Tres en uno

El CEO de Extreme Networks explica cómo será la convergencia de datos, voz y video en una sola red
Andrés Piedragil

Gordon L. Stitt tiene un hábito que muchos calificarían como peligroso: en su tiempo libre toma sus esquís y desciende a gran velocidad por laderas nevadas. Se dice que el nombre de la compañía que cofundó y actualmente preside –Extreme Networks– está inspirado, en parte, por una marcada afición al esquí extremo.

- Y el presidente y ceo de Extreme Networks entiende bastante de adrenalina y emociones fuertes. Su compañía participa en el mercado de redes empresariales (equipos y soluciones para construir enlaces de gran envergadura, como las que utilizan principalmente las corporaciones globales y los operadores telefónicos –carriers–); nicho donde la competencia es feroz –hay que enfrentarse a proveedores como Cisco, Lucent, Alcatel y Nortel– y el terreno de juego está muy lejos del concepto de estabilidad.

- Para añadir sensaciones extremas al entorno, desde hace una década, este sector tecnológico sustentó su futuro en una revolución tecnológica: la convergencia, la creación de redes que manejen simultáneamente servicios de voz y de datos.

- Han pasado muchos años y los frutos de la innovación prometida apenas empiezan a consolidarse (como la telefonía vía internet).  Llegar a este punto no fue fácil. La ruta para llegar a la convergencia resultó peligrosa para los proveedores; muchas empresas sufrieron dolorosos tropezones en el camino. Stitt dice que el viaje no ha resultado aterrador. En ese sentido, su afición por el esquí alpino es una buena fuente de inspiración: “Esquiar aporta una perspectiva de balance: quieres toda la velocidad y toda la adrenalina, pero también deseas evitar las caídas. Viajar rápido siempre implica el peligro de tropezar, el reto es esquivar los tropezones violentos. El balance es una preocupación constante en la montaña, también debe serlo en el mundo de los negocios: tomar riesgos, pero con las precauciones necesarias para evitar los golpes”, es la filosofía de Stitt.

- A continuación, algunos extractos de la charla con Gordon L. Stitt, presidente y ceo de Extreme Networks.

- Desde hace una década, la industria ha prometido un futuro basado en redes convergentes. Y apenas se realizan despliegues significativos, ¿por qué fue necesario esperar tanto tiempo?
Es cierto, la convergencia es un tema del que se ha hablado durante mucho tiempo. Cuando empezaba a discutirse el asunto, entre 1995 y 1996, se desarrolló una tecnología llamada ATM, que se supone resolvería el reto tecnológico de la convergencia (unir las aplicaciones de voz y de datos en una sola red). Al final, dicha plataforma resultó muy compleja, difícil de usar y extremadamente cara. Hacía falta una tecnología adecuada. Esta situación detuvo la migración. De hecho, entre 1998 y 2000, hubo pocas implementaciones de red convergente y la industria dejó de hablar del tema.
El panorama ha cambiado y vemos un mayor número de despliegues.

- ¿Qué impulsó el cambio?
En primer término, se descubrió que la tecnología ya desarrollada en ethernet (la plataforma de comunicación que se usa en las actuales redes de computadoras) también era muy confiable para proveer servicio de voz. Por otro lado, los proveedores de sistemas de voz tradicionales empezaron a diseñar teléfonos y otras herramientas basadas en IP (Protocolo de Internet). La tecnología de estas empresas evolucionó y el precio de sus nuevos productos IP bajó significativamente. Ambas circunstancias, además, se vieron fortalecidas por el aumento en el uso de banda ancha. Así, durante los últimos cuatro años se ha manifestado un incremento en el despliegue de soluciones convergentes. Por ejemplo: desde hace varios años, las comunicaciones globales de Extreme –como llamadas de larga distancia– operan en un entorno convergente. Pero es algo que no se percibe, porque el componente de convergencia está en el back office. Las redes convergentes ya se hacen notar. Pero ahora la industria tecnológica empieza a hablar de ‘triple play’: datos, voz y video en una sola red.

- ¿Estamos hablando de una buena idea que tardará en materializarse?
Se habla mucho de ‘triple play’; sin embargo, para que esta tecnología se vuelva realidad hace falta una red que la soporte. Y la verdad es que añadir el tercer componente, el video, a las redes convergentes quizá tome algo de tiempo. Los carriers se están moviendo hacia la convergencia con voz sobre IP (VoIP), pero la transición desde la telefonía tradicional exigió una buena cantidad de tiempo. En el caso de ‘triple play’, lo esperanzador es que hay regiones que muestran avances importantes en esta tecnología. Un ejemplo sería Asia, donde en países como Japón –gracias a la amplísima disponibilidad de accesos de banda ancha– ya se habla de videojuegos en línea y de primeros intentos de televisión vía internet.

- La industria está en eso. Además de ‘triple play’, las redes  Wi-Fi son el gran tema de la industria tecnológica. ¿Qué sigue?
Para los próximos tres años, seguir mejorando la tecnología Wi-Fi; especialmente en términos de su integración con las redes cableadas actuales. Hacia el futuro, veo la unión de los ámbitos cableados e inalámbricos en una sola infraestructura de red; y dicha capacidad será invisible para el usuario. Hoy, dependiendo del tipo de conectividad disponible, una persona tiene que realizar cambios importantes en el equipo que usa. En el futuro eso ya no será necesario.
Esta fusión –cableado e inalámbrico– cambiará el paradigma de las redes: la conectividad ya no será considerada como un sistema para enlazar computadoras, sino como un medio para conectar toda suerte de dispositivos; computadoras, electrodomésticos, maquinaria, electrónica de consumo.

- Como territorio para hacer negocios, ¿qué le gustaría que fuera diferente en los mercados latinoamericanos como México?
No conozco todos los aspectos de regulación de cada país; pero sí estoy convencido de algo: en el ámbito de los carriers, la menor regulación posible se traduce en las mejores condiciones para la innovación tecnológica. Contar con varios carriers en el mercado brinda beneficios muy importantes a los usuarios; ya que se genera competencia, variedad de servicios, ofertas nuevas e innovadoras. Un entorno de ese tipo –ya probado en Estados Unidos y Japón– asegura libertad de elección para el cliente, impulsa el desarrollo tecnológico y fomenta la competitividad entre carriers.

- Pero crear un ambiente así no es fácil; no lo fue en Estados Unidos, que se tardó en liberar al mercado de los carriers dominantes y, en ese sentido, tiene un retraso frente a naciones asiáticas y europeas que fueron más agresivas.

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