Vamos trabajando menos

La lógica dice que una empresa es más productiva si sus empleados trabajan más horas... Tal vez s
Maurizio Guerrero M.

No somos productivos. Dentro de los países de la Organización de Comercio y Desarrollo Económico (OCDE), México ocupa uno de los últimos lugares en el rubro. No sólo es una cuestión de desarrollo, rezagos históricos o mentalidad; la baja productividad también tiene  relación con la manera en que las compañías manejan el tiempo libre de sus trabajadores. Muy pocos empresarios locales relacionan los resultados de su firma con el descanso que tiene su plantilla laboral.

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En los países desarrollados la cuestión lleva años discutiéndose y sin embargo todavía no se halla una respuesta definitiva. Y es que la proposición aparentemente lógica de "a más horas de trabajo, mayor productividad", no lo es tanto en la práctica.

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¿Quién es más productivo?
Si tomamos en cuenta que los estadounidenses trabajan 1,800 horas al año –contra 1,400 horas de los europeos– y que es uno de los países más productivos (producto interno bruto / número de asalariados) del mundo, la conclusión podría ser que con mayores jornadas aumenta la producción.

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No obstante, la cuestión no es tan simple. Basta echar un vistazo a los resultados de las experiencias de los países del viejo continente.

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Los ingleses trabajan 40 horas a la semana frente a sólo 35 horas que lo hacen los franceses; sin embargo, estos últimos son más productivos que los británicos (de acuerdo con datos del European Working Time Directive). Cabe destacar, empero, que en el índice que presenta el Banco Mundial, Francia ocupa el lugar 30 en competitividad mundial, mientras que Inglaterra ocupa una posición muy superior: la número 11. No obstante, competitividad no es lo mismo que productividad.

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Dentro del propio Reino Unido existen diversos ejemplos que muestran de una manera contundente que menos horas de trabajo pueden significar mejores resultados. La industria automotriz es una de las más productivas de Gran Bretaña a pesar de que sus jornadas se han ido recortando paulatinamente hasta llegar solamente a 37 horas a la semana, en promedio.

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El ocio es negocio
Dadas las evidencias y los diferentes ejemplos, ninguna conclusión clara puede extraerse acerca del asunto de más o menos horas para el personal. Las organizaciones tienen la disyuntiva de adoptar un modelo cercano a la cultura laboral estadounidense o uno tipo europeo, donde el tiempo de ocio es más apreciado. Vale mencionar que al otro lado del Atlántico la media de vacaciones es de seis semanas al año.

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No alentar a los empleados a descansar, finalmente, repercutirá tarde o temprano de manera grave en la productividad de una empresa.

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Como conclusión, Mario Ojeda Zavala –profesor del área de Dirección de Personal del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (IPADE)– recomienda: "El empresario tiene que fijarse más en el desempeño de su personal de manera individual, en vez de preguntarse cuántas horas debe tenerlo frente a las máquinas o realizando sus tareas." Al final, el resultado es lo único que cuenta.

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4 formas de descanso
1. Más no es igual a más
En muchas firmas nacionales se trabaja en exceso. Puede sonar paradójico, pero una de las razones por las que miles de ejecutivos pasan más horas en su oficina de las estipuladas en sus contratos es que, simplemente, quieren impresionar al jefe. Y esa clase de empleados, en muchas ocasiones, no es la que entrega los mejores resultados.

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Ojeda Zabala –profesor del IPADE– explica: "Una mayor jornada de trabajo no tiene que ver absolutamente nada con la productividad." El académico opina que aumentar las horas de labor efectivamente puede incrementar los resultados en términos absolutos, pero no la productividad real, que debe partir de la idea de hacer más con los mismos recursos o lo mismo pero con menores gastos.

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La proposición "más no es igual a más" resulta evidente si se toma en cuenta que los trabajadores mexicanos pasan más horas en la oficina que sus contrapartes europeos y, sin embargo, generan mucho menos valor. Lo que cuenta, finalmente, es la capacidad de un individuo o de una unidad productiva, no el tiempo que dedican a sus labores.

