Un negocio sin mexicanos

Un coreano replica en los Angeles un pueblo mexicano. Cuando el boom latino lo aprovechan otros.
Sam Quiñónez

Se llama plaza México, las fachadas de sus edificios están pintadas de amarillos, azules y verdes pálidos. En el centro comercial hay una réplica del reloj del Palacio de gobierno de Guadalajara, hecho con piedra importada de Tlaquepaque. Una estatua de Benito Juárez -donada por el gobernador de Oaxaca- junto a un altar a la Virgen de Guadalupe, ocupan un pequeño espacio: reproducción de la Plaza Tapatío en Guadalajara.

- Los desarrolladores del centro cuidaron cada detalle y llegaron al extremo de contratar a un arquitecto de San Miguel de Allende, Guanajuato, como consultor. El estacionamiento de Plaza México a menudo es escenario de eventos de emigrantes, tales como la Semana Jalisciense, la Guelaguetza y el Grito de Independencia.

- “En Los Ángeles los chinos tienen su Chinatown, los japoneses su Little Tokio, los coreanos Koreantown, y los vietnamitas Little Saigon. Hay entre cinco y seis millones de mexicanos en L.A. y no tienen algo similar”, advierte Donald Chae, desarrollador de Plaza México. Chae es un emigrado coreano que se hizo cargo del centro cuando era un mercado de segunda mano. En vista de que la mayoría de sus clientes eran mexicanos, empezó a transformarlo hace tres años en lo que es hoy.

- Chae encarna una tendencia casi inadvertida en este enorme nicho de mercado: muchas compañías dedicadas a ese segmento en Los Ángeles no son propiedad de mexicanos. Los grandes negocios concentrados en el mercado latino a menudo son propiedad de emigrantes de otros países. Coreanos, árabes, iraníes e israelitas, entre otros, han construido su sueño americano con dólares de mexicanos.

- De fiesta en siesta
“Me sorprende que otra gente aproveche nuestro mercado y nosotros no. Estamos dormidos”, reclama Fernando Pedroza, emigrado mexicano con ciudadanía estadounidense y ex alcalde de Lynwood. Aproximadamente la mitad de la minoría habla el castellano como su idioma principal. El poder adquisitivo del mercado latino –conformado principalmente por mexicanos, mexicano-estadounidenses y en menor proporción centroamericanos– es enorme. Este fenómeno ha abierto grandes oportunidades de nuevos negocios. No obstante, los únicos comercios mexicanos con presencia en Los Ángeles son Gigante y Famsa.

- Los mexicanos en EU han abierto miles de negocios para servir a sus compatriotas, pero tienden a ser pequeños establecimientos familiares: mercados, panaderías, taquerías, restaurantes, tiendas de ropa y de discos. Unas cuantas se han hecho grandes. Pedro Rivera, oriundo de Sonora, es propietario de Cintas Acuario. Rivera ha construido un emporio de narcocorridos. Liberman Broadcasting, propiedad de una familia veracruzana, posee seis estaciones de radio y televisión.

- Esta es la excepción, no la regla. Otros emigrantes aprovechan el potencial del mercado mexicano, mucho mejor que ellos mismos.

- El Gallo Giro, por ejemplo, un restaurante propiedad del francés Charles Bonaparte, cuya sucursal en Huntington Park está considerada la de mayor ocupación por metro cuadrado en la ciudad y que forma parte de una cadena de ocho establecimientos que sirven tortillas, pozole y agua de tamarindo.

- La Curacao comenzó como un pequeño detallista de electrónicos para centroamericanos hace 20 años en el centro de Los Ángeles. Hoy ha incrementado su oferta a muebles y otros artículos, en cuatro tiendas departamentales y dos en proceso de apertura para este año. Su lema es “Un poco de tu país”. La firma envía mercancías a familias de inmigrantes en México y Centroamérica. Sus propietarios son los israelíes Jerry y Ron Azarkman. También son dueños de la franquicia de Pollo Campero, una cadena de pollo frito al estilo de Guatemala.

- Curacao surgió como repartidor de lácteos para convertirse en uno de los productores de queso mexicano más grande en EU. La empresa emplea cerca de 600 personas en todo el país. Fue fundada en 1973 por Gilbert de Cárdenas, emigrado cubano. Actualmente la firma tiene oficinas en las dos costas estadounidenses y planea una ampliación al medio oeste. “Hay migración (mexicana) de California al medio oeste,” comenta María de Cárdenas, hija del fundador y vocero de la firma. “Tenemos que estar donde quiera que vayan”

- Un área donde los mexicanos han logrado consolidarse es en la de cadenas independientes de supermercados para sus paisanos: El Tapatío, Vallarta, Northgate, entre otras. Sin embargo, incluso esta industria que demanda un conocimiento detallado de los gustos y la cultura, no está dominada por mexicanos. Al menos el mismo número de cadenas independientes en la región son de coreanos, indios, iraníes y judíos. Todos ellos han aprendido español así como la preparación de chorizo y tortillas.

- “Al negocio de abarrotes se le llama el negocio de los emigrados”, afirma Mike Shalabi, palestino que tiene 13 tiendas de saldos R Ranch Markets. Habla español con fluidez. “Es intensivo en mano de obra. Cuando llegas aquí con cuatro o cinco hijos y esposa, les puedes dar trabajo en un supermercado. Esta es una de las razones por la que ese tipo de negocio atrae a emigrantes.”

