Un bloque (un poco) más compacto

La necesidad de seguridad de EU y Canadá ofrece una oportunidad para retomar el tren de la competit
Alberto Bello /

Toronto, Canadá, en cualquier día de la semana. Cada día, los pasajeros con rumbo a Nueva York realizan los trámites migratorios y de aduanas estadounidenses antes de embarcarse en su vuelo. Cuando llegan a la terminal nacional del aeropuerto JFK o La Guardia, pueden enlazar su vuelo con el destino estadounidense que quieran sin pasar por largas filas y revisiones de pasaporte. La mercancía que viaja dentro del avión sigue el mismo camino. ¿Se imagina algo parecido en el aeropuerto Benito Juárez del Distrito Federal o en Monterrey?

- Fernando Chico Pardo, presidente del Consejo de Aeropuertos del Sureste (Asur), piensa que se puede y debe hacer algo parecido en México y está dispuesto a invertir $25 millones de dólares en acondicionar un recinto consular estadounidense en el aeropuerto de Cancún. “Incrementaría al tráfico en un millón de pasajeros y facilitaría la interconexión del aeropuerto con otros destino de EU y el mundo”, afirma.

- Lo que está en juego en el sector aeroportuario, y en todo el sector vinculado comercialmente a Estados Unidos y Canadá, es una mayor integración económica de América del Norte. El comercio total de México con sus socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) asciende a $284,000 millones de dólares, casi 74% del comercio exterior, y las inversiones de Canadá y Estados Unidos en territorio mexicano se elevan a $100,000 millones de dólares desde que el TLCAN entró en vigor el 1 de enero de 1994. El tratado llevó a que la Unión Europea, Chile y Japón firmaran con México acuerdos semejantes para acceder con sus productos al mercado estadounidense.

- El mundo cambió después del 11 de septiembre de 2001. Las medidas de seguridad para la entrada de pasajeros y carga a Estados Unidos para prevenir el terrorismo afectaron al tráfico de mercancías y a pasajeros mexicanos. Las ventajas que por una década concedió el TLCAN a México desaparecen. Las preferencias que generó el tratado se diluyen ahora ante la firma por parte de Estados Unidos de otros acuerdos. Al Cafta, rubricado con Centroamérica en julio, podrían agregarse un TLC con el Pacto Andino, Australia, Indonesia o Sudáfrica. A la larga, los productos de una treintena de países recibirán el mismo trato que los mexicanos.  “Tenemos que trabajar nuestra ventaja principal: la cercanía. Y eso incluye el cruce fronterizo, el transporte, la parte aduanera o la inversión en aeropuertos, puertos y cruces”, apunta Luis de la Calle, director gerente de la consultora De la Calle, Madrazo, Mancera (CMM) y negociador de varios de los acuerdos comerciales de México como subsecretario de Negociaciones Internacionales.

- El ejemplo de Cancún muestra que la necesidad de seguridad juega a favor de México. La introducción del preembarque en los aeropuertos mexicanos, por ejemplo, permitiría que los vuelos llegaran a cualquier destino estadounidense aunque éste careciera de infraestructura aduanal; además, diversificaría el tráfico actual, atrayendo al turismo en tránsito de Sudamérica o Europa, así como a viajeros de negocios. Cancún se acercaría a la meta de convertirse en un gran hub latinoamericano. Para salvar las exigencias de la soberanía, esta propuesta establece que los agentes estadounidenses presentes en territorio mexicano no porten armas.

- “Hemos recibido muchas solicitudes de estados y de representantes de los sectores turístico para hacer el preembarque como en Canadá”, explica Gerónimo Gutiérrez, subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte. “Hay una posibilidad de que sea, si no implementado, sí acordado antes de que termine la administración de Fox (en noviembre de 2006)”.

- Seguridad y competitividad
Los retrasos en los procesos aduanales pueden ser un problema para el turismo, pero son letales para las industrias que dependen de esquemas just in time, como la maquiladora, la automotriz o la agropecuaria, que exporta productos perecederos.

