Un utopista decantado

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Fernando González Gortázar, años de sueños, 1965-1999. Arquitecto, urbanista y escultor monumentalista, González Gortázar extiende en el Museo Tamayo una obra asombrosa. Las enormes fotos, las maquetas y las esculturas de metal o piedra, subrayadas por otros elementos museográficos, dan cuenta de los destellos geniales de este artista jalisciense polifacético –en el sentido renacentista del término–, incrustados en sus soluciones espaciales y en los cuerpos regulares o irregulares que ha gestado.

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Su trabajo resume un dilatado canto geométrico a las propiedades de los cubos, de las pirámides, de las esferas. Como escultor ha llevado a cabo una búsqueda obsesiva en el corazón de los ángulos. En otros terrenos expresivos, el artista ha orillado las formas a sus límites mediante serigrafías (la serie “Maromas”), cerámicas, bronces (la serie “Homenajes”), o piedras volcánicas y mármoles con garras, o clavos (la serie llamada “Hallazgos”).

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Como arquitecto, González Gortázar ha incursionado en una variedad de proyectos que van desde unidades habitacionales y casas particulares hasta museos, como el de Dzibilchaltún, en Yucatán, plazas, como la Plaza Fuente, en Guadalajara, estaciones del Tren Ligero de Guadalajara, como la Juárez 2 y centros educativos, como el Centro Universitario de Los Altos, en Jalisco. Sus monumentos y proyectos urbanísticos, como se hace palpable en la muestra, ya son señas de identidad de muchos barrios de la Ciudad de México, de Madrid, España, y sobre todo, de Guadalajara. No se la pierda.

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