Una vencida pendiente

Algunos temas serán más consensuados, como la democracia sindical, y otros más debatidos, como la
María Hope

Hablar de reforma laboral en el contexto de un gobierno inédito de oposición es jugar a las adivinanzas. Si el PRI hubiera obtenido el triunfo en los comicios del 2 de julio, tal vez empresarios y trabajadores compartirían el mismo escepticismo: una vez más, no habría cambios de fondo. Pero ganó Vicente Fox y ese solo hecho complica el acertijo.

- El PAN, como se sabe, presentó en 1995 en el Congreso una iniciativa de reformas a la Ley Federal del Trabajo (LFT) que modifica cláusulas relativas a los derechos colectivos de contratación y de huelga, da a los patrones un margen mayor de maniobra para asignar turnos, mover de puesto a los trabajadores, despedir gente o contratar personal eventual, establece la libre afiliación sindical y la elección democrática de los representantes, y crea la figura del juez de lo social en sustitución de las Juntas de Conciliación y Arbitraje, entre otros cambios relevantes.

- Aunque entonces dicha iniciativa no llegó siquiera a comisiones, es probable que ahora, alentados por el triunfo de su candidato, y con otras dos propuestas casi a punto (el anteproyecto del PRD y el Código Federal de Procedimientos del Trabajo –CFPT–, elaborado por las cúpulas obrera y empresarial), los panistas la sometan otra vez a discusión, y las disputas en torno a una nueva legislación trasciendan los muros de San Lázaro y desencadenen conflictos de inesperada envergadura.

- Si bien los empresarios confían que los consensos construidos con el sector obrero oficial serán suficientes para apaciguar la eventual rebeldía de numerosos trabajadores, en los corredores de diversas agrupaciones sindicales se respira un aire de inquietud y desasosiego, cuando no de franca beligerancia.

- Pero el curso que sigan los acontecimientos en el ámbito laboral es incierto. Hay quien cree que dependerá, en buena medida, de lo que el Presidente electo haga a partir del 1º de diciembre, de hacia dónde incline la balanza y, sobre todo, de quien escoja como secretario del Trabajo.

- El propio Néstor de Buen, coautor con su hijo Carlos del marco jurídico original con el que el PAN quiere sustituir la ley vigente, expresa su reserva: “Yo en este momento no apostaría un peso ni a favor ni en contra ni nada… Primero veo. ” No obstante, antes de iniciar la entrevista, ya había dado su veredicto: “No habrá reforma laboral.”

- Tomás Natividad Sánchez, uno de los más tenaces impulsores de la llamada nueva cultura laboral desde las trincheras de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), advierte que el cambio es ineluctable, pero augura un largo proceso de incubación antes de que la LFT pueda ser modificada en su parte sustantiva “que es tan sagrada. ¡Es más fácil reformar la Constitución. Ésta tiene como 380 reformas y la ley no la podemos tocar, caray!”.

- Situados en polos equidistantes respecto del movimiento obrero, ninguno de los dos abogados descarta, sin embargo, eventuales modificaciones de fondo. Simplemente saben que no será fácil.

- “Yo creo que debemos seguir trabajando en la reforma y lograrla en este sexenio –apunta Sánchez–. No sé si en el primer año o en el segundo, pero si logramos, por ejemplo, que se apruebe la parte ya concertada (se refiere al CFPT), eso sería un avance muy importante. Una vez puestos de acuerdo en el código, el siguiente paso, en el que estamos trabajando, es ponernos de acuerdo en la ley sustantiva, y aquí vamos a batallar mucho más de lo que hemos batallado en el código procesal.”

- De Buen, a su vez, expone: “Los empresarios quieren una cosa y los trabajadores –aquellos que tienen un representación adecuada y saben lo que está pasando alrededor– querrían otra; pero como tenemos un montón de sindicatos corporativos mediatizados, fascistas, al servicio del poder y no de los trabajadores, entonces ahí hay un tercer grupo que quiere una reforma que no los toque a ellos en su sistema corporativo, lo cual es una verdadera ensalada.”

- La pregunta es: ¿semejante “ensalada” podría truncar esa vieja demanda de los empresarios que, en otro sentido, lo es también de algunas organizaciones sindicales?

- Javier Paz Zarza lo descarta. Diputado por Acción Nacional en la Legislatura que concluyó el pasado 31 de agosto, y quien ha fungido como enlace entre el equipo de Fox y las organizaciones obreras, cree que el tiempo y la correlación de fuerzas jugarán en su favor, aun si dicha iniciativa no se aprueba a pie juntillas o si ni siquiera se discute en el próximo periodo de sesiones.

- “Para nosotros –afirma sin menoscabo de su optimismo– no es cuestión de vida o muerte que haya una reforma. No es necesario reformar la ley para empezar a cambiar los aspectos más rígidos que privan en las relaciones laborales.”

