Vicente Fox: &#34Hacer atractiva la inve

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El pasado 3 de mayo le tocó el turno del examen económico al aspirante presidencial de la Alianza por el Cambio. Los especialistas José Luis Calva (JLC), Mauricio González (MG) y Enrique Quintana (EQ) lo entrevistaron en el programa de radio Monitor, bajo la conducción de José Gutiérrez Vivó (JGV). Aquí un resumen.

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JGV: ¿Qué vocación le ve usted a México? ¿Cuál sería el modelo de país en los próximos seis años y en un plazo mayor, de 20 a 25 años?

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Llevamos mucho tiempo sin crecer y el tamaño de la cobija se ha hecho pequeño para todos los mexicanos: muy poco ingreso, 40 millones apenas sobreviviendo y todo esto consecuencia de que no ha habido un proyecto real de mediano y largo plazo, para que nuestro país creciera de manera sustentable. Nos proponemos hacer crecer al país y generar riqueza, como un punto de partida para volver a generar ingreso para todo mundo, para el trabajador, para el ejidatario, para el ama de casa, para los gobiernos, para las empresas, para las instituciones. Bajo esta perspectiva, ¿cuál sería una visión de mediano y largo plazo para nuestro país? Me parece que tendríamos que considerar la situación geográfica privilegiada que tenemos, como vecinos del mercado más grande del mundo, con el cual hemos hecho acuerdos de comercio, que nos tiene que marcar una ruta. Por otro lado, está una globalización en marcha, en la cual México se ha integrado a través de muchos otros acuerdos comerciales, como el de Europa, que nos abre una enorme gama de posibilidades. En términos de vocación, por un lado tenemos recursos naturales, extensión territorial, litorales, que permiten crecer en el sector primario. Por otro, considerando que los sectores de vanguardia son los que crecen (telecomunicaciones, alta tecnología), debemos combinar la globalización con nuestras circunstancias locales. En este sentido, México debe hacer tres tareas: la primera de ellas, el marco de la ley, el estado de derecho, pues un país que no asegura y garantiza a sus ciudadanos tranquilidad y paz, que no da certidumbre de mediano y largo plazo, en cuanto al cumplimiento de la ley, se vuelve muy poco atractivo para la inversión y para el desarrollo. Segundo, tenemos que cumplir con las reglas básicas de cualquier economía para poder participar en la globalización y beneficiarse de los mercados financieros: una disciplina férrea en las variables fundamentales de la economía, cumplir con los déficit fiscales, con una balanza de comercio adecuada, con la autonomía del Banco Central, con la disciplina en materia de inflación, de sistemas de tipo de cambio y demás. Y el tercer punto, para mí el más importante, es la formación de capital humano: equipar a los ciudadanos con elevados niveles educativos, con conocimiento, ciencia y tecnología, y capacidad de transformar. Hoy es evidente que el desarrollo viene de las personas y no de la infraestructura de la obra pública. El país que invierte en su gente, que hace revoluciones educativas, que se pone a la vanguardia en la investigación, es el ganador.

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EQ: Un problema central es pasar del qué al cómo, y para tratar de precisar la vocación económica en el mediano plazo, me gustaría que nos dijera qué país tiene en mente. ¿A qué país le gustaría que se pareciera México?

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Empezaría en el área económica y de comercio con Taiwan. Taiwan ha sabido salir de la pobreza a través de dos grandes esfuerzos: educación y competitividad en el comercio internacional.  Esto lo ha llevado a desarrollar tecnología propia y grandes superávit que le han permitido elevar los niveles de vida de sus ciudadanos. Otro ejemplo en educación es Irlanda, que estaba rezagada con respecto a Europa, y que con el apoyo de sus migrantes en Estados Unidos –que regresaron a su país talento y recursos–, realizó un verdadero milagro. Nosotros tenemos una circunstancia parecida: tenemos 18 millones de mexicanos en Estados Unidos, que hoy ocupan importantes espacios en aquella sociedad, paisanos nuestros queridísimos, que son un ejemplo de audacia, de coraje y de capacidad, y hoy son un gran patrimonio para nuestro país que estamos desaprovechando. Chile es otro ejemplo, de cumplimiento disciplinado en sus variables macroeconómicas, que le ha permitido consistencia en su desarrollo, apuntalado por un quehacer político atractivo logrado a través de alianzas y coaliciones en el gobierno, que superó una dictadura y transitó a la democracia con estabilidad. Otro ejemplo sería cualquier país de la Unión Europea: España, Grecia, Portugal, que en un proyecto de mediano y largo plazo cumplieron con las reglas que se les imponían para integrarse al mercado común europeo y lograron verdaderos milagros de crecimiento económico.

