Tornado

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José Ramón Huerta

Antecediendo su entrada a México con críticas que -rayan en la sospecha de tan benévolas, el filme, producto de cierto dream -team (Steven Spielberg en los dineros, Crichton guionista, George Lucas en -los efectos especiales y Jan “Speed” De Bont, dirigiendo), demuestra -que no todo lo que gira y devasta es oro a nivel artístico, aunque sí a nivel -taquilla. Y no es que se trate de buscar el negrito en el arroz a cualquier cosa -que huela a “efectitis especial” per se, pero Twister es el -típico caso del filme “esbozo”: no llega a cuajar del todo en la -especialidad de los realizadores: la forma, por no mencionar la ascéptica trama -—que se cuida de no incomodar a nadie—.

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Los mega remolinos, en resumen, no se presentan -como el desastre incombatible que se supone deben ser y los villanos -hipertecnologizados son tan malos que hasta se desplazan en camionetas negras. -Los científicos buenos (la güera Helen Hunt y Bill Paxton, cuyos personajes al -final terminan como los esposos que son, unidos en un abrazo con beso) se la -pasan, con radares casi artesanales, desafiando a cuanto tornado se topan e -incluso soportan, agarrados a un tubo, la violencia extrema en el mismísimo -interior del más agresivo remolino que se haya visto por los llanos -estadounidenses.

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Algo de salvaje, pues, le hace falta a los caprichosos tornados porque, aunque las vacas y trailers voladores hacen las delicias de los chicos, no habría estado mal que se explicara el tornado interno que experimentaron en sorda batalla sentimental por el galán una científica presuicida y una psicoterapeuta enamorada.

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