- En efecto, admite Héctor de la Cueva, director del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (CILAS), hay aspectos de la vida laboral que podrían modificarse con sólo cambiar ciertos reglamentos, pero ése no es el punto. Lo que ocurre es que cada vez que se intenta instrumentarla “es tal el grado de contradicción social que suscita, que se la ha tenido que echar para atrás. Por eso yo la llamo la reforma siempre inminente, siempre pospuesta”.

- Saúl Escobar, subsecretario del Trabajo en el Gobierno del DF, ex diputado por el PRD y coautor de un anteproyecto de reformas a la LFT destinado a presentarse como iniciativa de este partido, opina que tal vez “el problema de la ley no sea lo más importante” en el nebuloso horizonte que se perfila. “Ni Fox ni el PAN han dado signos claros; se muestran cautelosos y reservados en materia laboral, en parte porque es un tema delicado, en parte también porque la discusión ha permeado poco a la sociedad”,  justifica.

- Ley ignorada
Si algún consenso es posible entre los entrevistados es este: la LFT nunca se ha respetado. Es más, un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sitúa a México entre los países donde más se violan los derechos esenciales de los trabajadores. Los otros son Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Colombia, Paraguay, El Salvador, Etiopía, Marruecos, Pakistán, China, Ecuador y Guatemala.

- En el foro Globalización y Reforma Laboral, al que convocó en agosto pasado el Frente Sindical Mexicano (FSM), los expositores señalaron que con la modernización de los procesos de trabajo, las relaciones obrero-patronales dieron un giro radical resquebrajando de facto buena parte de los derechos sustantivos establecidos en la ley: jornada, puesto, salario, vacaciones, días de descanso, aguinaldo, participación de utilidades, jubilación, indemnización, huelga, sindicalización, contratación colectiva, entre otros; se construyó así el nuevo escenario en el que los trabajadores habrían de operar en adelante: turnos y jornadas movibles, sustitución de puestos fijos por los de multihabilidades, contrato a prueba, etcétera.

- Según Octavio Loyzaga, doctor en Ciencia Política y catedrático de la Universidad Autónoma de México (UAM), los primeros cambios en este sentido se expresaron a lo largo de los años 80 en el despido masivo de trabajadores y los recortes a los contratos colectivos (Ford, Dina, Altos Hornos, Pemex, Volkswagen, General Motors, Aeroméxico y Telmex, entre otros), pero no fue sino hasta 1994 cuando los empresarios encontraron vía franca para crear un nuevo cuerpo jurídico que suprima, según dirían ellos mismos, “todas las exageraciones”  de la LFT y procure dar una “enorme flexibilidad a la relación obrero patronal, (introduciendo) la movilidad funcional y geográfica que permita al empleador la (…) reubicación de los trabajadores según las necesidades de las empresas, sin detrimento de los derechos laborales de aquellos” .

- Sin descartar las ventajas que una eventual reforma a la LFT podría significar para los trabajadores, De la Cueva juzga que atrás del discurso oficial se halla una lógica simple: para que ya no existan violaciones a la ley, cambiemos la ley.

- El vocero de Coparmex prefiere verlo desde otra perspectiva. “No se trata de cambiar la ley porque no queremos violarla. No es eso; se trata de reglamentar la realidad, pero en defensa del derecho del trabajador. Toda nuestra ley está armada con base en la estabilidad de empleo, pero en la práctica no se da. Todos los días se cierran empresas, todos los días se indemniza gente... Y es preferible, por ejemplo, que el trabajador tenga garantizada una indemnización clara, que sepa que va a trabajar tres meses y luego va a tener que buscar otro empleo, pero ya con una indemnización, a que tenga expectativas de estabilidad que no se le cumplen.”

- Ahora bien, aun cuando en los corrillos sindicales se afirma que la urgencia de cambiar la ley es de los empresarios, éstos, o mejor dicho sus representantes, no parecen correr con la prisa que sus detractores imaginan.

- Al fin y al cabo, todos saben que con esta reforma se juegan muchas cosas. “Una política más redistributiva a favor de los trabajadores” , opina Escobar. “La seguridad jurídica del empleador y la creación de empresas y la generación de empleos”, apunta Sánchez. “Las garantías de empleo permanente, jornada máxima, salario digno, derecho de huelga…”, advierte Loyzaga. “El fin del corporativismo sindical”, imagina la mayoría.

- ¿Rutas de consenso?
Hoy circulan por los escritorios de abogados, legisladores, dirigentes sindicales y de partidos varios proyectos de reforma laboral.

- Único acuerdo oficial entre las cúpulas empresarial y obrera avalado por el gobierno, el Código Federal de Procedimientos del Trabajo (CFPT), un ordenamiento jurídico de 385 artículos, podría ser sometido a discusión en el Congreso –muy probablemente como una iniciativa procedente del Poder Ejecutivo– una vez que se logre el consenso definitivo en torno a cinco puntos que “los líderes obreros no quieren aceptar”, refiere Sánchez, también vocero de Coparmex en el equipo de transición de Fox que atiende las cuestiones laborales.