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JLC: ¿Qué pasa con 90% de las empresas que han quedado marginadas de esta globalización? ¿Qué pasa con el campo que está hundido más que nunca en el atraso y en la pobreza? ¿Qué pasa con los salarios que han perdido 70% de su poder adquisitivo? ¿Cómo pensar en una estrategia que nos integre a la mayoría de los mexicanos?

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Efectivamente, no podemos esperar que el crecimiento venga del comercio; eso lo alimenta una vez que está en marcha. El desarrollo viene de recursos y los recursos vienen del ahorro. Lo que necesitamos es trabajar en el flanco del ahorro. Un economista que anda en otro partido que ahora es de oposición y que va rezagado, el señor Labastida, todavía cree que el crecimiento se hace con gasto público y está en el paradigma de que el crecimiento con gasto público provoca inflación, lo cual es cierto y ya lo vivimos en este país, y pagamos las consecuencias. Nosotros hablamos del crecimiento generado con recursos provenientes del ahorro, y el ahorro sólo viene de dos fuentes: el que generemos dentro del país o el que traigamos de otros países, a través de inversión y de exportaciones. Vamos a trabajar las dos líneas.

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Ahí fuimos muy exitosos en Guanajuato: logramos en cuatro años crecer las exportaciones en 1,000% y trajimos mucha inversión directa, de más de 30 países, con más de 200 fábricas grandes y casi $2,000 millones de dólares. Es el camino que debemos seguir para el país.

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Vamos a hacer atractiva la inversión, dándole garantía y seguridad, pero además yendo a buscarla. Y, por otro lado, tenemos que generar ahorro interno, porque la tasa es insuficiente actualmente, con 22% del Producto Interno Bruto (PIB). Debemos acercarnos o llegar a 30%. Después, hay que invertir esos recursos en empresas de vanguardia, en grandes proyectos, y en rescatar a la micro, pequeña y mediana industria, que es el que tú apuntas. Ahí está la gran oportunidad de México para generar 1’350,000 empleos, para dejar de ser un país sólo de maquiladoras y de salarios mínimos de miseria, e irnos a un país de emprendedores, a través de una verdadera política industrial, sectorial. Vamos a impulsar un modelo para atender a la pequeña industria, nutrirla de insumos, acceso a capital, tecnología básica, entrenamiento y capacitación, etcétera, para darle capacidad competitiva. Necesitamos una economía democratizada y diversificada.

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Al campo hay que entrarle de otro modo. Pero es importante hablar de salarios. No ha crecido el poder adquisitivo en 18 años. Se han generado empleos nuevos vía el TLC, pero no ha mejorado el ingreso de los trabajadores en términos reales. Nuestra propuesta es avanzar con el tratado y que se abra la frontera, en un plazo de cinco a 10 años, para el libre tránsito de personas. Eso nos permitiría empezar a cerrar la brecha de sueldos, de $5 dólares en México, contra $60 en Estados Unidos. Y viendo a más largo plazo, a 30 años de distancia, debiéramos caminar hacia un mercado común de Norteamérica, para que, como sucedió con España, con Grecia o con Portugal, logremos alcanzar el nivel de ingresos de los americanos y los canadienses en un plazo de 30 o 40 años. Al ritmo que ha venido mejorando el salario en los últimos cuatro años, nos toma 520 años duplicar el ingreso del salario. Y nos tomaría 2,200 años igualar un salario que tiene un trabajador en Estados Unidos.

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MG: ¿De dónde sacará los recursos para financiar los mayores gastos que parece involucrar su programa? ¿Hará cambios en los impuestos?

