Una crisis tan dura como el cuero

Las tradiciones son de gran valor turístico, pero cuando se trata de producir con eficiencia, resul

Pasarán varios años para que la población se sensibilice respecto de la importancia de tener una planta como la de General Motors (GM) en su territorio, opinan analistas de Tecnos Consultores, una firma con sede en León, la ciudad mexicana más unida a la industria del calzado y que ahora atraviesa por serios problemas.

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“La GM —señala Daniel Brown, consultor de Tecnos— irrumpe con modelos de exigencia, calidad y competencia que hacen que el modelo vigente se tambalée. Asimismo, sus proyectos son muy agresivos e integrales: busca influir hasta en las escuelas técnicas, donde capacita profesores que formarán estudiantes, mismos que terminarán trabajando en todos los sectores.” Ejemplo de la modernización a la que debiera aspirar la industria local, GM ha abierto sus puertas a los empresarios, quienes pueden constatar la limpieza, el orden, los sistemas de entrega justo a tiempo y la ausencia de quejas de proveedores.

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“Esto es revolucionario en un estado de mucha cerrazón empresarial”, consideran los consultores, entre cuyos clientes se encuentran Bancomer, la cadena Fiesta Americana, la empresa del gobernador, Botas Fox, así como la Universidad Iberoamericana y el TEC de Monterrey. En León y sus alrededores predomina la monoindustria del cuero y el calzado, a la cual todos los demás sectores están íntimamente ligados. “Hasta la venta de autos y las inmobiliarias dependen mucho del zapato,” explica Roberto Bonilla, director de Tecnos. Eso explica el colapso total que se produciría si el sector cuero-calzado se viene abajo, y el porqué del valor de la diversificación que trae consigo la industria automotriz, “uno de los grandes aciertos de Carlos Medina”.

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Pero los problemas de ahora se generaron tiempo atrás. El empirismo con el cual se forjó la industria del estado, señalan, es razón de sus males actuales. “Conocían un modelo que les funcionaba, hasta la llegada del TLC y los cambios drásticos en el país. Las compañías de corte tradicional —la gran mayoría— se vinieron abajo.”

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Bonilla cuenta que hasta hace unos años, los padres ofrecían a sus hijos ponerles una “piquita” y no les permitían estudiar. Ahora detecta el surgimiento de una nueva generación —de entre 25 y 40 años— egresada de las universidades, “que llega a la empresa familiar, se enfrenta con esquemas obsoletos y barreras culturales, y termina separándose y fundando compañías con nuevas premisas”.

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El perfil de las empresas típicas familiares, a juicio de los entrevistados, es muy ineficiente en dos líneas: o no ven las oportunidades que se les presentan para exportar, para establecer alianzas y abrir nuevos mercados, o las dejan ir -debido a fricciones internas. No contratan personal calificado por miedo a que les hagan -sombra y para pagar bajos salarios. La maquinaria es obsoleta, rige una mala organización y falta -capacitación.

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Un aspecto importante para la creación de la nueva cultura empresarial, a juicio de los asesores, es la integración de las cadenas productivas. “Que el suelero no esté más contra el zapatero, éste contra el curtidor y éste a su vez contra sus proveedores.” Debe transitarse del -divisionismo actual al asociacionismo.

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El saldo es una infinidad de oportunidades perdidas. “Del extranjero llegan pedidos de 50,000 pares y los rechazan antes de pensar en unirse para cubrirlos. Lo peor es que esas oportunidades perdidas se van a otros países”, aseguran. Sin embargo, ya se están dando los primeros pasos hacia la unificación a través de cámaras y sociedades, impulsada por las nuevas generaciones. Esta unificación, si bien ha aportado beneficios, es aún relativa.

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No obstante, genera grandes expectativas la propuesta de un joven empresario, Roberto Solís, motor del certificado GTO 2000, quien se ha fijado como meta la reingeniería e integración de la cadena del calzado, así como producir 100 millones de pares anuales para exportación, adicionales a la producción anual regular, de aproximadamente 160 millones de pares. “Se trata —ilustran los -consultores— de una oportunidad de generación de empleos y divisas impresionante, y queremos ver cuál va a ser el apoyo real del gobierno estatal y de los mismos empresarios para un proyecto de esta magnitud —$500 millones de dólares.”

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A su juicio, Guanajuato es “tierra de oportunidades” y consideran que se está haciendo lo posible por no dejarlas ir.

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No obstante, consideran que el lema del gobierno de Fox, ‘Guanajuato tiene prisa’, se debe manejar con mucho cuidado, “porque vemos proyectos hechos al vapor, sentimos que hay descuido en la planeación”, derivada, piensan, de la presión política que tiene el gobernador por lograr un impacto rápido. “Ahí —insisten— sentimos que está su riesgo.”

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