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2. Menos puede ser más
En Francia se han reducido las jornadas de trabajo –en el Reino Unido se discute ahora una modificación a la ley similar– por dos razones principales. La primera, la oficial, es que el ex primer ministro, Lionel Jospin, simpatizante de la izquierda, abogaba porque los trabajadores tuvieran una vida personal más saludable. La medida, por supuesto, generó votos y muchas simpatías fuera de los ámbitos empresariales.

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La otra razón es más cruda: combatir el alto índice de desempleo. Obviamente si una compañía está obligada a reducir las jornadas, tendrá que contratar más empleados que cumplan las obligaciones pendientes.

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En primer término, el incremento de personal significa  mayores gastos , pero a la larga también le puede resultar ventajoso. La idea: si un empleado trabaja menos horas, su labor será más intensiva y su productividad por hora  mayor. Así que si se mantienen dos turnos cortos en lugar de un turno largo extendido con horas extra, la producción puede incrementarse. Hasta ahora, la medida ha sido impugnada por ciertos sectores que aseguran que Francia ha disminuido alarmantemente su rentabilidad como país (por lo que muchas de sus empresas se sumaron, en años recientes, a la oleada de despidos masivos en todo el mundo). Aun así la medida sigue vigente.

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La ventaja de un esquema de jornadas cortas, señala Ojeda Zavala, “es que es  posible esperar un aumento en la productividad, que justifique las nuevas contrataciones y los mayores periodos de descanso".

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3. Rigidez para ser flexible
La noción del tiempo que tenemos los mexicanos es  legendaria: la impuntualidad es parte de nuestra cultura,  llegar 15 minutos después de hora es una costumbre que no alarma a nadie y  los ejecutivos –y  los  empleados que no checan tarjeta– no son la excepción.

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Enrique Pérez Sámano, director de Información y Asuntos Ejecutivos en Hay Consulting, opina que con la impuntualidad  se pierde la real duración de una jornada y por ello resulta imposible instaurar un programa que la flexibilice.

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"Los horarios flexibles se pueden aplicar siempre y cuando exista un poco más de orden en las horas de llegada, salida, comida y juntas", considera el ejecutivo.

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¿Y para qué se querrían hacer elásticas las jornadas? Una fábrica de juguetes, por ejemplo, aumenta su producción conforme se acerca el fin de año. Entonces puede que necesite que los empleados trabajen más que las horas establecidas. Y durante los primeros meses del año, en cambio, puede bastar con que laboren sólo cinco horas al día.

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Lo mismo sucede con las consultoras, que requieren de trabajo intensivo cuando  entregan un proyecto específico. Mientras no haya premura, no tiene caso obligar al personal a cumplir estrictamente con sus horarios de trabajo. Con esa visión, cuando haya un plazo perentorio de entrega los empleados estarán más dispuestos a cumplirlo.

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4. Vacaciones fuera del papel
En México la ley otorga como máximo 15 días hábiles de vacaciones para aquellos empleados que hayan laborado más de tres años en el mismo empleo. Y aunque ese descanso es significativamente menor al otorgado a trabajadores europeos, en los hechos un buen número de connacionales ni siquiera se toman los días que legalmente les corresponden.

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Opina Pérez Sámano: "Muchos empleados en México trabajan de forma indefinida, si ellos no toman sus vacaciones tampoco hay nadie que los aliente a hacerlo." Para el consultor, el origen de ese fenómeno es que en las empresas locales existe poca planeación. Los proyectos hechos a última hora son el principal factor que impide a muchos ejecutivos tomar sus descansos. Como siempre quedan pendientes, el trabajador no puede desatender su puesto.

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Para solucionar el problema de los ejecutivos sin descanso, Ojeda Zavala propone soluciones heterodoxas: aquellos que trabajan sin vacaciones durante años deberían obtener periodos sabáticos –de hasta seis meses, por ejemplo– con objeto de reponer su energía y entusiasmo.

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