UNITEC. Al calor de una incubadora

Ligadas a un campus universitario, a un centro de investigación y a un parque tecnológico, las inc
Gaudalupe Rico Tavera

Si en el pasado las relaciones entre las universidades políticas y el sector productivo no fueron muy cordiales, en años recientes han surgido mecanismos que buscan acortar la brecha entre ambos sectores. Una de esas formas de vinculación son las llamadas incubadoras de empresas, espacios técnicos-académicos donde las iniciativas de nuevos negocios encuentran las condiciones ideales para crecer y desarrollarse hasta que alcanzan la madurez suficiente para caminar por sí solos.

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Las incubadoras de empresas son un sistema adoptado en muchos países, sobre todo como una forma de estimular la creación de nuevas empresas de base tecnológica. En Estados Unidos, en los últimos 10 años, se han instalado más de 400 centros de este tipo, por lo que se estima que uno de ellos abre sus puertas cada semana. Aunque en México el mecanismo empezó recién en esta década, la Asociación Mexicana de Incubadoras de, Empresas y Parques Tecnológicos ya registra siete centros en operación y 11 más en etapa de proyecto.

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La tercera incubadora de base tecnológica instalada en el país ‑después de las de Cuernavaca y Ensenada‑ fue el Centro Universitario de Emprendedores Tecnológicos (Unitec), un proyecto que surgió a iniciativa de la Universidad de Guadalajara (UdeG), en el que participan el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Nacional Financiera (Nafin) y el gobierno jalisciense.

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Con una vocación para albergar a empresas y emprendedores de las áreas de manufactura, metalmecánica fina, electrónica, nuevos materiales y negocios ambientales, Unitec empezó a operar en octubre de 1992. Pese a no contar con los recursos previstos inicialmente, incuba a nueve empresas, dos de las cuales están por salir del cascarón este año.

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Tecnópolis: vinculación a lo grande. Con el fin de formar polos de desarrollo técnico‑económico en su e influencia, las incubadoras de empresas se ligan a un campus universitario, a un centro de investigación y a un parque tecnológico. Unitec no será la excepción.

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En efecto, según señala el doctor Juan Villalvazo Naranjo, director del Departamento de Ingeniería de Proyectos, Vinculación y Transferencia de Tecnología de, la UdeG (Dvytt), Unitec forma parte de un proyecto más ambicioso, que la casa de estudios tapatía promueve para vincularse con el sector empresarial. Se trata de Tecnópolis, una especie de ciudad de la ciencia, que ocupará un predio de 174 hectáreas.

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El directivo informa que Tecnópolis contará con el Parque Industrial Belenes (con 20 años de vida, pero que ahora está siendo rehabilitado para albergar exclusivamente a firmas con un importante ingrediente de innovación tecnológica), con la incubadora y con el parque tecnológico, que en 25 hectáreas dará lugar a más empresas tecnológicas y de manufactura ligera.

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En el campo de la enseñanza e investigación, el proyecto ya cuenta con las escuelas y facultades de las ciencias económicas y administrativas de la UdeG, la Dvytt, y con un área de actualización profesional donde anualmente se ofrecen 12 diplomados. En 1995, añade Villalvazo, "es casi un hecho que arrancaremos con el Centro de Tecnología Avanzada (Cetav), tras el cual se crearían otros centros de investigación y más cursos de posgrado".

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Tecnópolis contempla, por supuesto, una estructura financiera. Fernando Aldrete Lozano, gerente de Unitec, indica que está operando el Fondo Universitario para la Innovación Tecnológica (Funitec), una entidad de fomento con capacidad para financiar proyectos hasta por N$350,000 nuevos pesos. Igualmente, se dispone de una firma de arrendamiento tecnológico y hay negociaciones para crear una unión de crédito.

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En resumidas cuentas, Aldrete presume que Tecnópolis es el proyecto más completo que existe en el país y no se conoce uno similar en toda América Latina. "Me atrevo a asegurarlo porque conocemos los 14 proyectos más avanzados de la región."

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Al calor de Unitec. En su labor de incubadora, Unitec ofrece servicios de recepción, conmutador telefónico, fotocopiado, fax, correo electrónico, envío de correo, rutas de mensajería, sala de juntas, salón de conferencias, seguridad y mantenimiento. Todos estos servicios resultan ideales para los emprendedores, pues estos se olvidan de hacer inversiones innecesarias y de preocuparse de los detalles que implica llevar una oficina. Como observa Aldrete: "Ellos desarrollan sus proyectos y nosotros les hacemos los mandados".

