Unidades de negocios

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Javier Bonilla Castañeda

Una de las tendencias más modernas en la administración de las empresas dominantes en el mundo es la de establecer unidades de negocios en su interior.

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¿Por qué existen las empresas? Se preguntaba el Premio Nobel de Economía Ronald Coase. ¿Por qué no salimos al mercado todos los días y hacemos contratos de un día ofreciendo nuestros servicios al mejor postor, dejando que el mercado nos encamine cada mañana hacia las actividades en las que somos más requeridos?

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Una parte de la respuesta es que los asuntos que se tratan en las empresas no se resuelven en un día, pero en adición a ello Coase destacaba algo a lo que denominó los “costos de transacción”. Sin duda sería difícil obtener información suficiente de los candidatos a ocupar cierto puesto; la simple definición de la ruta que el trabajador debe seguir para llegar a su casa sería una tarea más; el pago de nómina sería imposible... vaya, para que continuar.

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Pero la existencia de empresas estables trae consigo un costo, que es la complacencia. Los contratos seguros disminuyen la intensidad de la competencia.

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Un punto intermedio entre ambos extremos, los contratos absolutamente flexibles y de corta duración y la empresa altamente estable lo constituyen las unidades de negocios. Véase por ejemplo el caso de un grupo empresarial en México que mantiene los aviones que dan servicio a las empresas y al corporativo como una empresa independiente que no sólo le factura a las empresas del Grupo sino que además puede vender servicios a terceros.

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¿Qué se logra con esta práctica administrativa? Por lo pronto se sabe la eficiencia con la que está funcionando la actividad de transporte aéreo en el grupo; se conoce lo que cada una de las empresas del grupo gasta en dicho concepto y se logra tener la infraestructura y el capital humano más cerca de su plena capacidad de utilización con lo que decrecen los costos fijos por unidad producida.

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Conforme los mercados se van haciendo más competitivos, las empresas tienden a ser mucho más “organizadoras de trabajo” que “integradoras permanentes”. Las empresas más competitivas pueden girar sobre recursos internos o externos dependiendo de si la actividad tiene mayor o menor viabilidad para ser cerrada o abierta y eso lo dicta no sólo la eficiencia relativa sino factores tecnológicos y de mercado que responden a la naturaleza de cada actividad.

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No sólo pueden con ello las empresas descubrir una baja eficiencia de alguna de sus unidades y en consecuencia demandarla del mercado a un menor precio, sino que en ocasiones ocurre lo contrario y descubren una nueva veta que explotar que termina por convertirse en toda una nueva actividad de la empresa. Bien dicen que, en estos tiempos, para triunfar hay que saber antes que nada contender con el caos y el cambio. Este es sin duda un buen modo.

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