TLC <br>Entre festejos y lamentos

A cinco años de haberse integrado comercialmente al mercado de América del Norte, en México hay i

Si antes del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLC) había pocas empresas mexicanas que podían competir, ahora son menos. Las diferencias económicas regionales, de por sí grandes en 1994, se han profundizado en los últimos cinco años. Mientras que Estados Unidos y Canadá crecieron vigorosamente, México se tambalea y en su errático andar ha jaloneado a la mayoría de las empresas del país, que se quedaron sin estímulos y sin capitales para crecer y modernizarse.

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Pero eso no es culpa del tratado, sino de problemas más profundos y añejos, que impiden que la mayor parte de la planta productiva logre estándares mundiales de competitividad. Sólo muy pocos sectores industriales han logrado insertarse con eficiencia en la economía global.

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Entre 1993 y 1997, el número de empresas que se subieron al carro exportador aumentó de 20,000 a 33,000. Pero esto representa algo así como 5% de las empresas del país. Y de estas, apenas 500 controlan 60% del comercio exterior. Tan sólo las tres grandes armadoras de autos –General Motors, Chrysler y Ford Motor– detentan 12% de las exportaciones mexicanas.

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Estas cifras hablan de que en México existen dos economías: la de los negocios en dólares y la de los pesos devaluados. La primera, evidentemente, es la que mejor ha aprovechado las oportunidades del TLC.

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¿SUBSIDIOS AL CEMENTERIO?
El modelo económico de México no deja mucho margen al gobierno para invertir en el desarrollo nacional, ya que está demasiado orientado a las variables monetarias. Ante la necesidad de mantener las finanzas sanas, en los últimos años se han recortado subsidios e inversiones. Por ejemplo, el gobierno eliminó las tarifas preferenciales de luz y combustible (que ahora son más caras que en Estados Unidos) y redujo dramáticamente los créditos de desarrollo. Nacional Financiera, por ejemplo, los contrajo en 44% desde 1994 y los bancos comerciales ya ni siquiera consideran en su cartera de clientes a las pequeñas y medianas empresas (Pymes). Además, en medio de la turbulencia internacional, las autoridades han tomado medidas coyunturales –como elevar las tasas de interés o devaluar la moneda– que han afectado el sector productivo.

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Si a este triste panorama se agregan las diferencias regionales en infraestructura, tecnología y carga fiscal y administrativa, la competencia es francamente desigual.

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El empresario y asesor del Consejo de Bienes de Capital de la de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), Carlos González Fisch, recalca que las autoridades deben entender que aunque cueste caro invertir en el desarrollo del país, no existe otra alternativa. “Todos los países inteligentes subsidian sus industrias, pues de eso depende su desarrollo”, dice.

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En Estados Unidos, las empresas tienen cuotas fijas para las compras del sector público y acceso a créditos preferenciales para modernizarse (a través de Small Business Administration). Además, su economía permite planear costos e inversiones.

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En México, si bien aún existen planes de apoyo para las Pymes –como el Compite y la red Cetro-Creces–, sus alcances son aún muy limitados. Además, los recursos que se destinan a estos programas están en picada debido a la crisis financiera internacional.

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El economista Roberto Escalante considera que el problema de fondo no es, en efecto, el TLC, sino que el gobierno viene aplicando una estrategia de supermercado en lugar de un proyecto de nación. “Somos un país, no un centro comercial”, dice y advierte que la falta de visión para apuntalar la transición al libre comercio va a obstaculizar el crecimiento del país y convertir el asunto de la inequidad en un problema irremontable.

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AGRICULTURA: BOMBA DE TIEMPO
Si bien el sector agropecuario fue uno de los más protegidos en la negociación del tratado (con plazos de desgravación de 15 años para los granos básicos), internamente no se hizo nada para hacerlo más eficiente. Las diferencias, de por sí abismales, siguen creciendo y esto se refleja en los precios de muchos productos agropecuarios. En México, el precio del maíz o de la papa es el doble que en Estados Unidos.

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Uno de los pocos instrumentos de apoyo que surgieron en México a raíz del TLC para apoyar a los productores de granos, el Procampo, se está comprimiendo como parte de los ajustes presupuestales. La inversión pública en el campo ha caído y frenado la expansión de los cultivos de riesgo. Y la producción de granos básicos se ha desplomado en los últimos cinco años. Para colmo, las autoridades han tomado medidas que han afectado seriamente este sector. En particular, Escalante, quien es especialista en agricultura, dice que la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi) ha distorsionado los precios de muchos productos agropecuarios para controlar la inflación, al permitir el acceso de productos de Estados Unidos a precios de dumping.

