Venta de película

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Zacarías Ramírez Tamayo

Sexo, pudor y lágrimas se estaba vendiendo desde antes de comenzar su rodaje. O mejor: venderla requirió de un rodaje propio. Lo dirigió Matthias Ehrenberg, de Titán Producciones, con la colaboración de 20th Century Fox y EMI Music.

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Después de varios rechazos, el guión de la película, a cargo de Antonio Serrano, encontró su cauce –comercial– al ser definido, sin más pretensiones, como una atractiva historia de triángulos amorosos en la insuficientemente explorada clase media mexicana. “No dijimos que es una película mexicana –explica Ehrenberg–, sino una película, punto.”

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Con ese claquetazo dio inicio la confección de un producto que rompería récords en taquilla: hasta la última semana de octubre pasado, Sexo… había recaudado más de $117 millones de pesos, el equivalente a 5.3 millones asistencias. “Se trata de la tercera película más taquillera de la historia en salas nacionales”, dice José Juan Hernández, director de marketing de Fox, sólo después de las recientes Titanic y Tarzán.

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Pero lo que llevó al público a las salas a ver Sexo... fue, en gran medida, lo que se dijo de ella. Los primeros en hablar fueron los diarios y revistas, que podían informar de lo ocurrido en las locaciones gracias a los boletines de prensa y a las visitas de sus reporteros durante el rodaje. No importaba saber “qué quiere el público, sino qué le queremos dar”, cuenta Ehrenberg.

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El material en video, en formato profesional, no fue menos relevante: más de siete horas de grabación, entre cápsulas (spots) y entrevistas en las que los actores hablan “detrás de las cámaras” de su personaje (making off). Argos, casa productora que tiene en su haber varias telenovelas exitosas, tuvo un papel relevante. “Nunca nos distanciamos de la televisión”, dice Ehrenberg, un medio al que muy pocos pueden sustraerse y en cuyos programas informativos y de variedades se abrieron espacios sin costo para Sexo... Gracias a un “dinero extra”, se cumplió el objetivo de llegar al final del rodaje con un producto elaborado y con materiales de apoyo.

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Mientras se negociaba con los distribuidores, surgió la interrogante: ¿cuál sería la música? ¿Habría tema musical y disco alusivo a la cinta? Se escucharon varios nombres, pero la propuesta que sonó más adecuada para la audiencia juvenil que se pretendía atraer fue la de Aleks Syntek, sobre todo cuando, en una regrabación, se suavizaron los acordes de mayor aridez –tal como se había hecho con los pasajes más melodramáticos del guión–. Para producir y difundir el material musical se recurrió a EMI.

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Faltaba el lanzamiento. Fox entró en escena. Dado que se había decidido lanzar película y soundtrack simultáneamente, había que diseñar una campaña de publicidad cruzada, en la que un producto se ayudara en el otro y viceversa, lo mismo que el punto de venta (material de promoción en las salas de cine). Se agregaron todavía los cortos, realizados en formato de videoclip, así como fotos fijas.

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En ese momento se consumó el estreno de este rodaje paralelo: al lado de Fox y EMI, arrancó la campaña de publicidad y se lanzó, en un evento también paralelo, el videoclip de la película. En junio, llegaron a las salas de exhibición 100 copias del filme.

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El costo de esta historia fue de unos $100,000 dólares para Titán Producciones, pero si se suman las aportaciones de Fox y EMI el monto asciende a entre $300,000 y $500,000 dólares, calcula Ehrenberg. El soundtrack vendió 150,000 copias, y en cuanto al filme, falta ver el desempeño del video para consumo casero.

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