Tlaquepaque: paraíso de artesanías y m

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Guadalupe Rico Tavera

Quien viene a Jalisco y no dedica un día entero para visitar Tlaquepaque, no sabe de lo que se pierde. Este pintoresco poblado tiene todo para atrapar al turista: atractivos culturales, un bullanguero y mexicanismo ambiente, y sobre todo su riqueza artesanal, cuya renombre ha traspasado las fronteras.

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Casas de campo. Absorbido desde hace un buen tiempo por la mancha urbana de la zona metropolitana de Guadalajara, Tlaquepaque -vocablo náhuatl que significa "lugar sobre lomas de barro"- fue en el siglo pasado sitio de veraneo para la aristocracia tapatía. De ahí que todavía conserve espléndidas residencias que, por momentos, pueden recordar las viejas casonas de descanso de Tlalpan o Coyoacán, en la ciudad de México.

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Esas reminiscencias de antiguos esplendores son sólo uno de los atractivos de esta villa a la que los tapatíos llaman familiarmente San Pedro. También hay que admirar su arquitectura colonial que data, sobre todo, de los siglos XVIII y XIX.

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Entre las muestras de arquitectura religiosa que hay que ver está la Parroquia de San Pedro, edificada en 1813 por frailes de la orden franciscana, con una amalgama de estilos bizantino, basilical y romano. Y no menos digno de visitarse es el Santuario de la Soledad, bicentenaria construcción del romántico neoclásico bizantino.

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Otra joya arquitectónica del siglo pasado es El Refugio, visión laberíntica de patios y azoteas, con una sorprendente imaginación. Lo que antiguamente fuera hospital de caridad y salud pública, hoy es un centro cultural que sirve de marco para diversos eventos, entre los que destaca la entrega del Premio Nacional de la Cerámica que, año con año, reúne a los más reconocidos artesanos del país.

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Aquí mismo, y también en forma permanente, se ofrece una muestra del trabajo artesanal, por lo que no se debe dejar de visitar el Museo Regional de la Cerámica. En esta antigua casona del siglo XIX se exhiben todas las expresiones de la cerámica regional, así como las piezas ganadoras del Premio Nacional de la Cerámica.

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Pero si su intención no es sólo ver artesanías sino llevarse alguna como recuerdo, en Tlaquepaque se pueden adquirir piezas de singular belleza trabajadas con los más diversos materiales por hábiles manos de artífices locales. No en vano se le considera el principal centro artesanal del país.

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Por todo el centro del adoquinado poblado hay infinidad de tiendas y galerías, pero si no se quiere cansar demasiado basta con que recorra la calle Independencia. Caminando por ahí -a partir del Jardín Hidalgo hacia el poniente-, podrá encontrar antigüedades (Bazar Hecht), artículos de piel (Leo e Hijos), el singular cristal rojo mexicano (Arte Cristalino), objetos de madera y latón (JJ Marquin), nacimientos tradicionales y modernos (Alfarería Rodríguez), refinados vestidos típicos (Diseños de Irene Pulos), las oníricas fantasías en cerámica, papiermaché y plata de Sergio Bustamante (en la galería que lleva su nombre), los originales diseños en hierro forjado de Ricardo Preciado (Diseño y Cosas), así como verdaderas obras de arte en madera tallada, cerámica y vidrio (La Casa Canela y Antigua de México).

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Para los hambrientos. Si después de las compras se le ha abierto el apetito, ahí mismo sobre Independencia hay tres restaurantes muy recomendables: El Patio, Casa Fuerte y Los Amigos del Mariachi. No obstante, si camina un poco más hacia el poniente, podría llegar (sobre la calle de Madero) al Restaurante Sin Nombre, el cual ofrece verdaderas exquisiteces de la alta cocina mexicana.

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Si desea comer en el lugar más representativo y alegre de Tlaquepaque, tiene que ir a El Parián. Este edificio, que data de 1878, ha sido remozado en diversas ocasiones pero siempre ha conservando su concepto original de plaza pública. En él se alojan 16 bares-restaurantes de comida típica (los que conocen, recomiendan el Betos y el Pacos) dentro de un conjunto que en su interior cuenta con frescos jardines y un kiosco central (los fines de semana ahí se presentan variedades folclóricas).

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Ahora que si lo que busca es simplemente vivir el ambiente de El Parián, aquí podrá pasar las horas degustando un tequila o una refrescante chavela (cerveza de barril, servida en copas gigantescas), siempre acompañado, por supuesto, por numerosos grupos de mariachi que le harán vibrar lo mismo con alegres sones que con sentidas canciones.

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