Una mancha que no se borra

Desbordado por la migración, el cinturón urbano y pobre de la entidad más poblada refleja la pola
Maurizio Guerrero M.

Hasta los primeros años de la década de los 50, el Estado de México (Edomex) fue el proveedor de granos básicos de la capital del país. Sin embargo, 10 años más tarde, inició su transformación en depositario natural del crecimiento demográfico del Distrito Federal (DF) y de sus problemas. El crecimiento degeneró en una desproporcionada mancha urbana.

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En la actualidad, el Edomex tiene el mayor crecimiento demográfico en el país y es punto de destino de migrantes procedentes del resto de los estados de la república, que al llegar se convierten en demandantes de servicios y empleos. A esa inercia poblacional se suma una enorme deuda, de casi $22,000 millones de pesos, que agobia a las autoridades locales y reduce el presupuesto destinado a programas sociales.

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Con la infraestructura industrial y comercial más grande de México, pero “con casi nueve millones de personas en la pobreza, la entidad es un microcosmos del país y un reflejo de su enorme polarización”, señala Jaime Fuentes, director del Centro de Estudios Económicos del Tecnológico de Monterrey (ITESM), campus Estado de México. La actividad industrial es el motor del desarrollo y su principal fuente de empleos. Sin embargo –añade– los empresarios nacionales aún no han sido capaces de enfrentar exitosamente la apertura a la inversión extranjera, en tanto que ésta no detona todavía la formación de cadenas productivas como estaba previsto.

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Con sus beneficios y desventajas, el destino de esta entidad ha estado ligado al del DF. El desbordamiento demográfico de la Ciudad de México, debido no tanto al incremento natural de la población como a la intensa migración nacional, se dio en dos etapas, según estudios académicos. En los años 60, los mayores flujos migratorios fueron del campo al centro de la capital, en tanto que una década después los habitantes de las zonas céntricas urbanas, del DF particularmente, iniciaron un flujo hacia las áreas periféricas. Como resultado, en los años 70 comenzó una descontrolada expansión en territorio mexiquense, que se convirtió así en un estado urbano. En 1985, los mexiquenses que residían en zonas urbanas ya representaban 85.5% del total, una proporción mayor al promedio nacional (73.5%).

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“La Ciudad de México, principal polo industrial del país, obligó a una acelerada urbanización y, a su vez, ésta desembocó en una industrialización todavía mayor”, señala Guadalupe Hoyos, investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

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El estado tuvo un saldo migratorio positivo de cinco millones de personas entre 1990 y 1994, según Juan Gabino González Becerril, académico de la UAEM especializado en estudios de planeación de población.

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“Fue como si en menos de un lustro se desplazara toda la población de Finlandia a un territorio 15 veces menor”. Para 1995, apenas cerca de la mitad de los residentes del Edomex había nacido ahí.

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Ese flujo migratorio lo convirtió en la entidad más poblada del país, con 13’083,359 de habitantes –según el Instituto de Estadística, Geografía e Informática (INEGI)–, el equivalente a la población de Suiza y Dinamarca juntos.

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El Estado de México está dividido en 122 municipios y la población se concentra en los 42 considerados como urbanos por el INEGI. En los 80 restantes, las actividades agropecuarias son preponderantes, aunque aportan menos de 3% al Producto Interno Bruto (PIB) estatal. Carlos Manuel Vázquez, director del Centro de Apoyo al Desarrollo del ITESM, señala que en las áreas rurales es donde se encuentra la población en condiciones de mayor marginación, en particular en aquellas que albergan a los aproximadamente 500,000 indígenas del estado, miembros de alguna de las cinco etnias originarias: mazahua, otomí, náhuatl, matlatzinca y tlahuica.

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El reto social derivado de esta dinámica demográfica, es que los individuos emigran de su lugar de origen por las limitaciones que padecían ahí de baja escolaridad y capacitación laboral, y por lo tanto generan mayor presión social porque demandan empleos, educación y salud subsidiadas, señala Fuentes.

