviso, obviamente por el lado derecho del escenario, aparece el terrible ogro, con bigote, grandes orejas y frente más que amplia y desembarazada (diría Cervantes). Se burla del auditorio con una sonrisa diestra (que para el auditorio, enfrente de él, resulta siniestra); los enanitos no se han dado cuenta de su presencia, pero cesan los cantos. Porfiado, el enano que encabeza al grupo voltea hacia el público y pregunta: -“Compañeritas, compañeritos, ¿por qué gritan?” Entusiasmado, a una sola voz el auditorio responde: “Que viene el ogro, el ogro, el ogro neoliberal”.

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No lo veo, ¿dónde?, exclama el enano Porfiado.
-— A la derecha, a la derecha...

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Por supuesto, cuando Porfiado se vuelve a la derecha el ogro ya ha desaparecido. Porfiado se encoge de hombros, enciende un cigarro y pide con urgencia un micrófono:
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— Necesito hacer una declaración, acabo de tener una de mis ocurrencias geniales.

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Aparecen en el escenario, uno por la izquierda y otro por la derecha, dos pulgarcitos con libretas de taquigrafía en la mano y cada uno calado en la cabeza un sombrerito que dice -Prensa. El de la derecha ostenta un gafete con un angelito, el de la izquierda tiene un gafete con medio círculo semejando un sol. Se acercan a Porfiado y le piden que hable.

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Porfiado arroja el humo de su cigarro y exclama: “Estos son momentos -cruciales para la patria. Nos opondremos a negociar la venta de nuestra soberanía, los -hidrocarburos son del pueblo y el partido de los pulgarcitos aztecas siempre estará del lado del pueblo. El ogro neoliberal quiere dar un albazo y engañarnos, pero desenmascararemos sus aviesos propósitos. Que el gobierno no confunda la paciencia con la abyecta sumisión”.

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Los pulgarcitos reporteros escriben sin descanso. Cuando Porfiado termina su declaración que ha despertado entusiastas aplausos del público y hasta gritos de -“Ese mi Porfis, dales en la m...”, voltea displicente y pregunta a todos: -“¿Estuve bien, no?” Al fondo, el ogro neoliberal hace gestos de desagrado y se retuerce. Cae el telón.

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Al levantarse de nuevo el escenario semeja el zócalo de la ciudad de México. Una multitud de pulgarcitos entra desfilando por la izquierda y gritando: “Ogro, escucha; seguimos en la lucha”. El animador invita al auditorio a unirse al coro. Pronto el teatro se llena con el grito unánime en contra del ogro neoliberal. El animador advierte: “Compañeritas y compañeritos, si ven al ogro avísenle a los compañeros pulgarcitos”.

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Como era previsible aparece, por la derecha, el temible ogro. El público -grita: “Cuidado, el ogro”. Varios pulgarcitos en el escenario preguntan: -“¿Dónde, dónde?” La respuesta es unánime: “A la derecha, a la derecha”.

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De súbito los pulgarcitos quedan frente al ogro. Se hace un tenso silencio en la sala. -Andresito, el Pulgarcito del Sureste, exclama: “El ogro nos ataca, ¿quién podrá ayudarnos?”

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De lo alto del escenario cae, literalmente y sin mucha gallardía, un actor disfrazado de aguilucho (el águila que cae). Es Cuau, el cuate. Alaridos de entusiasmo de la multitud. El animador pide innecesariamente: -“Démosle un fuerte aplauso a nuestro líder moral”.

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El público exige que hable el Cuau. Pasan dos largos minutos de silencio. Por fin, el héroe dice: -“Convocamos a todos los pulgarcitos y al público progresista que nos acompaña a contribuir con sus aportaciones para un fondo nacionalista, con el que compraremos las plantas petroquímicas que el ogro quiere quitarnos”. Cae el telón y empieza la colecta.

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