Tengo más credenciales que los demás

Después de una larga carrera en la administración pública y de formar con Cuauhtémoc Cárdenas l
Margarita Gurza

¿De dónde viene esa motivación suya a buscar alianzas con otros partidos?
La corriente democrática tenía como vocación crecer a base de desprendimientos del sistema, de alianzas con la sociedad civil y reagrupaciones partidarias, hasta convertirse en el Frente Democrático Nacional (FDN), que yo presidí como coordinador.

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Por lo que hace a alianzas entre la izquierda y la derecha, tengo más credenciales que los demás. Desde 1986 fundamos la Alianza Democrática con el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Mexicano Socialista (PMS) para coordinarnos en lo electoral. Con los panistas y Manuel J. Clouthier logramos un acuerdo para defender el voto –que luego no se cumplió–. El acuerdo lo hicimos con Don Luis H. Álvarez y luché porque hubiera esa alianza: propuse que Ernesto Ruffo fuera el candidato (al gobierno de Baja California) de los dos partidos, pero el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no quiso; puestos de acuerdo, Vicente Fox y yo logramos por primera vez que se fuera de Guanajuato el gobernador impuesto por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Ramón Aguirre. Formé la Alianza por la República para ver si, en 1997, el PAN y nosotros teníamos candidatos comunes, pero tampoco se logró. Y después vino el bloque de los cuatro partidos en la Cámara de Diputados, cuando me designaron como presidente del primer Congreso salido de la oposición.

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Hay un hecho de técnica constitucional que no ha sido revisado. Vivimos la contradicción de un sistema presidencialista, muy anticuado, y uno pluripartidista. Presidencialismo con pluripartidismo obliga a hacer alianzas. En México hay un partido que tiene el poder, pero no la mayoría; nadie tiene mayoría en el Congreso. Para ser mayoría es necesario un conjunto de alianzas que permitan la estabilidad política. Luego habrá que abolir el régimen presidencial, de modo que los gobiernos surjan del Congreso.

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¿Cómo funciona la alianza llamada PRD?
El PRD dejó de ser una alianza. Originalmente aspirábamos a tener un partido que fuera un frente político; eso se frustró y se prefirió un partido unitario. La experiencia fue ambivalente. Unos luchamos por un partido orgánico, sometido a las leyes, con gran rotación de cuadros, abierto al debate, con un sistema de capacitación y mucha modernidad. Otros apostaron a una especie de sistema solar, gravitando en torno a un cacique, un caudillo o como se le quiera llamar. El prd acabó siendo un aparato al servicio de una persona y una familia, como ya se vio con el registro del ingeniero (Cuauhtémoc) Cárdenas como candidato presidencial.

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¿Le interesan actualmente las alianzas al PRD?
El PRD no quiere ninguna alianza, nunca lo ha querido. El PAN tampoco. Es un juego de mentiras. Fox iría a la alianza sólo que no tuviera que pactar un programa y un gobierno; iría con el menor compromiso posible, y él lo ha dicho con honestidad. El PAN no quiere una alianza por razones estratégicas e ideológicas, pero ha dado la impresión de que la quiere.

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En el PRD hay también opiniones divididas. Este partido para nada quiere alianzas. Y hay un sector bastante oportunista que, si obtiene mejores cargos, igual le da quedarse con Cárdenas que con Fox.

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¿Es verdad que Cárdenas busca una alianza de coalición, para negociar el gabinete?
Lo dice por dar una satisfacción a los perredistas que quieren chambas. Hay algunos que confunden una alianza con una agencia de colocaciones.

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¿Está Muñoz Ledo con un pie fuera del PRD?
No, la pertenencia no se mide por pies, ni siquiera en el sistema anglosajón de pesos y medidas. Yo estoy en el corazón del PRD, pero sus dirigentes controlan el aparato electoral.

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¿Qué método refleja con mayor seguridad las preferencias electorales?
El voto es el único instrumento de medida de la voluntad política de los ciudadanos. Los otros son de orientación, pero no de decisión.

