Tercer mundo, ¡ya volvimos!

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Ricardo Medina Macias

Don Luis Echeverría debe estar feliz. Ya regresamos al tercer mundo en viaje relámpago..., dijo Clotilde.

- Al unísono, el Gordo Basurto y un servidor tomamos sorbos de agua de jamaica (¡qué tiempos aquéllos en que brindábamos con un buen tinto riojano!) y asentimos a la observación.

- Para hacer de la necesidad virtud, Clotilde propone la viejísima receta (casi tan vieja y deprimente como las recetas del Fondo Monetario Internacional) de encontrarle el lado bueno a las cosas. Usted sabe, descubrir que el ron nacional tiene sus encantos, hacer la apología de los autos compactos (¿no te lo han quitado?), o de lo saludable que es caminar de la casa (¿a poco puedes pagar la hipoteca?) hasta el trabajo (¿todavía tienes?).

- EI Gordo, sin embargo, no está de acuerdo. En primer lugar, argumenta, una buena dieta no está mal cuando uno está realmente excedido de peso. Digamos, cuando en 1982 la economía mexicana experimentaba la resaca de una conducción irresponsable y populista, no había más remedio que una dieta tipo FMI induciendo una recesión brutal para lograr cierta estabilidad. Sin embargo ahora la dieta proviene de una suma de errores de apreciación, ejecución y diagnóstico.

- -Primer error, dice el Gordo, el inefable Jaijo salta a la cancha de fútbol creyendo que se juega igual que el squash.

- -Segundo error, acota Clotilde, el entrenador hace algunas rectificaciones pero aclara que en realidad el equipo es menos bueno de lo que parecía. ¿Resultado?, un gran número de aficionados defecciona y busca un nuevo equipo.

- -Tercer error, revira el Gordo, el entrenador del equipo acude con un viejo preparador físico para que le eche una manita, pero antes le pinta un cuadro desolador. El preparador físico, basándose en los comentarios de que el equipo estaba sobrevaluado y los jugadores excedidos de peso, receta una dieta draconiana.

- -Nada de carbohidratos, cero colesterol, ni un gramo de sal ‑acota Clotilde‑, lo que provoca mareos, desmayos, deshidratación de los jugadores, debilidad, fatiga crónica.

- -Se cierra él circulo ‑remata el Gordo–, y se "comprueba" que el equipo nunca debió estar en la primera división, ya que sus jugadores apenas pueden patear la pelota y recorrer unos metros sin desvanecerse.

- Afortunadamente, llegó el Chango Sarabia para sacarnos de estas lúgubres meditaciones. Venia entusiasmado por los avances que ha logrado en el diagnóstico de un síndrome psiquiátrico que él considera prototípico de México.

- Le llama el síndrome de la pobritud y su paciente doña Pachita (el nombre es ficticio para proteger a los inocentes y guardar la ética profesional) parece personificar, según el Chango, la plenitud del síndrome.

- Doña Pachita goza inmensamente con ser pobretada. Se trata, dice el Chango, de una especie del ansenismo a la mexicana.

- La sabiduría de doña Panchita se resume en su frase favorita para desalentar cualquier ambición insana de algún miembro de su familia: "No hay que volar alto, porque duele más la caída. Porque eso sí, de que uno tiene que caerse, se cae”.

- Un día, su marido, desafiando todas las prohibiciones de doña Pachita respecto de los juegos de azar, se gastó unos cuantos pesos en comprar un billete de lotería. Para su desgracia, ganó el premio mayor.

- Cometió el error de contárselo a doña Panchita quien, de acuerdo con su congénita pobritud, enfureció con la noticia y le pintó a su marido un cuadro terrible:

- "Atrévete a cobrar ese premio le advirtió y caerá sobre ti una jauría de pedigüeños, que te harán daño con sus adulaciones. Eso, si antes no eres asaltado violentamente. Y claro, ni siquiera has pensado en el dineral que te van a cobrar de impuestos. Ni que la gente, al verte súbitamente rico, pensará que eres narcotraficante o político. Por supuesto, ya te estarás sintiendo rico y poderoso y despreciarás este humilde hogar, me verás fea, que lo soy, pero honesta. El dinero no trae nada bueno. Menos cuando tú y yo sabemos que habrías sido incapaz de ganarlo trabajando. Tus hijos se echarán a perder porque no tienen, como no lo tenemos ni tú ni yo, la capacidad para asimilar eso que erróneamente llaman fortuna..."

- Siguió la perorata de doña Pachita y el billete de lotería ganador terminó destrozado en un bote de basura.

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- -¿Otro vasito de agua de jamaica?‑, preguntó Clotilde.

- El autor es egresado de la licenciatura en Comunicación de la Universidad Iberoamericana, periodista especializado en economía y finanzas y director editorial del diario El Economista.

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