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Los primeros municipios en resentir de manera acelerada y sin ningún orden los efectos de la intensa migración fueron los aledaños al DF, al oriente del estado, que alojan 69% del total de la infraestructura industrial estatal. Tlanepantla y Naucalpan, los más industrializados de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM), ya son regulados en cuanto a nuevas instalaciones, y el Valle Toluca-Lerma, con 11% de la infraestructura industrial, es el que ha absorbido la mayor parte de las inversiones desde hace una década.

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La tendencia actual es de crecimiento de las ciudades medias y adelgazamiento de las grandes metrópolis. Municipios de ZMCM, de grandes dimensiones en los 80, como Nezahualcóyotl y Valle Chalco-Solidaridad, ya no crecen, en tanto que de Naucalpan y Tlanepantla reducen su población. Ahora, el crecimiento se concentra en la capital estatal, Toluca, a 50 kilómetros de la Ciudad de México, lo que se evidencia en que durante el último lustro la demanda de energía eléctrica ha aumentado 50%.

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El progreso social se ha localizado especialmente alrededor de las modernas autopistas, los lugares más transitados, que se convierten en “eje aparador” de una “modernidad vistosa”, explica Hoyos. Sobre el Periférico se sitúa el imponente centro comercial Mundo E y, en la entrada a Toluca destacan su ordenado parque industrial y el paseo Tollocan.

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A pesar de que el Edomex cuenta con 15,000 kilómetros de carreteras, el desarrollo en la zona norte, poniente y sur ha sido escaso por su relativa lejanía de los grandes centros urbanos.

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El gobierno estatal, en un intento descentralizador, ha impulsado parques industriales en la zona poniente del estado: Atlacomulco, Santiago Tianguistenco, Tenango del Valle, Ocoyoacac, Jilotepec, Tenancingo, El Oro, Tejupilco, Aculco, Huehuetoca e Ixtlahuaca, mediante Fideparc, el fideicomiso que administra los parques industriales, con apoyo del gobierno y de particulares.

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Industria, detonador estatal
La industria ha sido el motor del crecimiento del estado desde hace por lo menos tres décadas. Su aportación al PIB industrial nacional aumentó de 8.6 a 10.5% entre 1970 y 1995. De acuerdo con Fuentes, aunque se carece de datos confiables y actualizados, la expansión industrial continúa puesto que la construcción, como indicador de la infraestructura productiva, se reactivó en 1999.

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La ventaja que ofrece el estado a los empresarios es la proximidad con un mercado de casi 22 millones de personas entre defeños y mexiquenses de las zonas conurbadas de la capital. Además, tiene la base industrial (40 parques), comercial y de servicios más importante del país.

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Los sectores productivos exportadores son: químico, automotriz, autopartes, cobre y sus manufacturas, plástico, maquinaria y equipos, cerámica, aparatos eléctricos, electrónicos y mecánicos. Existe también fuerte presencia de los sectores textil y de alimentos.

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Según Fernando Pandal, presidente de la Asociación de Industriales del Estado de México (AIEM), aunque “la industrial es la actividad formal que genera más empleo y más aportación al PIB, no ha sido suficiente para detonar el consumo de la mayoría empobrecida”.

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Para lograrlo, propone que se den estímulos fiscales a las nuevas inversiones; estrategias sectoriales y regionales; nuevos polos de desarrollo, y parques industriales mejor equipados. Eso compensaría la falta de planes de desarrollo a largo plazo, sostiene.

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Aunque existen más de 158 apoyos diferentes a las micro y pequeñas empresas –que representan más de 70% de la infraestructura industrial del estado–, reconoce Carlos Rello, secretario de Desarrollo Económico del Edomex, hace falta que los tres niveles de gobierno –federal, estatal y municipal– promuevan y difundan estos estímulos que, aunque no solucionarían los problemas de fondo, facilitarían las operaciones empresariales.

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El funcionario sostiene que “las grandes empresas no necesitan realmente del apoyo directo del gobierno porque ellos son sujetos de crédito y tienen tecnología de punta”. Generalmente, los beneficiarios de los estímulos fiscales han sido corporaciones con capacidad exportadora; son muy pocas las micro, pequeñas y medianas empresas que han recibido apoyos directos.