- Para evitar que los logros del TLCAN se agoten y relanzar la competitividad regional, los gobiernos de México, Canadá y Estados Unidos presentaron el 29 de junio la Alianza para la Prosperidad y la Seguridad de América del Norte (Aspan), un acuerdo marco que fija agenda, calendarios y compromisos para un total de 186 iniciativas o acciones en asuntos de seguridad y 150 en prosperidad o competitividad.

- Los tres países optaron por buscar propuestas que no tuvieran costos políticos internos. No se incluyeron programas de combate a la pobreza, de migración, ni fondos para el desarrollo de la infraestructura. En los capítulos de prosperidad, en concreto, “se trata de facilitar el trabajo a los exportadores”, explica Ángel Villalobos, subsecretario de Negociaciones Comerciales.

- Todas las industrias vinculadas con el sector exterior entrarán a esta negociación a partir de septiembre, en un esfuerzo que aspira a revitalizar la relación trilateral en decenas de mesas de trabajo.

- “Es comparable a la negociación del TLCAN por la cantidad de aspectos que aborda”, afirma Pedro Fernández, presidente de la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ), que reúne a 200 empresas mexicanas y extranjeras que suman ventas de $12,367 millones de dólares, y una de las más afectadas por los controles de seguridad.

- La ANIQ quiere aprovechar la oportunidad y participará en seis de las mesas planteadas en los anexos de la Aspan en los próximos dos años, desde negociación energética (que toca análisis de prospectiva), a medio ambiente y facilitación de clima de negocios.

- El principio que rige a la Aspan es “alinear burocracias”, en la idea de que sólo los procedimientos compatibles entre los países garantizan el éxito. Los alcances dependerán de lo que cada sector negocie en su mesa. “Esta Alianza está diseñada para ser un proceso dinámico y permanente, y los planes de trabajo sólo son un primer paso”, afirma el documento firmado por los secretarios de Gobernación, Economía y Relaciones Exteriores de los tres países y presentado en junio en Ottawa por los presidentes Vicente Fox, George W. Bush y el primer ministro canadiense Paul Martin. Los responsables de cada área (los secretarios de estado correspondientes) deberán entregar reportes semestrales a los mandatarios sobre los logros obtenidos. La agenda puede modificarse en el camino, apuntan las fuentes consultadas.

- Los anexos presentan calendarios muy precisos. Por ejemplo, la fijación de mecanismos de coordinación de inocuidad alimentaria (es decir, los controles sobre los productos alimenticios que determinan que son aptos para el consumo humano) arranca en marzo de 2006 y concluye en septiembre de 2007. Este punto quiere reducir al máximo la multiplicidad de pruebas  para crear un sistema de ventanilla única para los productores de los tres países.

- “Es importantísimo que no sean relaciones de secretarios o presidentes, sino entre grupos de trabajo. En las cumbres no se aterriza nada”, explica Rosendo Vallés, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Textil. Se han fijado mesas de comercio electrónico, tráfico aéreo, telecomunicaciones, la supervisión financiera o el acceso a las bolsas de valores, entre otras muchas.

- ¿Sirvió el TLCAN?
La Aspan quiere revitalizar un tratado con muy mala fama, en la que existe una disparidad entre la opinión pública y la visión de muchos economistas y exportadores. Los efectos positivos de la actividad comercial trilateral se perciben, a más de 10 años de vida del TLCAN, en los seis estados fronterizos. En la primera década de vida crecieron en PIB y en número de empleo formales por encima de la media mexicana. Lo mismo puede decirse de estados con alta actividad exportadora como Guanajuato o Aguascalientes.