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No obstante, y a pesar de la ya congénita ineficiencia del campo –las importaciones de maíz y de frijol crecieron más de 10 y 100 veces, respectivamente, entre 1993 y 1997–, Escalante reconoce que el TLC hizo menos difícil la situación, pues Estados Unidos abrió su mercado a ciertas líneas de producción, principalmente de verduras y frutas.

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APERTURA VELOZ
El proceso de apertura comenzó muchos años antes del TLC, con la entrada de México al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) en 1986. Enrique Espinosa, ex director de Enlace Comercial con Norteamérica de la Secofi, afirma que esta liberalización “le pegó más duro a la economía mexicana que el pacto trilateral”.

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Como las diferencias entre México, Estados Unidos y Canadá eran tan grandes, se acordó permitir al primero mantener aranceles más altos, con la condición de que fueran bajando gradualmente. El problema es que como se cruzó la crisis de 1995, las empresas mexicanas no tuvieron oportunidad de modernizarse. Por eso, ahora que los aranceles entre los tres países se van emparejando, las reglas son más duras aquí. “Para la competitividad que tienen las empresas de Estados Unidos, los aranceles que pagan (en México) son bajos”, dice Raúl Picard, presidente del Consejo Coordinador de la División de Alimentos y Bebidas de la Canacintra.

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Muchos consideran que el gran error de México fue abrirse demasiado rápido. “El presidente Salinas vio el TLC en términos políticos y sexenales, sin tomar en cuenta que un proceso de integración de esa magnitud debía prepararse con años o décadas”, dice Patricia Pernas, experta en relaciones internacionales.

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Pero las autoridades afirman que no había mucho margen de maniobra y que la liberalización era impostergable, pues la economía del país se estaba estancando. Espinosa afirma que, de haber esperado a que se dieran las condiciones macroeconómicas ideales, el país seguiría cerrado.

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De lo que no cabe la menor duda es que los resultados de esta veloz apertura afectaron a muchas empresas que no estaban preparadas para la invasión del exterior.

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Gilberto Ortiz, asesor de la División de Químicos de Canacintra, afirma que antes de 1994 había en el país cerca de 2,000 empresas químicas, de las cuales sólo sobreviven unas 160. De estas, 12 detentan más de 70% del mercado. En consecuencia, muchos de los químicos que antes se producían en México ahora se importan.

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A su vez, González asegura que, desde 1994, miles de empresas de bienes de capital han desaparecido y que antes del TLC había en el país 2,600 empresas en este ramo. Actualmente quedan unas 700 y trabajando muy por debajo de su capacidad.

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Para el 2003 quedará prácticamente liberalizado el mercado regional, exceptuando algunos productos sensibles (los granos básicos, en el caso de México), aunque esto no significa que quedará del todo abierto. Las tarifas no arancelarias representan un nuevo tipo de proteccionismo para encarar la creciente competitividad de un producto extranjero. En el caso de México, cada vez que uno de sus productos comienza a ganar mercado en Estados Unidos, se enfrenta a toda clase de barreras, como las fitosanitarias, ambientales o antidumping.

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Este neoproteccionismo ha afectado las exportaciones mexicanas de acero, cemento, atún, tomate y aguacate. Y en un futuro podría alcanzar a otros productos. No obstante, gracias al tratado, México ya se puede defender mejor de su poderoso vecino. El mecanismo de solución de controversias que prevé el TLC (capítulo 19, artículo XX) es un instrumento jurídico que permite iniciar una investigación cuando una de las partes utiliza prácticas comerciales desleales. “No es una llave mágica, pero sí un poderoso instrumento para hacerse escuchar”, dice Espinosa.

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Haciendo valer sus derechos, México pidió este año convocar a un panel de solución de controversias para disputarle a Estados Unidos su rechazo a cumplir con la apertura del transporte de carga y de pasajeros, que debía iniciar en 1995. México insiste en que ese país cumpla con lo pactado en el TLC, pero Washington –presionado por los teamsters (transportistas) de su país– argumenta que el transporte mexicano no cumple con sus normas ambientales, de seguridad y de dimensiones. En el fondo, se trata de un problema de costos, pues los salarios son mucho menores en México que en la Unión Americana. Será dicho panel el que decida quién tiene la razón.

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IMPORTAR PARA EXPORTAR
Con todo, México se ha beneficiado enormemente de la apertura comercial: es ya la 10ª potencia exportadora y el 2º proveedor de Estados Unidos, superando a Japón y a todos los países latinoamericanos en conjunto. Entre 1993 y 1997, las exportaciones mexicanas pasaron de $52,000 a $110,000 millones.

