vs vieja economía

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El tema de la nueva economía se presta a disquisiciones teóricas que no llevan a buen puerto. Se dice que la vieja economía es la que representa a la producción antes de la era de la informática y que la nueva reemplaza a la anterior por su pujanza tecnológica; se le liga con las comunicaciones, internet y todo lo referente a la globalización.

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A muchos llama la atención que un site en internet –sólo una “promesa futura de ganancia”– pueda valer más que una industria que tiene el mercado asegurado (el caso Patagon.com, por el cual se pagaron más de $7,000 millones de pesos, valor casi similar a Vitro o superior a Bachoco).

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El público se sorprende aquí, en Europa y especialmente en Estados Unidos con el temblor y las sobrevaluaciones de las empresas de internet; con sus alzas y también con sus inesperadas caídas.

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Pero no hay pelea entre la economía vieja y la economía nueva, opinan algunos analistas. Hay especialistas –el caso de Bill Brady, director ejecutivo del grupo de Tecnología en el Credit Suisse First Boston– que equiparan las transformaciones que han derivado de la informática con la revolución que produjo “la irrupción de la electricidad, el telégrafo, la máquina de vapor, el ferrocarril y el automóvil; un todo que formó parte de la euforia del capitalismo”. Todos produjeron, en su tiempo, un “derrame tecnológico” sobre el mundo.

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Es cierto que a los momentos de euforia siguieron grandes “depresiones económicas, con quiebras de empresas y mercados abarrotados. Pero la economía capitalista continuó su pujante marcha a lo largo del siglo”, añade el analista.

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Por sí misma, la informática no implica una nueva forma de capitalismo, aunque sí fuerza al cambio de las relaciones sociales entre los hombres, modifica la forma de hacer política, de vender, de aprender.

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Como en muchos casos, internet es una “promesa a futuro”; la valuación de sus activos confluye en burbujas especulativas que, como todas las burbujas, llegado un cierto momento, explotan.

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También fue una “promesa a futuro” el ferrocarril. Cuando había menos de un centenar de kilómetros de vías férreas cerca del Atlántico, en Estados Unidos se hablaba de que debía de llegar al Pacífico. El momento constituía una “promesa a futuro”.

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Hay otras lecturas. “Una es la que indica que la nueva economía es la que crece merced a la innovación tecnológica, mientras la vieja es menos intensiva y menos inteligente. En la segunda, la rentabilidad que suele obtenerse es apenas superior al costo del capital invertido”, señala Emilio Ocampo, jefe del área de telecomunicaciones y tecnología para Latinoamérica en Salomon Smith Barney.

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La tasa de beneficio vinculada a la nueva economía es más alta. Se cumplirían las reglas del capitalismo: “Una tasa de beneficio superior al costo del capital alienta el papel del entrepreneur, del empresario creativo –como lo imaginó Joseph Schumpeter (quien formulara teorías sobre la economía y el capitalismo) hace algunas décadas– y conduce a la concentración, que obtiene mejor rentabilidad”, sostiene Ocampo.

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Otros, empero, consideran que la nueva y la vieja economías se necesitan mutuamente, que no podrían subsistir la una sin la otra. Son  complemento entre sí.

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Un ejemplo podría ser la industria automotriz, catalogada como representativa de la vieja economía. Sin una organización informatizada no podría seguir operando a gran escala, como lo está haciendo.

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