- Derivado de las primeras propuestas de esa organización patronal a Carlos Salinas de Gortari cuando éste era candidato a la presidencia, el Código presupone la división del cuerpo de la LFT en dos partes, de suerte que, de aprobarse en la Cámara, modificaría los aspectos procesales (que reglamentan los juicios ante las autoridades de los trabajadores y las empresas en conflicto) sin tocar la Constitución, dejando para tiempos propicios la discusión de los aspectos más sensibles de la ley vigente.

- A su vez, la propuesta del PAN, de discutirse en la flamante Legislatura no será exactamente la misma de 1995, pues según Paz Zarza en el camino se le han hecho algunos cambios al texto original, en tanto que la iniciativa perredista sigue en proceso de discusión.

- A decir de Escobar “el proyecto del PRD no tiene un filo antiempresarial ni mucho menos antimercado o antiempresa privada”, y el propio De Buen asegura que entre éste y el de Acción Nacional hay más puntos de confluencia que de divergencia. 

- Ejemplos de esto último: la semana de 40 horas (a la que se arribaría gradualmente), aumento de las vacaciones al doble, y de 15 a 30 días de aguinaldo, supresión de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CNSM), desmantelamiento de las Juntas de Conciliación y Arbitraje y su sustitución por órganos especializados del Poder Judicial (el juez de lo social, en el PAN; de lo laboral, en el PRD).

- Loyzaga observa, sin embargo, que las semejanzas ceden su sitio a las discrepancias en asuntos como el derecho a huelga,  las horas extra, el contrato a prueba, el trabajo eventual toda vez que, según él, la propuesta de Acción Nacional favorece unilateralmente a los patrones. Acude, para demostrarlo, al legajo de la iniciativa panista donde se lee: “Por razones de productividad, por circunstancias extraordinarias que lo justifiquen o para evitar problemas graves, el empleador podrá modificar temporalmente y hasta por un máximo de 30 días el horario, los días laborables, el lugar o lugares de trabajo y las actividades del trabajador. Si las partes no se ponen de acuerdo podrán acudir al juez de lo social, pero en todo caso el trabajador deberá acatar los cambios siempre y cuando no impliquen un peligro para la salud o su integridad física.”

- “Y esto sólo es una parte. ‘Trabajador y empleador –continúa leyendo– podrán de común acuerdo modificar las condiciones de trabajo, reduciéndolas o mejorándolas en forma definitiva o temporal. En caso de reducción se justificará por escrito y nunca podrá ser inferior a lo mínimo que señala la ley.’ Es decir, que yo puedo hacer un convenio simplemente porque tengo el poder económico de imponer a los trabajadores las condiciones que yo quiera. ¡Si los trabajadores hubieran conocido esto no gana Fox!.”

- En el escenario que De Buen imagina no hay, empero, tal unilateralidad pues no sólo se requiere la aceptación del trabajador sino que la empresa está obligada a compensarle económicamente.

- Por otro lado, el abogado pone énfasis en un punto que no está contenido en ninguna otra propuesta de ley: que los trabajadores pueden recibir hasta 25% de su pago de utilidades en acciones, y que con 5% del total tendrán derecho a un asiento con voz y voto en el consejo de administración de la empresa.

- En tanto, el PRD suprime en su proyecto la distinción entre los trabajadores del Estado y el resto de los asalariados al eliminar el Apartado b del artículo 123 constitucional –una medida que los Panistas omitieron–, y amplía el derecho de huelga al extender al conjunto de los trabajadores la decisión de estallarla o levantarla, suprimir el aviso y eliminar la calificatoria de las autoridades.

- Por último –aunque no la última– la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), que encabezan en forma colegiada cinco dirigentes de sendas organizaciones, también puso hace un par de años sobre la mesa una propuesta de reforma “laboral y productiva” de nombre interminable, “que va más allá de cambiar la LFT, porque no es sólo de normas jurídicas. Es lo que llamamos una reforma de Estado, donde el centro sea revalorar el trabajo y que tiene que ver también con cuestiones fiscales, legales, de distribución del ingreso… Esa es la dimensión que debe tener”, dicta el seis veces líder de los telefonistas Francisco Hernández Juárez.

- Discursos al margen, una conclusión es inevitable: con o sin reforma laboral, el país asiste ya a una reconfiguración  radical del mundo del trabajo.

- La pregunta es: ¿hacia qué lado habrá de inclinarse la balanza? Muchos piensan que el nombramiento del ex dirigente de la Coparmex, Carlos Abascal, como coordinador para asuntos laborales del equipo de transición de Fox da luz verde a la propuesta empresarial, pero, como dice De Buen, “hasta no ver…”

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