Un mal, dos medicinas

Para el siguiente año, Estados Unidos cuenta dólares y México centavos.
Dorothy Walton

Con la recesión –que bien podría ser mundial– encima, la administración de Vicente Fox mandó al Congreso un proyecto económico sumamente austero para 2002. En el vecino país del norte, mientras tanto, se están discutiendo recortes de impuestos e incrementos de gastos que podrían constituir un estímulo fiscal hasta de 1.75% del Producto Interno Bruto (PIB).

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A diferencia de México "allá, la pregunta es: ¿qué hacer con el superávit [presupuestal]?", dice el analista Óscar Vera. El país, con años de déficit en el pasado y deuda que vence en el futuro, no tiene el mismo "problema" que la unión americana.

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Además de un excedente de varios ciclos, ésta tiene dos décadas de estabilidad de precios –anota Manuel Sánchez, director de Estudios Económicos de Grupo Financiero BBVA-Bancomer–, "así que hay cancha para extralimitarse un poco en política fiscal y monetaria".

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Algunos especialistas coinciden en que México necesita un superávit de 4% del PIB en 2004 con el fin de enfrentar la deuda contingente, incluyendo la del rescate de las carreteras, la recapitalización del IMSS, los Pidiregas y los platos rotos del Fobaproa.

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Estados Unidos también espera contingencias. La mayoría de los Baby Boomers empezará a cobrar su seguro social en los próximos años. Ahora no es el momento, según muchos economistas, de enfocarse en planes de protección de su hasta hoy sagrado sobrante. En 10 años o menos, sin embargo, esta situación también podría convertirse en una bomba fiscal, igual que la mexicana.

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