Una iniciativa incompleta

La propuesta de reforma laboral que se discute en el Congreso está lejos de ser la propuesta que el
Armando Regil Velasco

Cuando la calidad de vida y el futuro de los ciudadanos está en juego, no existe pretexto que justifique una decisión a medias. Éste es el caso de la reforma laboral. El Congreso de la Unión está a punto de aprobar una reforma que, si bien sería un paso importante para generar condiciones de mayor flexibilidad, no es suficiente para resolver los problemas más arraigados en materia laboral.

- En los últimos 12 años, más de 330 iniciativas han tenido como propósito modificar la Ley Federal de Trabajo (LFT) que data de 1970. La iniciativa que ha logrado mayor consenso hasta ahora, es la que presentaron recientemente los legisladores del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Diputados de otros partidos, incluyendo el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Verde Ecologista (PVEM), así como el mismo presidente de la República, Felipe Calderón, y el secretario del Trabajo, Javier Lozano, han avalado esta iniciativa.

- Entre las coincidencias más evidentes están la flexibilidad en materia de contratación y despidos, así como la disminución del tiempo para procesar y resolver juicios laborales. Esto, de entrada, resulta positivo.

- Sin embargo, esta iniciativa está incompleta, pues en lugar de otorgar mayor libertad a los trabajadores, mantiene intactas las estructuras del mercado electoral que aseguran cuotas políticas a los partidos, con todo lo que esto implica. Los ciudadanos se preguntan: ¿El trabajador sigue siendo un medio para conseguir algún fin político o es el fin mismo de esta reforma? Hasta ahora todo parece indicar que la primera opción es la que sigue vigente.

- Ante esta situación en la escena política y la creciente indignación de aquellos que entienden las implicaciones de esta grave omisión, escuchamos voces que afirman: “De esto a nada, es mejor esto”. Los ciudadanos no merecen una respuesta de este tamaño que resulta imposible calificar. Lo que está en juego es ni más ni menos que el empleo, la calidad de vida y el futuro de millones de mexicanos que buscan mejores condiciones de vida.

- ¿Por qué los ciudadanos tienen que conformarse con las reformas que surgen como la ‘única opción posible’ cuando sabemos que no son precisamente la mejor alternativa deseable? Lo que separa la primera opción de la segunda es simplemente la voluntad de quienes toman la decisión y que, en teoría, deberían velar por los intereses y el bienestar de los mexicanos, pues para eso les eligió. Lo que provoca que esto siga sucediendo es la poca o a veces nula participación de la gente en los temas de la agenda nacional. Pocos son los que en realidad buscan participar a través de organizaciones sociales.

- No se puede celebrar la aprobación de una o varias reformas simplemente por el hecho de que se aprueben, ya que lo verdaderamente importante es el contenido. Habrá razón para aplaudir una decisión cuando realmente sea la opción deseable y no únicamente la posible.

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- Este proceso pone en evidencia la necesidad de que se apruebe otra gran reforma urgente para México: la reforma política. Ésta deberá generar las condiciones para que los ciudadanos tengamos más posibilidades de participar en la toma de decisiones, de hacer escuchar todas las voces y hacer valer las opiniones. Finalmente, las reformas pendientes están relacionadas y, por ello, es indispensable que, como ciudadanos, vigilemos cada paso que se dé en el Congreso. De lo contrario, seguiremos jugando a la simulación y la historia nos ha demostrado que no es precisamente la mejor decisión.

- El autor es presidente fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora (IPEA), primer think tank de jóvenes mexicanos emprendedores.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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