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Los recursos fiscales actuales en nuestro país son muy limitados, comparados con cualquier otro país en desarrollo o desarrollado. En México, el ingreso fiscal actual, sin el producto del petróleo, representa 10% del PIB. Países como Argentina, Chile o Brasil están en 18, 19 y 21%; Estados Unidos, en 26%; los países asiáticos, por encima de 30%; los europeos, por encima de 40%. Nuestra base fiscal es muy débil, y por tanto urge una reforma fiscal integral, con varios propósitos: el primero de ellos, no incrementar las tasas impositivas, e inclusive reducir algunos impuestos o eliminarlos, porque realmente no están logrando su propósito, como es el caso del impuesto a los automóviles nuevos que pretendemos eliminar. Bajo esta condición queremos aumentar el ingreso fiscal hasta 16%, que todavía estaría en el rango bajo de lo que tienen otros países. ¿De dónde vendrían estos seis puntos adicionales? De integrar la economía informal al mercado formal (haciéndole atractivo estar en el lado formal de la economía) y de eliminar la evasión fiscal, y ahí tenemos que trabajar fuerte. Así mismo, la reforma fiscal pretende premiar agresivamente el ahorro y la reinversión para que estemos promoviendo el crecimiento, la expansión de empresas, y la generación de empleos. En educación nos hemos propuesto más gasto y queremos pasar de 5 al 8% del PIB. Es decir, ahí estamos consumiendo tres puntos de esos seis. Y vamos a dar más apoyos al campo y a la protección de recursos naturales, a la ciencia, tecnología e investigación. Impulsar la economía para crecer 7% generará recursos adicionales para todo mundo, incluido el propio gobierno.

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JGV: Cuando habla de que la economía crezca al 7%, ¿cómo hacer para que no descarrile la misma?

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Muchas economías han crecido al 7%, incluida la mexicana. Un argumento en contra es que habrá inflación, pero eso sería viniendo de un crecimiento impulsado con gasto público. Aquí es diferente, porque lo vamos a impulsar con ahorro, productividad e inversión, y eso no genera inflación. Claro, tenemos que hacer cambios estructurales en la economía para alcanzar ese crecimiento.

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JGV: ¿Como cuáles?

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El sector de telecomunicaciones, por ejemplo, tiene que abrirse totalmente para que fluya la inversión. Es un sector de alto crecimiento. El renglón de transportes y de infraestructura, requiere para el crecimiento que se abra a la inversión. El ámbito de la micro, pequeña y mediana industria es un fuerte catalizador para el crecimiento. En desarrollo regional, cuando invertimos la pirámide –en lugar del priliberalismo que se ha empeñado en generar el desarrollo en las cúpulas–, para alimentar el crecimiento de abajo hacia arriba, en las regiones y en los municipios. Para ello debemos cambiar la fórmula de las participaciones y pasarla de 20% que regresa hoy a estados y municipios, a 45% a través de los seis años. Finalmente, también hay un proceso de crecimiento a nivel global, con tres grandes impactos que están haciendo crecer las economías: uno, tiene que ver con la tecnología, internet, las comunicaciones; segundo, la liberalización del comercio internacional; tercero, la economía del conocimiento, una nueva economía. Tenemos que hacer reformas también en el sector eléctrico, en el sistema financiero y en el propio gobierno, pues resulta que la mayor “empresa” de este país es el gobierno, con dos millones y medio de empleados, y lo que haga o deje de hacer tiene un alto impacto en la economía. El gobierno puede contribuir muy fuertemente al crecimiento si se convierte en un gobierno eficaz, de calidad, que cueste menos y haga mucho más, que rinda cuentas y que contribuya al desarrollo. Todo eso nos permite pensar que, hacia el tercer o cuarto año, podemos alcanzar la tasa de crecimiento de 7%.

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JLC: Ese es un reto importante y factible para México. Pero hay paradojas, como la de la inflación o la de utilizar la paridad peso-dólar como ancla de los precios, lo cual nos lleva a recurrentes sobrevaluaciones del tipo de cambio y, en consecuencia, crisis recurrentes de deuda. ¿Dónde estará el énfasis de su gobierno: en mantener los fundamentales a toda costa o en el crecimiento económico?