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¿Cuáles son sus propuestas como candidato presidencial?
Soy el único candidato que tiene propuestas. Quiero una nueva Constitución para este país; yo sí quiero una transición democrática, otros están jugando.

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Queremos un cambio de sistema, no un cambio de partido ni de personas. Estamos contra el sistema presidencial; tenemos un proyecto económico que hemos elaborado en más de 30 años de experiencia pública. Vamos a plantear un cambio de régimen con la abolición del presidencialismo, la descentralización total de la vida nacional, un federalismo en serio; la recuperación de la soberanía de las comunidades; la más absoluta libertad y la devolución del poder a los ciudadanos. Renegociaremos los términos del Tratado de Libre Comercio; daremos apoyo a las empresas; una nueva economía productiva y una nueva relación del hombre y la naturaleza.

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¿Y en materia de educación…?
Cuando dejé la Secretaría de Educación Pública, me invitaron de la UNESCO a ser consultor regional; nuestro proyecto educativo se juzgó como el mejor de América Latina. Es un proyecto que implica 12 grados de educación obligatoria para toda la población, lo que se llama ahora educación universal, que da la posibilidad a todos los adultos, en la empresa, la comunidad o el trabajo, de proseguir su educación a través de métodos modernos.

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¿Cuál es su posición con respecto a la privatización de las industrias petrolera y eléctrica?
El tema no es a quién venderle las cosas. El tema es un plan mundial de energía que nosotros propusimos. Está usted hablando con el primer presidente de la Comisión Mundial de Fuentes de Energía. En aquél entonces hicimos un proyecto para el país. Lo importante es saber cuánto tiempo vamos a apostar al petróleo como combustible, cómo manejar las reservas de hidrocarburos –que se pueden acabar en 30 o 40 años– y los recursos hidroeléctricos, y cómo cambiar las fuentes convencionales por otras no convencionales, las no renovables por renovables. Es todo un proyecto.

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Lo demás son banalidades para ignorantes. No se trata de saber quién es el dueño de las acciones, sino cuál es el proyecto nacional, y analizar si debe de haber participación de los particulares en la expropiación de la energía eléctrica, por ejemplo, y en la explotación en cualquier rama de la energía, tomando en cuenta las necesidades del proyecto energético.

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El que haya grandes intereses estadounidenses financiando campañas porque quieren quedarse con el petróleo, es otro problema. El que sea una necesidad transferir las industrias energéticas del país a los particulares, nadie lo ha probado. Hay que hacer primero un proyecto de energía y luego vemos cuál es la forma de rectoría y de gestión. Las modalidades de la  inversión es un tema posterior.

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¿Qué proyecto económico propone usted?
El principal problema en México es equilibrar los factores internos de crecimiento con los factores externos, proteger la unidad productiva y el mercado local.

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Tenemos una de las inserciones en la globalidad más desequilibradas, a pesar de ser la treceava economía del mundo. ¿Por qué? Porque sólo 7.5% de la planta productiva mexicana está incorporada a los circuitos de importación y exportación, porque cada día dependemos más del ahorro externo, la ciencia externa, la tecnología externa y de las decisiones externas, y cada día apostamos menos a los factores internos de crecimiento. ¿Unión plena a la economía contemporánea? Claro. ¿Apertura? Claro. Pero con base en un equilibrio entre la economía interna y la externa, de otra manera viene el quiebre total.

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¿Y sobre el poder judicial y la seguridad jurídica…?
No hay ningún proyecto, de los que he visto, que plantee el poder judicial como poder público. Lo plantean sólo como reforma de la judicatura, y es un enfoque equivocado. Tenemos un sistema judicial inspirado en la Constitución de Filadelfia, según el cual la judicatura es un poder del Estado, porque es el árbitro de las controversias constitucionales. En el fondo, está por encima del Ejecutivo y puede resolver cualquier controversia entre la Federación y el Estado, entre un estado y otro, entre los municipios y la Federación. Es el árbitro jurídico de la nación, por eso debe ser un poder público.

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Hay que instaurar al poder judicial como un poder público. El primer poder debe ser el judicial, debe de estar por encima de todos para poder juzgar. Luego está el sistema de elección, un presupuesto muy amplio y un servicio judicial de carrera que nos permita tener una justicia independiente, autónoma y eficaz.