- Esta mala fama responde a que, según varios especialistas consultados, el tratado no pudo desarrollar todo su potencial. Generó comercio e inversiones –las metas marcadas originalmente–, pero sus efectos se vieron truncados. La crisis de 1995, la restricción del crédito a las pequeñas y medianas empresas que siguió a ésta (el crédito comercial se recortó de 39% del PIB en 1993 a 21% en 2003) y la falta de reformas energética, fiscal o de defensa del estado de derecho que impulsaran la competitividad  impidieron que sus beneficios, limitados como se previeron, se expandiesen.

- Hoy, mientras varios  países llaman a las puertas de Estados Unidos para pedir un tratado como el de México, la relación con el vecino del sur se convierte de nuevo en pieza estratégica para Canadá y Estados Unidos. Las condiciones han cambiado. 

- El mundo se está repartiendo en bloques comerciales. Los países asiáticos habrán alcanzado su madurez económica entre 2020 y 2030. Ya en 2003 China fue el primer receptor de inversión extranjera, por encima de Estados Unidos, país al que ha sustituido como principal consumidor de materias primas del mundo. La mayor integración del bloque norteamericano, con sus 425 millones de habitantes y un Producto Interno Bruto de $12.4 billones de dólares, permitirá competir en el largo plazo con China o la Unión Europea.

- México tiene mucho que ofrecer: mano de obra joven,  frente al envejecimiento de la población en Canadá y Estados Unidos; una posibilidad de inversión para las empresas, de menor riesgo que los países asiáticos, y por supuesto, una cercanía idónea para esquemas de producción ajustados.

- Una oportunidad… con omisiones
Las negociaciones para establecer el nuevo marco de seguridad y competitividad común arrancaron en 2001. Aunque el punto de partida era el temor de Estados Unidos a un ataque terrorista,  el objetivo se hizo mucho más ambicioso a petición de México y Canadá: avanzar en la integración iniciada en 1994.

- “Es más que una oportunidad para actualizar el TLCAN”, afirma Eduardo Sojo, coordinador de la Oficina de Políticas Públicas de la Presidencia y de la negociación de la Aspan, que involucra a 22 dependencias gubernamentales. “La Aspan representa un relanzamiento de la agenda de América del Norte, que se había mantenido pasiva desde la entrada en vigor del tratado. El TLCAN es un instrumento que (sólo) regula el comercio de bienes y servicios, así como la inversión extranjera. La Aspan (en cambio) contempla acciones sustentables en tres pilares: prosperidad, seguridad y calidad de vida. Es un proceso de gran visión para unificar esfuerzos aislados y canalizarlos hacia un marco regional de América del Norte”.

- Había trabas inevitables en la negociación. Los asuntos más cargados políticamente se dejaron a un lado para plantear políticas viables, aunque las mesas negociadoras podrán modificar la agenda.

- Hay esfuerzos comunes a varias industrias: los tres países trabajarán en reducir los costos regulatorios que asumen las empresas. Se intentará hacer compatibles las normas y estándares técnicos de industrias como la agroalimentaria, la de telecomunicaciones, la automotriz o la de electrodomésticos, así como la regulación financiera o de protección al consumidor, acciones que terminarán en 2007. Todo ello permitirá a las industrias ahorrar, desde el momento en que, como se aspira a lograr en el sector alimentario, habrá una ventanilla única para toda Norteamérica.

- A nivel sectorial, se promoverá la integración regional y la mayor competitividad de industrias como la del acero, la automotriz o la textil, donde la complementariedad ha permitido mayor colaboración entre las industrias de los tres países.

- Se quiere también flexibilizar el uso de reglas de origen, las que establecen qué porcentajes de los insumos de un producto son región TLCAN y, por tanto, merecedoras de arancel cero, un proceso que se concluirá en mayo de 2006. Es un tema delicado pero, por ejemplo, permitirá a la industria textil sumar el rayón de viscosa, que no se produce en América del Norte, a los insumos que puede declarar como “región TLCAN”.