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Efectivamente, el crecimiento de 7% tiene sus retos, sin embargo no debemos caer en la trampa. Por ejemplo, República Dominicana, aquí en Latinoamérica, lleva tres años continuos de crecer por encima de 7% y se está convirtiendo en un pequeño milagro de crecimiento, porque está haciendo bien su tarea y está logrando el resultado. Por el lado del desequilibrio que se genera en la balanza comercial –es decir, resulta que en el país, al momento que crecemos importamos muchos insumos que se requieren para el crecimiento o, de hecho, importamos muchos productos para consumo–, lo que necesitamos es sustituir importaciones, aquel viejo concepto que se utilizó tanto en el país y que ahora lo hemos olvidado. La industria maquiladora está importando 95% de los insumos. Ahí hay una gigantesca oportunidad, sobre todo para micro, pequeñas y medianas empresas. En el aspecto de la inflación, apoyaremos al Banco de México para que, a más tardar en el 2003, estemos con tasas similares a las de nuestros socios comerciales, de 2 o 3%. Una vez que encontremos este equilibrio en inflación, tasas de interés y equilibrio fiscal y en la balanza comercial, entonces se dará el crecimiento con la estabilidad y sin los desequilibrios.

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EQ: ¿Qué va a hacer con el salario mínimo? ¿Aumentarlo por decreto, suprimir el salario mínimo legal? ¿Cuál será el mecanismo específico para que yo, como mexicano, tenga un incremento real en el poder de compra de mi salario?

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Para promover el crecimiento del ingreso del salario de trabajadores y de empleados necesitamos de varias cosas. La primera de ellas: alcanzar casi pleno empleo, porque de otra manera es muy difícil que el valor del salario suba y mejore. Por decreto no se puede hacer. Los primeros lugares con la mejor tasa de empleo tienen actualmente un promedio de ingreso del salario casi 20% arriba de la media nacional. El salario tiene que aumentar también por productividad, y en esto es donde vamos a trabajar con intensidad junto con el sector privado, para lograr esa productividad, entrenamiento, capacitación, inversión y capital en las empresas. Sin embargo, hay dos mecanismos que pueden ayudar a darle un empujón a los salarios hacia arriba: un sindicalismo más libre, más autónomo, más independiente, que sea un factor de impulso al crecimiento de los salarios. Otro camino tiene que ser el salario mínimo. Hay que establecer su piso por arriba de la inflación. Será modesto en el primer año, pero tendremos que ir acelerando. La tarea de un gobierno es tener nivel y calidad de vida, no cifras macroeconómicas espectaculares. Que cada familia mejore su ingreso, que cada familia tenga oportunidad de un empleo o una ocupación productiva.

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EQ: ¿Qué campo mexicano vamos a tener? ¿Una agricultura orientada a la exportación? ¿O una que reviva el crecimiento de los agricultores que se orientan al mercado interno?

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Veo el problema del campo de manera mucho más integrada. Todos hablamos del fracaso en el campo, de la pobreza y la marginación en el campo, y poco atendemos a señalar y a denunciar que lo que no ha funcionado es el crecimiento industrial, comercial y de servicios. Me explico: en México tenemos 24% de la Población Económicamente Activa (pea) en el campo (me incluyo entre ellos), y sólo generamos 6% del PIB. No da la fórmula repartir 6% entre 24% de la población. Otros países ya no tienen más de 5% de la pea en el campo, y generan igualmente 6-7% de su PIB. O sea, funciona al revés la fórmula. ¿Qué tenemos que hacer entonces en el campo? Por un lado, seguir apoyando la producción agropecuaria y seguir impulsando la modernización, la tecnología, la visión de mercado, el pensamiento empresarial. Tenemos que entrenar y capacitar. Hemos metido millones y millones de pesos de presupuesto al campo y nada en preparación y educación. El nivel educativo del campo, a diferencia del nivel de siete años promedio nacional, es de tres años. Necesitamos llevar otras fuentes de ingreso al campo, por dos vías: incentivos agresivos a las empresas, para que salgan de los corredores industriales y vayan al medio rural y a los municipios más pequeños y medianos; y el impulso a la banca social y al desarrollo de micro, pequeñas y medianas empresas en las comunidades rurales. En la banca social, con sistemas de micro crédito, con cajas de ahorro, con cooperativas agrícolas, que además son los sistemas que han operado todos los países exitosos en esta materia. Como  tercera línea estratégica, llevar el presupuesto de infraestructura básica a las comunidades rurales. Necesitamos cambiar la fórmula de ingreso fiscal, como ya señalé, para que el dinero llegue allá abajo. Nosotros nos proponemos, y este es un reto en los próximos seis años, asegurar que toda comunidad rural de más de 100 habitantes en el país –y hay 200,000 de ellas–, tenga al final del sexenio agua potable, electrificación, drenaje, comunicación telefónica, e inclusive comunicación por internet y computadora.