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Allí los usuarios pueden conectarse a bancos internacionales de información (vía Internet, Dialog y Factor Line) y se les apoya en aspectos administrativos, con estudios de mercado y comercialización, elaboración de portafolios de negocios, capacitación, gestión tecnológica y financiera. Aquí es donde interviene el Funitec, entidad de fomento que "ha logrado que instituciones como el Conacyt brinden apoyos directos a proyectos en donde tiene mucha importancia cuál es el objeto del crédito", sostiene Aldrete.

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Las nueve incubadoras instaladas resultan una mezcla de negocios interesante. Lo mismo hay iniciativas que han partido de la propia UdeG, como el Centro de Estudios y Proyectos Ambientales (CEPA) y el Centro de Diseño y Manufactura para la Pequeña Empresa (Cedympe), que compañías particulares, como Exergética (en el área de la energía geotérmica), la Unidad de Enlace para la Eficiencia Energética (oficina que prepara diagnósticos energéticos para las empresas), Fira (que con manufactura asistida por computación da mantenimiento a moldes para llamas) y Rainbow Technologies (filial de Phoenix International, del ramo de los componentes electrónicos).

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También se está logrando el objetivo de atraer personas físicas y sobre todo a investigadores y académicos que buscan crear sus propios negocios. De momento, hay tres emprendedores de este tipo: el maestro Rafael Guzmán, un investigador de la UdeG que desarrolla un centro de ingeniería ambiental; el doctor Juan Milton, ex director del Centro de Tecnología de Semiconductores, que va a formar una empresa en esa misma área; y Saúl de León, quien trabaja en diseño y manufactura asistida por computadora.

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Como en toda incubadora, la estancia de los proyectos es temporal, hasta que están listos para salir del cascarón (para graduarse). ¿Y cuánto tarda esto? "Quizá de uno a tres años, todo depende de cómo vayamos evaluando el proyecto", responde Aldrete. Detalla que las empresas que se gradúen serán promovidas a unos edificios multiusuarios, donde tendrán una estancia permanente y todos los servicios que reciben en la incubadora. Si algún proyecto no pasa la prueba, se le reorientará a fin de generar una nueva versión.

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Dinero: he ahí el detalle. Si los edificios multiusuarios no llegan a construirse para cuando haya empresas graduadas, una opción es enviarlas a algunas de las naves existentes en el parque industrial, a las cuales se les tendría que hacer adaptaciones.

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El gerente de Unitec apunta que el retraso de esos edificios se debe a que ni Nafin ni el gobierno estatal han cumplido con la entrega de los recursos que se habían comprometido inicialmente (N$650,000 y N$550,000 nuevos pesos, respectivamente), partidas que incluso están aprobadas por ambas entidades.

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Para concretar esa parte y financiar el proyecto de Tecnópolis, se analizan diversos esquemas donde los inversionistas podrían participar con capital de riesgo. "Son esquemas donde aún los financieros más escépticos van a encontrar atractivo el negocio", sostiene el directivo.

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Como sea, Aldrete asegura que se recuperará el tiempo perdido: confía que en 1995 la incubadora tendrá completa toda su infraestructura y el número de empresas que se tenían previsto para el tercer año de operaciones. El insiste: "Estos son proyectos a muy largo plazo; así, si durante dos años tuvimos que desacelerar un poco la actividad, en dos años la recuperaremos, si no es que antes".

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Por su parte, aun cuando reconoce que tal vez existen algunos que no se sienten completamente satisfechos con los resultados de la oferta prometida, Villalvazo evalúa la evolución de Unitec como "excelente". Agrega que esta experiencia ha servido para apoyar el desarrollo de las incubadoras de la Universidad de Colima y de la Universidad Autónoma de Hidalgo.

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Lo que más le entusiasma es que este año se graduarán las primeras empresas: el Cepa y el Cedympe, quienes además de obtener su certificación de ISO 9000, se integrarán al Cetav. A unos cinco años vislumbra un panorama más halagüeño, con una incubadora a toda su capacidad (33 empresas) y 10 de ellas graduándose cada año.

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