Uruguay <br>Un puente al Mercosur

Acuerdos tendientes a mejorar la balanza comercial entre México y Uruguay y posibilidades de invert

Tanto el multitudinario encuentro de los empresarios mexicanos y uruguayos —en el marco de la visita oficial de gobierno encabezada por el presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti— el 30 y 31 de octubre en la ciudad de México, como la reunión de hombres de negocios argentinos y mexicanos —estos últimos, parte de la comitiva oficial que acompañó al presidente Ernesto Zedillo en su primera visita oficial a Argentina, en noviembre—, marcan un denominador común: el deseo del país y de los empresarios mexicanos para abrirse un espacio en el Mercado Común del Sur (Mercosur).

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Esta inquietud tiene un contundente fundamento. Mientras el mercado de América del Norte posee 370 millones de potenciales consumidores, el Mercosur ofrece un universo nada despreciable de 200 millones de personas y así lo percibieron 176 compañías mexicanas de los más variados sectores.

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Por ello, la reunión en México fue escenario de múltiples negociaciones sobre exportaciones e importaciones entre ambos países, escasas y decaídas en los últimos años. Pero lo novedoso fueron las pláticas sobre posibles inversiones mexicanas en Uruguay, y también a la inversa, las que podrían abrir nuevas puertas al empresariado local. Paradójicamente, sendas delegaciones buscaban, asimismo, solucionar un diferendo comercial producido una semana antes.

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Evento inédito
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Durante los dos días del encuentro, 120 hombres de negocios de la nación conosureña, que representaban a 98 compañías, intercambiaron impresiones y sugerencias con cerca de 800 de sus pares mexicanos, todo lo cual totalizó 15 horas de negociaciones y más de 2,700 contactos.

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La actividad fue organizada por la Embajada de Uruguay, con la colaboración del Consejo Empresarial Mexicano para Asuntos Internacionales (CEMAI), la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio (Concanaco) y el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext).

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Según fuentes de Concanaco, este evento fue inédito en México, ya que hasta ahora se habían congregado aquí, para estos mismos efectos, no más de 60 empresas extranjeras. “En este sentido, aprendimos de la experiencia de Uruguay en este tipo de reuniones y allí está, por ejemplo, su encuentro con Chile, en agosto pasado”. Agregó que hay muchos nichos de mercado interesantes para los productos uruguayos en México, entre ellos, textiles, lácteos y peletería.

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En cambio, Diego Fernández, del CEMAI, fue más escéptico. Manifestó que, dado el escaso comercio de Uruguay con este país —el uno por mil del total—, “no creo que de esta reunión salgan negocios en grande”.

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Dependencia del norte
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La balanza comercial entre ambos países es, en efecto, casi insignificante y ha empeorado en los últimos dos años. Las ventas mexicanas a Uruguay bajaron de $179.5 millones de dólares en 1993 a $76.7 millones en 1995. En tanto, las importaciones pasaron de $43.3 millones de dólares a sólo $17.4 millones entre estos dos años. La participación uruguaya en el comercio nacional representa escasamente 0.1% del total.

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Asimismo, las transacciones de México con el Mercosur también son muy bajas: en 1995 apenas llegaron a 1.3% del total de su comercio. En cambio, Estados Unidos acapara más de 80% del comercio exterior de México (cifras de 1995) —84.1% en exportaciones y 76.1% en importaciones—, lo que expresa la aguda dependencia del vecino del norte en esta materia.

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En la reunión, los exportadores locales hicieron negocios o intercambiaron informaciones respecto de productos manufacturados, insumos industriales, petroquímica y servicios. Los rubros más importantes que esta nación exporta hoy a Uruguay son autopartes —a través de Nissan y Volkswagen—, seguidos de materias primas para la industria química y bienes para la industria informática.

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En cuanto a importaciones, se introdujeron nuevos artículos en el mercado mexicano: granito, vajillas, suéteres, artículos navideños, alarmas, carne y conservas. Actualmente, los productos que México compra a Uruguay pertenecen principalmente a la industria alimenticia, como semillas de girasol, arroz, quesos, pescado y textiles.

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A primera vista, el comercio entre ambas naciones debiera estar más desarrollado, ya que en 1986 firmaron el Acuerdo de Complementación Económica número 5, en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi). Para Carlos Zagarzazú, director del Departamento Económico-Comercial de la Embajada de Uruguay, este convenio “marcó un cambio en el concepto de las negociaciones bilaterales”: fue el primero que se basó en una lista de excepciones —como son los modernos tratados de libre comercio—, en lugar de enumerar los artículos que gozan de preferencia, como se hacía anteriormente.

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Sin embargo, dicho tratado fue prorrogado hasta septiembre de 1997, cuando se discutirá el acuerdo multilateral “4 más 1”, del Mercosur con México, como lo hicieron Chile y Bolivia los que, sin integrar el conglomerado económico, acordaron con éste una zona de libre comercio a largo plazo. El órgano máximo del Mercosur, el Grupo Mercado Común, había resuelto que se renegocien los acuerdos bilaterales con los países de la Aladi una vez que se produzca la multilateralización.

