¿Ambulantes? ¿Dónde?

La Secretaría de Hacienda anuncia un nuevo esfuerzo para reducir la economía informal.
Lucía Pérez Moreno

Los comerciantes establecidos se quejan del descontrol del ambulantaje, el fisco de su incapacidad para ponerle freno y los ambulantes de que les quieren clavar el puñal. Lo cierto es que en México hay cerca de 13 millones de personas en la economía informal. El presidente de la Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México (Canaco), Roberto Zapata, afirma que la evasión anual de ambulantes supera los $50,000 millones de dólares.

- En octubre de 1999, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) lanzó un nuevo programa contra la informalidad. Habla de “identificar y controlar a las empresas formales que pudieran evadir impuestos al surtir al ambulantaje”.

Inicia el día bien informado
Recibe todas las mañanas las noticias más importantes para empezar tu día.

- Lo único que ha logrado el SAT es afiliar a unos cuantos miles de ambulantes humildes, que por su nivel de ingresos no son gravables. De acuerdo al régimen de pequeños contribuyentes, sólo quienes venden por arriba de $132,798 pesos al año deberán pagar impuestos. Estos contribuyentes no tienen que presentar informes sobre clientes o proveedores, hacer estados financieros, ni facturas por ventas menores a $64 pesos. En opinión de varios ambulantes, el esquema permite no pagar al fisco. En enero, la entonces directora del SAT, Alma Rosa Moreno, reconoció que el programa estaba a punto de fracasar. “Se encuentra lejos de mostrar un ritmo que asegure el cumplimiento de la meta que es de más de un millón de nuevos contribuyentes para diciembre del 2000”, dijo. Un mes después fue relevada de su cargo y sustituida por Raúl Sánchez Kobashi. Moreno dijo que el problema de la economía informal rebasaba el ámbito tributario y reconoció que no había obtenido suficiente apoyo de los líderes “reales” del ambulantaje.

- A espaldas de la sede del SAT, los puestos de ambulantes dan fe de los magros resultados del programa. Ruth vende suéteres en un puesto a la salida del metro Hidalgo. Sabe que debe darse de alta pero dice que no lo hará. “Yo no le entro, porque apenas  gano para comer”, apunta. En ese mismo lugar Rubén Villalpando ofrece calculadoras, pilas, juegos portátiles en video y aparatos de sonido de procedencia extranjera. “El dueño del puesto ya me dijo que no vamos a pagar un quinto más”, apunta.

Ahora ve
Dream Jet es la mansión de tus sueños dentro de un Boeing 787
No te pierdas
×