- Los problemas logísticos generados por los cuellos de botella en la frontera fueron uno de los pilares más importantes de la Aspan. Ya se acordó la construcción de seis nuevos carriles rápidos para 2006. Ese mismo año México y Estados Unidos trabajarán en la implementación de un servicio seguro de cruce fronterizo conmutado entre El Paso y Ciudad Juárez.

- Entre las novedades se encuentran avances en capítulos no comerciales, “incluidos por primera vez en un acuerdo trilateral”, afirma Sojo: el estrechamiento de los lazos educativos, con promoción de los estudios de maestría y doctorado en Estados Unidos (hay 60,000 estudiantes chinos en Estados Unidos, sólo hay 18,000 mexicanos) o prácticas comunes en prevención de salud y medio ambiente. También se estudiará cómo mejorar el tránsito de profesionistas y técnicos en la región.

- No todo son celebraciones. Muchos de los representantes empresariales supieron de la existencia de la Aspan apenas cuando se presentó, lo que generó críticas inmediatas. “Se trata de un documento con gran impacto en comercio exterior, política exterior y política interna, que tiene un trabajo previo de años para el que no contaron con el sector privado”, dice Alina Aldape, vicecoordinadora de la Coordinadora de Organismos Empresariales de Comercio Exterior (Coece), un foro creado en 1992 como interlocutor empresarial ante el gobierno para la negociación del TLCAN. El gobierno considera que su involucramiento debe comenzar ahora, en las mesas.

- En realidad, varios grupos trilaterales de trabajo de la sociedad civil o del sector privado iniciaron conversaciones paralelas a las negociaciones en busca de propuestas imaginativas aplicables y que, a la vez, tuvieran la libertad de ir más allá del estrecho marco en que se movían sus gobiernos. Es el caso del Grupo de Trabajo Independiente encabezado en México por Pedro Aspe, secretario de Hacienda entre 1988 y 1994 .

- “Si somos justos había que partir de reconocer que los dos objetivos del TLCAN: elevar el comercio y la inversión, se lograron. Pero que hoy había que enfrentar condiciones nuevas”, señala Pedro Aspe, presidente de Protego, un despacho asesor financiero y casa de bolsa. “Teníamos que pensar en temas diferentes, pasar a la segunda etapa, hablar de competitividad, de inmigración, de infraestructura, de energía y, en México, de desigualdad regional”. Muchos de estos temas no llegaron a la agenda del Aspan, pero la creación de un debate (véase recuadro) estableció vínculos para el largo plazo.

- Otro grupo fue el Compact for North American Competitiveness, encabezado en México por Eugenio Clariond, presidente ejecutivo del grupo siderúrgico Imsa, y con James Jones, ex embajador en México, como contraparte estadounidense.

- “Vimos dónde avanzar en distintos capítulos donde la legislación no nos estorbe, y uno es  más fluidez de logística”, explica Clariond.

- Una industria de América del Norte
La integración regional que tanto se cacarea es ya una realidad en algunos sectores. En estos casos, la Aspan no hecho sino impulsar una cooperación mayor entre los representantes sectoriales de los tres países. “La industria siderúrgica de Norteamérica es una en las que la apertura e integración han sido bastante positiva, porque no hay diferencias de subsidios entre países”, explica Clariond. “Ya estamos especializándonos en algunas cosas y tratando la distribución regional de los productos”.

- Lo mismo sucede en el sector automotriz, que en septiembre estrenará un Consejo Automotriz de América del Norte. Las principales propuestas de la Aspan para esta industria tratan de dinamizar el paso en frontera, como los carriles fast. “Sería una agilización de trámites, y además aseguraría que los embarques de origen, ya sellados, tienen ese proceso de seguridad que exigen Estados Unidos y Canadá”, explica César Flores, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (amia). Su intención es llevar a las mesas la principal preocupación: los autos ilegales, “tienen que ser reconocidos por Canadá y Estados Unidos para tomar medidas a nivel regional”.

