Vinos y licores <br>Los mexicanos cambia

Si la apertura comercial abarrotó los anaqueles de productos importados, la devaluación de 1994 le

El mercado de vinos y licores se ha contraído, las ventas de productos importados de precio alto han decrecido y el consumidor ha sustituido marcas buscando una mejor relación costo-beneficio. A estas conclusiones llega el más reciente estudio de mercado de la Casa Pedro Domecq sobre los hábitos de compra y de consumo en México.

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El documento —basado en datos de febrero de 1996— revela que la población más afectada económicamente ha cambiado los productos de marcas más prestigiadas por “algunos aguardientes que no cuentan con un control de norma de calidad y de aval de fabricante, y que se comercializan regionalmente utilizando botellas recicladas sin control ni higiene en su lavado, a precios muy bajos (de entre $7 y $8 pesos por litro)”.

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Fuera de un estrato social (el más alto, por supuesto), la mayor parte de la población redujo el consumo de bebidas elaboradas en otros países, adoptando marcas nacionales, además de que cambió de categorías de bebidas, al moderar el consumo de whisky y cognac, para retomar el de brandy, -tequila y ron.

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Por otra parte, se redujo el volumen y la frecuencia de consumo en restaurantes y bares, pero creció en situaciones informales. “Ahora, en los hogares se realiza 90% del consumo”, se narra en el estudio.

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Las preferencias del mexicano de la crisis
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El consumidor mexicano refleja ciertas preferencias por algunas categorías de bebidas que, sin embargo, alterna según la ocasión. Puede empezar con tequila, continuar con vino de mesa y terminar con cognac y licores, por ejemplo.

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Según el estudio de Domecq, 88% de los mexicanos mayores de 18 años consume bebidas con grado por lo menos una vez al mes. El restante 12% pertenece al reducido mundo de los “abstemios”. De los bebedores, 50% pertenecen a la categoría de los “ligeros” (una a seis copas al mes); 40% son de consumo “mediano” (de seis a 20 copas), y 10% “pesados” (más de 20). Este último grupo se bebe cerca de 40% del volumen producido en México.

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La mayor tendencia de consumo se registra entre las personas de 26 a 35 años. Las bebidas de alto grado alcohólico son territorio casi exclusivo del sexo masculino (70%).

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¿Qué se está bebiendo en estos años de bocas secas? La categoría líder en el país es el brandy, con cerca de 45% del consumo, aceptado por todos los segmentos de edad. En segundo lugar está el ron, con 30% del mercado, seguido por el tequila (21%), que es el que mayor crecimiento ha observado en 1996, penetrando incluso el estrato más alto a través de -marcas premium, además de consolidarse como un producto apetecido en mercados foráneos, como Estados Unidos y Europa.

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La apertura comercial y el “error de diciembre”
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Como se ha dicho y reiterado en estas páginas desde hace muchos años, el mercado de vinos de mesa y brandies se vio afectado desde 1986, cuando se formalizó la apertura de las fronteras con el ingreso de México al GATT. Desde ese año, hasta 1994, los estantes de las casas comerciales se convirtieron en grandes exhibidores de vinos alemanes, españoles, estadounidenses y chilenos.

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“En aquel momento no existían reglas muy claras para controlar la calidad de los productos importados, por lo que se introdujeron vinos y licores de tercera o cuarta categoría en el país”, recuerda Jaime Costa Lavín, director general de Industrias Vinícolas Pedro Domecq. Entre 1988 y 1994, el vino importado llegó a representar entre 50 y 60% del consumo nacional de esta bebida.

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Según Costa, “la experiencia del consumidor con algunas de estas marcas importadas permitió la revalorización de los vinos nacionales de calidad, a un precio justo”. También ayudó mucho, sin duda, la devaluación de la moneda, que le quitó el atractivo del precio a los productos externos. En estos últimos dos años, los productores nacionales (mejor dicho, los que sobrevivieron) han ido ganando el espacio perdido. Así lo admite el director de Domecq: “La devaluación fue un factor determinante para frenar esta competencia desleal. Los vinos nacionales han reflejado un importante crecimiento debido al retorno de sus consumidores, un paulatino incremento en la cultura del vino y una mayor demanda de los turistas extranjeros que visitan el país”.

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De esta forma, las ventas de productos derivados de la uva (básicamente vinos de mesa y brandies) fueron de 8.95 millones de cajas en 1995 y se estima que lleguen a 9.13 millones para fines de este año.

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Por lo pronto, Domecq —dice Costa— se concentrará en mantener la variedad y la calidad de sus vinos, “que ya compiten favorablemente en sus respectivas categorías con los mejores importados”, y en continuar impulsando la cultura del consumo de vinos de mesa “a través de precios adecuados, óptima calidad y eficiente -comercialización”.

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En lo que toca a sus bebidas de alta graduación, el ejecutivo comenta que han establecido programas para incrementar la productividad, mantener la calidad y la presentación de los productos y reforzar el nivel de distribución a precios competitivos.

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Asimismo, acelera sus esfuerzos de exportación como alternativa adicional de crecimiento. Las ventas foráneas de brandies y vinos de mesa durante 1995 ascendieron a 485,000 cajas (y Domecq aporta 70% de esta cifra), volumen que todavía es reducido dentro de la participación mundial total, acaparada por España, Francia, Italia y Alemania. En el caso específico de Domecq, las marcas de mayor exportación son las de los brandies -Presidente y Don Pedro y las de los vinos Los Reyes y Domecq Cabernet Sauvignon (la cual fue galardonada en Europa).

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“En Pedro Domecq —remata Costa— estamos impulsando decididamente la cultura del buen beber: tratamos de evitar la concentración del volumen en pocos bebedores. En otras palabras, que muchos tomen poco y no que pocos tomen mucho.”

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