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Pero el dinamismo de las exportaciones no se explica sólo por un mayor acceso de los productos mexicanos a Estados Unidos, sino por las devaluaciones que han favorecido a los exportadores. Escalante opina que los beneficios que México ha obtenido del TLC han sido hasta ahora “especulativos y coyunturales”.

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Si bien en los primeros años del TLC el país logró revertir su histórico déficit comercial con su vecino del norte (gracias a la depreciación del peso), a partir de 1997 las exportaciones crecieron en 15% y las importaciones en 23%. Y para este año la brecha se mantiene: las exportaciones aumentarán en 8% y las importaciones en 15%. Se calcula que el déficit comercial en 1998 será de casi de $6,500 millones de dólares y el año entrante de $7,500 millones. Parte de este desequilibrio comercial es producto de la coyuntura internacional que ha provocado la caída de los precios de las materias primas, pero también se debe a que en estos cinco años México no ha logrado crear un verdadero efecto de encadenamiento industrial.

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De cada dólar que se gasta en importaciones, menos de 10 centavos son para comprar bienes de consumo, 15 para adquirir bienes de capital y las tres cuartas partes restantes para importar aquellos bienes intermedios que, idealmente, deberían producirse en México para el sector exportador.

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LOS HUEVOS EN LA MISMA CANASTA
Si antes del TLC el país era dependiente del mercado estadounidense, ahora lo es más. En 1986, cuando México se integró al GATT, las exportaciones a Estados Unidos representaban 66% del total y para 1997 alcanzaron 84%. Lo mismo sucede con las importaciones: en 1986, 60% procedía de Estados Unidos; hoy es 75%. Lo que esto significa es que hay que mantener los dedos cruzados para que la economía del norte no pierda su vigor.

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Con Canadá, el tercer socio del TLC, el comercio bilateral sigue siendo muy bajo. El año pasado fue de $4,000 millones de dólares, contra un comercio de $176,000 millones de dólares con Estados Unidos. En 1997, las exportaciones mexicanas a Canadá significaron $2,100 millones de dólares, apenas 2% del total. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que las cifras con Canadá son muy imprecisas, pues no contabilizan todas las ventas que pasan por Estados Unidos.

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Con el resto del mundo, México tiene relaciones distantes. Con los países de América Latina su comercio es marginal, a pesar de los tratados de libre comercio que tiene con varias naciones. Con Costa Rica las exportaciones apenas representan 0.2%, con Venezuela 0.6%

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MAQUILANDO CON EL TLC
La gran ganadora de la apertura comercial de México es, sin duda, la industria maquiladora de exportación (IME), controlada en 90% por capitales extranjeros y formada por unas 3,000 empresas. Una encuesta reciente hecha por el Departamento de Investigación y Desarrollo del Grupo Editorial Expansión entre 83 gerentes de maquiladoras, revela que el TLC fue un importante detonador de inversiones en esta actividad. Más de 80% de los entrevistados señaló que el pacto trilateral favoreció el desarrollo de sus actividades y 94% dijo que el acuerdo fue positivo para la economía del país; 66% indicó que amplió sus operaciones en México a raíz del TLC.

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Entre 1994 y 1997, la IME aumentó sus exportaciones en más de 50%. El año pasado este sector exportó mercancías por $36,000 millones de dólares y su valor agregado sumó cerca de $10,000 millones, convirtiéndose en la primera fuente de divisas para el país.

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Sus enormes ganancias se atribuyen, en primer lugar, al hecho de que desde hace cinco años los salarios en México vienen cayendo. Mientras que en Estados Unidos desde 1994 aumentaron casi 30% y en Canadá 20%, en México cayeron 30%.

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Además, el sector maquilador cuenta con un esquema arancelario especial que le permite importar sus insumos libres de gravámenes. El año pasado, 98% de los insumos de la IME fueron importados, principalmente de Estados Unidos.

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Hay quienes creen que la industria maquiladora de México tiene el potencial para formar cadenas productivas en el país, tal como sucedió en las naciones asiáticas. Espinosa asegura que cuando la desgravación de productos llegue a cero en el 2003 (con excepción de los granos básicos), la industria maquiladora dejará de tener los beneficios que goza hoy. “Ya no tendrá los mismos incentivos para importar y se interesará más en el mercado nacional”, dice. Esta situación podría ser un gran detonador de oportunidades para las empresas mexicanas. De hecho, 85% de los entrevistados en la encuesta señaló que en un futuro inmediato el desarrollo de proveedores locales es estratégico para el avance de sus industrias.