- El vendedor de botellas de agua purificada Water Stores provee a los latinos adversos a tomar agua de la llave. La industria reporta un estimado de $3,000 millones de dólares en ventas anuales. El producto está disponible en toda el área de Los Ángeles y muchos de los puntos de venta son de asiáticos. La más grande es Wateria, con 30 establecimientos, 15 de ellos franquicias. Soek Kim, empresario coreano, es su dueño.

- El sur de California está lleno de mercados de segunda mano –zapatos, ropa, discos compactos y más– que hacen ver la zona como un tianguis en la ciudad de México. La mayor parte de estos negocios no son de mexicanos, sino de todo el mundo. Sólo los clientes son predominantemente mexicanos.

- Negocio y carnaval
Uno de los ejemplos más extraños de este fenómeno es Ted Holcomb, quien no habla español. Holcomb organiza carnavales en varias ciudades y centros comerciales en el sur de California. Hace 10 años, Holcomb era promotor de centros comerciales. Se dio cuenta que los espectáculos para la gente blanca no tenían gran éxito, mientras que la banda de mariachi más pequeña atraía a cientos de personas.

- Estudió el nicho de mercado y desde 1996 se dedicó de tiempo completo a hacer carnavales al estilo de México. Sus espectáculos son réplicas de las tradicionales fiestas patronales de los pueblos. Vendedores mexicanos ponen puestos con nombres como Tacos Acapulco, que ofrecen pepinos con sal y chile, tacos al pastor y agua de jamaica. También se venden compactos de música norteña y bandas.

- “Es a lo que están acostumbrados”, dice Holcomb, que trata de aprender español con casetes. “Se parece a casa, lejos de casa. Quieren un lugar donde todo mundo hable español, y haya entretenimiento en vivo todo el fin de semana. En Disneylandia el papá no se puede sentar a tomar cerveza y comer tacos mientras sus hijos se entretienen, es un lugar caro.”

- Una de las razones por las que Holcomb, Chae y otros han encontrado este nicho, es que las compañías a las que están habituados los mexicanos no se han aventurado a penetrar Los Ángeles. Chae ha visitado México muchas veces para invitar a grandes detallistas y restaurantes a estar en Plaza México. Ninguno ha venido.

- Chae cree que muchas compañías en México son complacientes: “Hay unos 15 ó 30 de los mexicanos más ricos, dueños de compañías y sin ninguna necesidad. Son proteccionistas, no permitieron que los de afuera entraran a México. Como se sienten dueños del mundo, no necesitan arriesgar nada”.

- El gigante crece
Los que han venido encuentran que competir por dólares de inmigrantes mexicanos en EU es diferente a competir por pesos de clientes en su país. Gigante, por ejemplo, ha tenido que aprender las sutilezas de mercadear para inmigrantes compatriotas. La cadena se estableció aquí en 1999 y ya abrió su quinta tienda en Anaheim, al sur de Los Ángeles.

- Descubrieron que sus paisanos, que llegaron como campesinos pobres, generalmente tienen más ingreso disponible que cuando estaban en México. Además, en EU, se acostumbran a un mejor servicio y a comercios que compiten ferozmente por sus dólares. Así es que en Estados Unidos son consumidores más selectivos.

- Gigante le está apostando al consumidor latino con mayor poder de compra, que el supermercado considera está desatendido.

- La compañía ha remodelado sus tiendas y cambiado su oferta de productos, a decir de Justo Frías, director de Operaciones para el sur de California.

- Sin embargo, autoridades de Anaheim bloquearon la entrada de la firma mexicana por varios meses, alegando que atendería demasiado a los clientes latinos. “No les dieron buen trato” dice un agente de medios. “Pero Gigante no llegó con la actitud adecuada. Tienes que saber darle la mano al alcalde y saludar al inspector de incendios”.

- Después de meses de negociaciones la ciudad cedió. “Fue simplemente desconocimiento. No tenían idea de quiénes somos, cómo operamos. A veces la falta de conocimiento se transforma en miedo. Últimamente han sido fantásticos. Tenemos muy buena relación”, dice Frías.

- Sólo unos cuantos mexicanos, como Gigante y Famsa, la mueblería, han entrado a Los Ángeles. Parece que nuestros compatriotas no existen en el mundo de los negocios. Por ejemplo, no hay bancos propiedad de ellos según Chae. Los inmigrantes chinos y coreanos han abierto más de una docena. “¿Por qué no están los mexicanos en el mundo de los negocios? ¿Por qué sólo incursionan en llanterías y taquerías?”, pregunta Chae.

- Entre las razones que los observadores citan están la falta de cultura empresarial, que les permitiría tener grandes planes. Su desconfianza hacia los bancos se traduce en que carecen de la historia crediticia necesaria para obtener préstamos. Muchos mexicanos también pueden estar más interesados en regresar a casa algún día, en vez de echar las raíces que se necesitan para administrar un negocio grande. Algunos temen que iniciar un negocio en EU sea tan difícil como en México y nunca empiezan.

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- Irónicamente otro factor puede ser el tamaño de la ciudad. Es tan grande que un mexicano puede vivir en Los Ángeles como en México. Aislados de EU, no tienen que cambiar sus viejas formas de pensar en cuanto a los negocios o aprender cómo crecen las empresas en Estados Unidos.

- “Siempre estamos demasiado cómodos… con un trabajo o negocio pequeño. No tenemos una visión más amplia”, reflexiona Pedroza. “Decimos, ‘para qué quiero dolores de cabeza… tengo un ingreso fijo. No quiero crecer o estar en riesgo de perder todo’. Muchos comerciantes nunca tuvieron la oportunidad en México. Cuando están aquí, piensan igual”, concluye.

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