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JLC: ¿Cuáles son los instrumentos de política agrícola, concretamente, para sacar a nuestro campo adelante?

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En su conjunto, el Tratado de Libre Comercio ha traído importantes inversiones al país y ha generado empleos, por tanto, la idea no es ir en contra del TLC, sino igualar las condiciones de competitividad de nuestros productores en el campo con los de allá. Pretendemos cambiar toda la formulación de Procampo, que hoy se ha convertido en un programa electorero, para hacerlo una herramienta de productividad y compensación. Pero no todo se puede resolver por la vía del Procampo; necesitamos hacer competitivo a nuestro productor en cuestión de insumos, de herramientas, de financiamiento, con costos competitivos de gasolina, de diesel, de gas, de electricidad, de agua. Por ejemplo, usamos el agua de una manera muy irracional en el campo: necesitamos sistemas modernos, de fertiirrigación, necesitamos riegos por goteo, por aspersión, por compuerta… Esto es algo que hicimos en Guanajuato, y que tenemos que hacer en el país para que el costo del agua en las cosechas se reduzca considerablemente. Necesitamos visión de mercado.

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EQ: Uno de los problemas centrales en el campo y en la industria, es que el productor, el pequeño, está desorganizado. Meterle más dinero a la industria sin organizar a los productores, sería echarle dinero bueno al malo. ¿Cómo hacerle para organizar a los productores? ¿Qué medidas específicas podemos imaginar que no sean simplemente la réplica de lo hecho en Guanajuato?

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Por sector y por región, con fondos fiscales, vamos a apoyar a las asociaciones de productores que existen, para que instalen instituciones suficientemente cercanas a los productores. Se trata de montar toda una estructura que los lleva a los mercados, que les da productividad, tecnología. Eso lo vamos a hacer por regiones y por sectores económicos para que esta micro, pequeña y mediana industria sea exitosa, la conectemos globalmente y pueda así expanderse, crecer y generar empleos. En el campo es lo mismo. La necedad del gobierno de ser el organizador del campo, de meter al comisariado ejidal, de utilizarlos como carne de cañón, fracasó totalmente en su estructura. Qué diferentes las cooperativas agrícolas en España, Alemania, Canadá, Estados Unidos, en Guanajuato, que se forman libremente, con un propósito productivo. Vamos a aumentar la productividad en el campo. Porque, en realidad, la economía se compone de millones de decisiones que tomamos los ciudadanos y el gobierno todos los días. Si hacemos que cada una de esas decisiones sea mejor, que se use un riego por aspersión, en lugar de un riego rodado, que use una semilla mejorada en lugar de una semilla antigua, que se diversifique, que se siembre garbanzo para exportar a España, en lugar de sorgo para venderlo ahí en La Piedad, a precios de remate. Si hay esta visión de conjunto y de organización, cambia la cosa.

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JGV. Una pregunta que le hacen todos los días. ¿Vende o no vende Pemex? Dicen que dijo que sí en Nueva York.

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Me traen con ese comercial. En Nueva York dije que el petróleo es sagrado, recurso natural de todos los mexicanos y jamás debemos de deshacernos de él. Otra cosa es la empresa comercial Pemex, para la cual lo que hemos propuesto es reducirle la carga fiscal, sacar a los políticos que están dentro, meter profesionales y convertirla en una empresa competitiva que genere desarrollo, empleos y deje de contaminar. No soy privatizador. No voy a vender Pemex porque, además, no puedo. Sólo los mexicanos van a decidir qué se hace con Pemex, con el petróleo, con la energía eléctrica…

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JGV: Con la electricidad...

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Ahí estamos por la apertura al capital en la producción, distribución y venta de la misma, pero conservando las líneas troncales y la rectoría en manos del Estado. Ese es un servicio social.

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