- Rosendo Vallés, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Textil (CNIT), considera que la Aspan es una “noticia extraordinaria”. Como representante de uno de los sectores que más golpeado ha sido por la competencia asiática, y que perdió 250,000 empleos en los últimos cinco años, piensa que “la competencia no la puede dar un solo país, pero si nos unimos podemos tener una velocidad de respuesta, consolidar una moda en México. Y es algo que ya estamos haciendo”. El Cafta permitirá a la industria mexicana integrar sus procesos con Centroamérica, donde la mano de obra es más barata, sin perder las ventajas arancelarias. “Eso nos permitirá competir con China”, dice Vallés, también director general de Convertex, una compañía familiar que fabrica hilados de acrílico y poliéster.

- Los textileros han denunciado desde hace años la existencia de cargamentos textiles y de vestido llegados a Long Beach y que ingresan a México con etiquetado de Hecho en Estados Unidos. Es decir, con cero arancel. La Aspan les ofrece la posibilidad de integrarse más a la estructura de producción regional.

- “En reglas de origen tenemos que ser muy cuidadosos”, apunta Arnulfo Gómez, catedrático de la Universidad Anáhuac y del ITAM y asesor del Consejo Mexicano de Comercio Exterior. “Los intercambios entre los tres países seguirán creciendo, pero en 1993, el total de insumos extranjeros reexportados por México era de 41.2%, y en 2004, esta cifra ascendió a 52%”.

- Faltó ambición
La Aspan es un acuerdo eminentemente regulatorio con enormes consecuencias para todos los sectores en mejora de tránsitos fronterizos e integración de industrias, pero no se atrevió a ir más allá.

- “Faltó mantener el equilibrio entre prosperidad y seguridad”, afirma Andrés Rozental, vicepresidente del Grupo de Trabajo Independiente. “Era importante reforzar ese binomio y convencer a Canadá y Estados Unidos de que sin uno, no hay lo otro”.

- Por ejemplo, no se revisó al Banco de Desarrollo de América del Norte (NAD Bank, por sus siglas en inglés), fundado en 1994 para potenciar el desarrollo regional. Dotado con un capital de $300 millones de dólares, ha financiado e impulsado obras de infraestructura básica de agua, drenaje o basuras, entre otros, en la frontera. La Aspan no le atribuye un mayor papel, pese a las importantes carencias en infraestructura de México.

- “Somos los primeros en pensar que puede haber un potencial importante para el crecimiento del banco”, afirma Raúl Rodríguez, su director general, un hombre de Tamaulipas con carrera en el Banco de Comercio Exterior (Bancomext). “El punto va a depender de lo que los gobierno quieran hacer, nuevos gobiernos federales y gobiernos estatales”.

- Entre los aspectos a mejorar, admite Gerónimo Gutiérrez, subsecretario de Relaciones Exteriores, están la articulación entre el sector privado y público respecto de la agenda de América del Norte, así como, ante su mala fama, explicar públicamente la conveniencia de profundizar en la nuestra. “Los tres países han atravesado por contextos políticos muy específicos que compiten con la atención pública: guerra al terrorismo, operaciones militares, proceso de transición, elecciones en Canadá. No ha sido un contexto fácil para desahogar una agenda”, explica Gutiérrez.

- El resultado de las mesas definirá el futuro de la competitividad en Norteamérica. El simple hecho de que haya un recinto consular estadounidense en Cancún, por ejemplo, podría “multiplicar por dos el número de destinos, y multiplicar el valor de Cintra por 10”, explica de la Calle. “Además detonaría una industria de exportación en el sureste de México”. Lo mismo podría aplicarse al puerto de Progreso, Yucatán, si se enlazara por ferry con Pensilvania, Florida.

- Las negociaciones empezarán para muchos sectores en septiembre. La participación activa en las mesas definirá el futuro de industrias completas. Sin duda, Asur, y todo el sector aeroportuario mexicano estarán allí para pelear su competitividad, con la esperanza de no hacer filas de espera como en una aduana estadounidense.

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