Un hombre de palabra

Salón del empresario 20003
Lolbé Corona

DOMINGO MARTÍ
(1917)
Grupo Martí

- Domingo Martí Fortune lleva su apellido con mucho orgullo. El árbol genealógico de la familia registra que su patronímico proviene de su abuela, que era sobrina del padre de la nación cubana: José Martí.

- El poeta y escritor caribeño marcó tan profundamente al fundador de la casa deportiva que éste dedicó parte de su juventud a conocer su vida y obra.

- Lector incansable, Mingo –como le llaman familiarmente– tiene a sus más de 80 años varias pasiones en la vida: le gusta viajar ligero, con una pequeña maleta y dos libros; disfruta los dulces típicos mexicanos, desde los muéganos hasta los merengues; y le fascinan los deportes, en especial la gimnasia.

- Solía levantarse a las seis de la mañana y correr hasta 12 kilómetros diarios en el Bosque de Chapultepec. Después llegaba a su oficina en la calle de Venustiano Carranza, se daba tiempo para platicar con la gente que le saludaba al pasar y después del medio día, religiosamente, iba al banco a depositar las ganancias de la jornada anterior.

- La disciplina ha sido una regla en su vida. El amor por el orden se le marcó como con fuego en la piel durante su estancia en Inglaterra. Su padre, Domingo Martí Riera, fue de la idea de que estudiara comercio en tierras de Shakespeare, donde él se topó con su primera oportunidad en el mundo0 de los negocios deportivos. En tiempos de la Revolución Mexicana, su progenitor trabajaba en una empresa inglesa distribuidora de productos relacionados con el ejercicio, que tenía un local en la ciudad de México. Su dueño le informó que pensaba bajar la cortina del establecimiento y regresar al Reino Unido. Martí padre  ofreció comprarlo y sellaron un pacto de palabra con un fuerte apretón de manos. Cuatro años más tarde, el empresario viajó al otro lado del Atlántico para entregar personalmente el último pago.

- A raíz de esa experiencia, la confianza fue el valor que Martí padre más apreció y que Domingo hijo aprendió a aplicar en su vida diaria. Lo único que lo hacía enojar era que alguien le traicionará.

- Para Domingo Martí, la perfección es la meta. “Un hombre ISO 9000”, como lo define su hijo Alejandro –ahora al frente de la firma–, que no descuidó el trato con sus empleados y con las personas en general. De hecho, de esa forma conoció a su esposa, quien trabajaba como dependienta en un comercio cercano a su oficina.

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- Aunque a su primer negocio, una tienda de dulces, le llamó “Jauja” –como el legendario país de la abundancia–, a Mingo no le gustan los lujos. Siempre ha vivido de manera modesta: él mismo cargaba las cajas de material y las transportaba en su vieja Brasilia, que hoy en día sigue siendo su adoración. Eso sí, le gusta ir bien vestido: su traje y su sombrero siempre están impecables. Extrañamente al dueño de Deportes Martí nunca se le vio vestir deportivamente.

- Su mayor orgullo en la compañía fue asesorar al Comité Olímpico Mexicano en la compra de equipos para la realización de los Juegos de 1968. Gracias a esta experiencia se le ocurrió crear la primera tienda de autoservicio en Villa Olímpica, que después se convirtió en un gran éxito comercial.
Aunque se retiró por problemas de salud y se fue a vivir a Estados Unidos, nunca dejó de sorprender a sus cuatro hijos. Cierto día uno de ellos fue a verlo al hospital,  con la secreta misión de llevarle merengues de contrabando… para recordar los viejos tiempos y los dulces sabores mexicanos. Así es Domingo Martí, quien a sus 86 años cosecha hortalizas en su casa y aún siente especial devoción por los versos de José Martí.

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