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La explicación es que las grandes corporaciones eran vistas como la locomotora del desarrollo estatal, que lograban a través de la creación de cadenas productivas con las empresas locales. No obstante, hasta el momento, “no hay cadenas productivas donde se cierre el círculo completo y se identifique la cabeza y el final de los procesos, unidos en una dinámica de retroalimentación. Aún son un objetivo y una ilusión”, señala Luis García González, presidente de Canacintra delegación Naucalpan.

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Desde que entró en vigor el TLC con América del Norte, han desaparecido muchas más empresas pequeñas mexiquenses de las que se han creado, asegura. Las multinacionales exigen a menudo a las compañías locales certificaciones de estándares internacionales que éstas no pueden cumplir por la falta de un programa real de gobierno de desarrollo de proveedores, que incluya soportes financieros y tecnología de punta.

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En opinión de Pandal, es preciso establecer un canal de comunicación con los inversionistas extranjeros (el Estado de México concentra 9.8% de los capitales foráneos en el país) que sirva para promocionar alianzas estratégicas y cadenas productivas.

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Obstáculos mexiquenses
González Becerril, de la UAEM, dice que “para aliviar la pobreza de seis millones de mexiquenses y la pobreza extrema de otros tres millones, se tendrían que crear más de 100,000 empleos anuales”, principalmente en las comunidades alejadas de los centros urbanos, con el propósito de que la población rural no emigre y que se abatan tiempos de desplazamiento y costos de transporte.

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En ese sentido, el mayor reto de la administración está en enfrentar con éxito la concentración compleja y las disparidades regionales, señala a su vez Hoyos. “Se debe dotar a los mexiquenses ubicados en los 80 municipios considerados como no urbanos –que crecen a razón de 1,000 personas por día–, de servicios como drenaje, electrificación, salud, educación y, principalmente, agua”.

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El Edomex es la parte más alta de la meseta central del país y por lo tanto la captación y distribución del agua es sumamente costosa. El  agua de la cuenca del río Lerma, prácticamente desecada, ha sido  destinada en su mayor parte a la población del Valle de México, que ahora se surte principalmente del sistema hidráulico de Cutzamala.

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El inconveniente es que para afrontar esos retos se cuenta con un restringido presupuesto. Al inicio de la anterior administración, en 1995, la deuda estatal equivalía a poco más de $4,000 millones de pesos; al actual gobierno, presidido por Arturo Montiel, le corresponde una deuda de casi $22,000 millones de pesos, lo que representa casi la totalidad del presupuesto anual estatal.

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Astolfo Vicencio Tovar, de extracción panista y presidente de la Gran Comisión de la Cámara de diputados del Estado de México, dice que es urgente reformar las leyes orgánicas de los poderes Legislativo y Judicial porque no funcionan o no se aplican y permiten la corrupción. La división de poderes, prosigue, ha sido un mito y el gobernador sigue teniendo mucha influencia en las decisiones legislativas y judiciales.

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El legislador denuncia que los rezagos legales y el control excesivo del Ejecutivo estatal han derivado en invasiones de terrenos –en muchos casos orquestados por organizaciones con vínculos documentados con el Partido Revolucionario Institucional (PRI)–, toleradas a cambio de apoyo electoral. Además, el llamado Grupo Atlacomulco, liderado por el político y empresario Carlos Hank González y cuya existencia es reiteradamente negada por sus supuestos miembros, ha influido permanentemente en las decisiones de gobierno en busca de su propio provecho, asegura Tovar.

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Con el objeto de evitar la corrupción y la pérdida de tiempo, señala Rello, es indispensable por lo menos simplificar los reglamentos que se deben cumplir para invertir. “Las reglas deben ser claras para que la gente que arriesgue su dinero y fomente el empleo sean los iniciadores de un círculo virtuoso que ayude a resolver los muchos problemas del estado”, concluye el funcionario.  

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