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¿Cuáles son las causas y soluciones de la inseguridad pública?
Son tres. La primera causa es la debilidad del Estado. Hay estudios, como el de la onu, en los que el adelgazamiento del Estado es propiciado por los no liberales, y que condujo a su impotencia. Los países no liberales les recomendaron a los países chicos que acabaran con las instituciones públicas y con la fuerza del Estado. Ahora se arrepienten, porque la criminalidad es la reina de la calle en América Latina. Es necesario restaurar la capacidad de las instituciones públicas con presupuesto, entrenamiento, respetabilidad y combate a la corrupción para que hagan frente a su nuevo adversario, que es el crimen organizado.

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En segundo lugar, se requiere seguridad jurídica, un nuevo sistema jurídico nacional y una división de poderes que garantice la exigibilidad del cumplimiento de los deberes de la administración pública.

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En tercer lugar están las causas sociales de la inseguridad; el problema del empleo, bajos salarios y el vagabundeo juvenil, que se puede resolver por medio de un gran programa educativo para reducir las causas probables de la delincuencia.

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¿Cuál es, a su juicio, el problema fundamental del país?
El trabajo. Un país como el nuestro se basa en su fuerza de trabajo. Es urgente la renovación del sistema de relaciones laborales; la flexibilización de la empresa y el fortalecimiento de la posición del trabajador.

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En el conjunto de la economía necesitamos la elevación constante del salario, comenzando por una política de salarios mínimos. Si no pagamos salarios, no tendremos mercado interno. Si no tenemos mercado interno, nuestra balanza de pagos estará quebrada hasta la eternidad. Necesitamos el salario.

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¿Tienen solución los problemas de la UNAM y Chiapas?
En los problemas hay que ir a sus orígenes. El de la UNAM es un crimen de Estado; el gobierno dejó de invertir en la educación pública superior. No se ha hecho una sola universidad pública en el Valle de México en 25 años.

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Respecto de Chiapas, hay dos grandes problemas: el del conflicto armado, cuyas bases y solución son absolutamente claras. Fueron firmados los acuerdos de paz por los zapatistas y por el gobierno. Simplemente, en vez de jugarle a la guerra de baja intensidad, que es una imitación de la mala política estadounidense en Centroamérica, se tiene que jugar a la paz, cumplir la palabra y hacer llegar a feliz término los acuerdos pactados. No hacer sólo un juego estratégico y militar en la frontera sur –creando un tapón entre Norteamérica y Sudamérica, lo cual es una estrategia perversa, de la que México no tiene por que hacerse cómplice–, e invertir todo lo que podamos en Chiapas para que, con una nueva relación entre productores y trabajadores, entre indígenas y otras comunidades étnicas, podamos recuperar el tiempo perdido que son 400 años de explotación.

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Usted, como titular de la sep, dejó un proyecto de 11 universidades públicas en la zona metropolitana y alrededor de 17 institutos tecnológicos cercanos a las zonas productivas. ¿Qué sucedió con eso?

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En este país se abandonó la educación superior. En una ciudad de tres millones de habitantes, como Nezahualcóyotl, no hay una sola institución de educación pública superior, ni en Ecatepec o Naucalpan. Simplemente se abandonó, y se le pasó a la unam todo el problema, se le ha arrinconado. Hay que rescatarla y volver a un nuevo diálogo que permita un mejoramiento y recuperación de la educación superior en todo el país, pero particularmente en el Valle de México, porque la demanda seguirá aumentando.

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No hay ninguna previsión en materia de educación superior. Hay una retracción de las instituciones públicas y una irresponsabilidad en el problema de la unam.

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¿Usted inventó a Cuauhtémoc?
Nadie inventa a nadie, ni siquiera nuestros padres. Yo he tenido una participación importante en la formación del movimiento democrático; Cárdenas y yo trabajamos un tiempo juntos y ahora tenemos profundas diferencias. Cada quien es fruto de su propio esfuerzo y también víctima de sus propios errores.

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