Tragos amargos

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Andrés Piedragil Gálvez

“Más espeso que la espuma se presenta el conflicto cervecero entre México y Estados Unidos. Debe ser muy buena la cerveza mexicana para que el productor más importante del mundo insista en eliminarla del Sistema Generalizado de Preferencias, lo que hasta ahora ha permitido exportarla libre de aranceles.” Hace 22 años, los editores de Expansión (en su número 353, noviembre 10 de 1982) definían así la disputa comercial que existía entre los productores nacionales de cerveza y la industria del nicho en el vecino país del norte.

- En ese momento, cualquiera hubiera pensado que las medidas de la unión americana eran exageradas: del consumo total de cerveza en dicho país, el líquido mexicano representaba apenas 0.19%.

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- Pero a poco más de dos décadas de distancia, los intentos por frenar el avance de la bebida producida en México no parecen injustificados. Impulsada por varios factores (migración, cercanía, calidad), la cerveza del país ya es una presencia importante en los hogares, bares y restaurantes del otro lado de la frontera. Basta mencionar que la marca Corona, del Grupo Modelo, es la cerveza importada con mayores ventas en Estados Unidos. En ese sentido, el año pasado, según datos de The Beer Institute, se exportaron hacia territorio estadounidense 157’628,795 galones de bebida espumosa mexicana. Así, los productores nacionales son un fuerte contendiente en el mercado del Tío Sam, el segundo mayor del globo.

- Hoy, compañías como Grupo Modelo no sólo tienen que lidiar con las restricciones del escenario global; al mismo tiempo, deben sortear las medidas del entorno local: el pago del impuesto especial de producción y servicios (IEPS) y el impuesto al valor agregado (IVA).

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