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Alianzas e inversiones
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Pero el plato fuerte del encuentro estuvo en las conversaciones sobre alianzas y coinversiones. Esto, para que los empresarios mexicanos puedan participar o intensificar sus negocios en el Mercosur, como es su deseo, y Uruguay es una posible puerta de entrada. Así, antes de iniciar la reunión, se repartió una lista de 176 empresas mexicanas interesadas en invertir o coinvertir en Uruguay.

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Carlos Pérez del Castillo, secretario uruguayo de Relaciones Exteriores, señaló que hubo contactos sobre posibles inversiones mexicanas en su país en los sectores de consultoría, construcción, transporte, construcciones navales, representaciones, pinturas, metalmecánica y cerámicas.

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También se difundió información sobre la construcción de grandes obras de infraestructura en la región ríoplatense, donde las empresas mexicanas participarían en las licitaciones públicas. Entre éstas, las del puente que unirá a Buenos Aires con la ciudad uruguaya de Colonia, sobre el Río de la Plata —cuya inversión significaría más de $1,000 millones de dólares—, un monumental eje vial entre Buenos Aires y San Pablo, la hidrovía Paraná-Paraguay, así como puertos y terminales de contenedores.

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Fuentes de Concanaco sostuvieron que Gutsa y Televisa estarían interesadas en invertir en Uruguay, pero al ser consultadas directamente, ninguna de ellas confirmó ni desmintió la información: directivos de la primera empresa manifestaron que, al día de hoy, no tienen inversiones en ese país, sin especificar si hay planes al respecto. Si estos existieran, según ciertas fuentes, podrían estar vinculados a algunas de esas grandes obras que, cabe aclarar, se llevarán a cabo mediante la conjunción de esfuerzos de dos o más países.

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Y, mientras tanto, el fantasma del Mercosur no abandonaba las conversaciones ni las declaraciones directas. Por ejemplo, Jacinto Muxí, presidente de la Cámara de Industrias del Uruguay, señaló que esa nación es una excelente puerta de entrada al conglomerado, “por su enclave geográfico, su experiencia exportadora hacia Brasil y Argentina, su seguridad jurídica y el elevado nivel de educación de su gente, necesario para proyectos industriales que cada vez requieren personal más calificado”.

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Por su parte, Daniel Soloducho, presidente de la Unión de Exportadores de Uruguay, afirmó: “Varias empresas mexicanas me hablaron de hacer inversiones en Uruguay para exportar al Mercosur”. Añadió que hubo acuerdos de distribución en México, por ejemplo, uno de azulejos uruguayos, por parte de una empresa local.

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Con respecto a posibles inversiones uruguayas aquí, Pérez del Castillo informó que la mayoría de las pláticas se refirieron al área agroindustrial —productos hortifrutícolas, arroz, vinos y vestimentas de cuero— y a los ramos de plásticos, madera y papel.

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Asimismo, fuentes confiables aseguraron que hubo tratativas sobre una inversión de empresarios uruguayos por un monto multimillonario, que estaría vinculada a la construcción de un gasoducto en algún estado de este país.

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Esta suerte de ambigüedad en cuanto a la afluencia de capitales charrúas a México resulta extraña. Según datos del Registro Nacional de Inversiones de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi), a pesar de ser el más chico dentro de Aladi, Uruguay es el país de dicho conglomerado con mayor inversión directa en México (42.3%); entre 1994 y junio de 1996, por ejemplo, alcanzó $20.6 millones de dólares. 92% de ese capital se encuentra en la industria manufacturera, 5.8% en el comercio, 1.2% en servicios financieros y el resto en otros servicios.

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A resolver controversias
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En contraste con las coincidencias del encuentro, también se enfrentó un diferendo que trababa las relaciones comerciales bilaterales .

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Aunque el acuerdo económico de 1986 establece 100% de rebaja arancelaria para la carne uruguaya, hasta el momento no se habían realizado negocios, debido a la fiebre aftosa que afectaba al ganado de esa nación. Pero desde junio de 1995 Uruguay fue declarado libre de aftosa por la Organización Internacional de Epizootias (epidemias del ganado), organismo que controla y regula la aftosa en el mundo.

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Según fuentes bien informadas de Montevideo, días antes del encuentro una delegación mexicana, con participación de la Secofi y de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (Sagar), comunicó a sus pares de Uruguay que reconocería su carne como libre de aftosa, pero que debía renegociarse el arancel.

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Esta respuesta, que pudo ameritar una protesta ante la Organización Mundial de Comercio, se negoció el último día del evento. Finalmente se acordó una rebaja arancelaria de 48% en la carne de res congelada, de 35% en la carne de res enfriada y de 30% en la carne ovina.

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Aunque esta resolución no fue totalmente satisfactoria para los conosureños, no empañó el éxito comercial del encuentro, según los participantes.

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Sin embargo, ciertos comentarios de pasillo no coincidían con esta apreciación. La secretaria de una cámara empresarial local, por ejemplo, al responder vía telefónica, a alguien que deseaba comunicarse “con empresas uruguayas que vienen a comerciar”, aclaró en tono de reproche: “No vienen a comerciar, vienen a vender”. Esta especie de sentencia podría ser coherente con la explicación que un empresario uruguayo —que traía 40 chamarras en su equipaje— dio a un periodista en el avión, cuando éste le preguntó si se trataba de muestras para exhibición: “Nada de eso —expresó el primero—, las traigo para venderlas”.

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