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LA LLEGADA DE CAPITALES
El TLC fue un poderoso imán para atraer inversión extranjera a México, pues el país se convirtió en la puerta de acceso al mercado más grande del mundo. Entre 1994 y 1997 entraron cerca de $40,000 millones de dólares, de los cuales 55% provinieron de Estados Unidos y 6% de Canadá.

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Los capitales extranjeros se invirtieron en sectores vinculados con la exportación o con la explotación de materias primas. Además del sector automotriz y de electrónica, se han invertido en minería, textiles y alimentos.

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De acuerdo con Mario Rodarte, subdirector de análisis macroeconómico del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), la llegada masiva de capitales tuvo un efecto benéfico en la formación de algunas zonas económicas estratégicas. Una de éstas es Guadalajara donde, a raíz del TLC, se instalaron varias empresas de la industria electrónica como IBM, Hewlett-Packard, Lucent Technologies y Kodak, entre otras 20 del ramo. Tan sólo entre 1996 y 1997 esta región recibió más de $20,000 millones de dólares, lo cual generó una mayor demanda de servicios y de infraestructura. Otra zona estratégica es Coahuila, donde se instalaron Ford y Chrysler. Lo mismo comienza a suceder en Altamira con firmas petroquímicas.

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El esquema de inversión de las multinacionales consiste en dividir su producción por regiones. En el caso de México, el interés es traer aquellas líneas de producción intensivas en mano de obra. Y, debido a la inestabilidad económica y a que el mercado mexicano es bastante reducido, muchos inversionistas prefieren aliarse con empresas nacionales, en lugar de invertir directamente. Tras la crisis de 1995, muchos empresarios que se encontraban al borde de la quiebra vendieron parte de sus activos a compañías extranjeras.

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En los próximos años, la competencia por los capitales foráneos se volverá mucho más feroz, debido a la actual crisis financiera, por lo cual los países emergentes tendrán que ofrecer condiciones cada vez más atractivas.

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¿REVISAR EL TLC?
En los tres países de América del Norte aumenta la presión para revisar el TLC. En México muchos consideran que es necesario corregir las asimetrías que inicialmente no fueron tomadas en cuenta. “Pedir adiciones y cerrar puertas que se abrieron antes de tiempo”, recomienda Ortiz. En particular, advierte que la “catástrofe del campo mexicano” requiere de una revisión a fondo. Respecto del tema de la migración –totalmente excluido del tratado–, asegura que Estados Unidos debe reconocer el valor estratégico de México y otorgar beneficios reales.

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Hasta ahora el nivel de discusión en México sobre el impacto que ha tenido el TLC en la economía es casi nulo. Aún no se ha abordado a nivel legislativo para ver si es realmente necesario promover cambios. De hecho, ni siquiera está claro si una discusión de esta naturaleza compete al Senado (que fue el que aprobó el TLC) o a la Cámara de Diputados.

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De cualquier manera hay quienes creen que esta discusión sería totalmente inútil, ya que la realidad es cada vez más compleja. Para reabrir la negociación, México tendría que estar dispuesto a dar algo a cambio a sus socios.

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Espinosa arguye que no será posible negociar ni una coma sin poner en entredicho todo el tratado. “O se vive con él como está o se desteje todo”, advierte.

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Y a estas alturas de la globalización, ni los opositores al tratado consideran que México debe salirse. “No ganaríamos nada”, acepta Ortiz.

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Antes de llegar al poder, el primer ministro de Canadá –Jean Chretien– se había comprometido a buscar una revisión del acuerdo, pero pasado el tiempo consideró que lo mejor era dejar las cosas como estaban.

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Como sea, el TLC ya está en revisión natural. Con la dinámica de la globalización, los mercados se abren cada vez más y, en unos años, tal y como promueve la Organización Mundial de Comercio (OMC), los acuerdos regionales se irán diluyendo para dar lugar a acuerdos globales. Tarde o temprano, Estados Unidos tendrá que darle a sus demás socios latinoamericanos el mismo trato que a México, y este último deberá abrir más sus mercados a la Unión Europea. La recomposición de las fuerzas avanza pero, para encarar este proceso es necesario prepararse. De nada servirán tantas transformaciones económicas y sacrificios si México no invierte en su desarrollo. En el quinto cumpleaños del TLC, la lección es que lo importante no es llegar primero, sino saber llegar.

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