Un papel mal entendido

El rol de los empresarios en la economía es fundamental para que este país funcione todos los día
Pablo Peña

Hace cuatro siglos, René Descartes formalizó una vieja idea sobre la naturaleza humana que sigue siendo popular: la dualidad entre la mente y el cuerpo. Una parte es racional, la otra es pasional, y están en constante tensión. Recientemente, la neurobiología ha mostrado que esa dualidad es una representación incorrecta.

- La mente y el cuerpo operan en colaboración y no en tensión, juntos y revueltos. La mente responde a lo que pasa a nivel químico en el cuerpo (por ejemplo, al usar antidepresivos) y el cuerpo responde a lo que pasa en la mente (los estímulos intelectuales crean nuevas sinapsis en el cerebro).

- Quizá porque las historias simplistas son más populares, la sociedad también ha sido representada como la lucha constante entre dos partes: empresarios y trabajadores. Aunque no hay escáneres para la sociedad como los hay para el cerebro, hoy los economistas pueden usar microdatos para mostrar que esa lucha es una representación incorrecta. En lugar de forcejear para repartirse ganancias limitadas, los empresarios y los trabajadores colaboran para crear valor.

- Tristemente, en México persiste la imagen simplista del conflicto. La encuesta ‘Lo que dicen los pobres’ muestra que una de cada 10 personas en condiciones de pobreza cree que los principales responsables de los problemas sociales son los empresarios. ¿Por qué está mal entendido el papel de los empresarios?

- Primero, algunas autoridades promueven una imagen distorsionada. Por ingenuidad o por incompetencia, representan a los empresarios como incapaces. Considera la reforma a la Ley Federal del Trabajo que algunos legisladores propusieron hace unas semanas.

- La propuesta obligaría a cada empresa a crear una ‘comisión mixta’ con sus trabajadores, para que se les ocurra cómo incrementar la productividad. Entre líneas, la propuesta supone que los empresarios tienen bajo sus narices la receta para ganar más y no la ven, y que los legisladores ‘sí la ven’.

- Segundo, los ciudadanos están desinformados. Una vez vi a una persona en el supermercado que al ver su cuenta dijo: “¡Sólo quieren hacer negocio!”. ¿Por qué puede parecernos reprobable que los empresarios quieran lucrar? Quizá porque en la escuela nos enseñan la lógica del pastel de tamaño fijo. Si el pastel tiene un tamaño fijo, las ganancias de los empresarios son a costa de las rebanadas del resto.

- A lo mejor otro gallo nos cantaría si en la escuela nos explicaran cómo funcionan los mercados en las economías más desarrolladas en lugar de cómo los hacendados cuasi-esclavizaban a los campesinos con las tiendas de raya en el México prerrevolucionario.

- Tercero, las cúpulas empresariales no promueven un entendimiento del papel de los empresarios. De hecho, parece que quieren ayudar a desinformar. Quizá por paranoia, pintan un paisaje en el que la contribución del empresario a la sociedad es la creación de empleos. Resulta que tener una tintorería a la vuelta de la esquina no es valioso por la conveniencia de su servicio sino ¡porque genera tres empleos!

- Desde Edison (fundador de General Electric) hasta Zuckerberg (fundador de Facebook), los empresarios no buscan buenas ideas para crear empleos. Buscan buenas ideas para crear valor para la sociedad y beneficiarse de él. Si generan empleos o no, es un accidente. Parte de ser más productivo es crear más con menos recursos. ‘Menos recursos’ puede implicar menos mano de obra. La generación de empleos puede ser un beneficio colateral de la actividad empresarial. Pero no es su motivo. Su motivo es generar utilidades y para ello es necesario ofrecer productos o servicios que la gente valore. Los empresarios no tienen por qué disculparse ni darse golpes de pecho por querer lucrar. Tampoco deben alimentar el mito de la creación de empleos.

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- Un mal entendimiento del papel de los empresarios es campo fértil para intervenciones injustificadas del gobierno. Si los políticos promueven una imagen de incompetencia de los empresarios, y los consumidores no los ven con buenos ojos, las autoridades tienen la mesa puesta para lanzarse a arreglar lo que no está roto. Ése es un riesgo que los empresarios reducirían si al comunicar cuál es su papel se inspiran en las ideas de Adam Smith y no en las que salen de Los Pinos.

- El autor es doctor en Economía de la Universidad de Chicago y académico visitante en la Universidad Iberoamericana.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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