¿Con el ejemplo o con varazos?

Aún hay tiempo para las clases de ética: sociedad, gobierno e iniciativa privada todavía están e
Luis Hernández Martínez

Francisco Barrio, titular de la Secretaría de Contraloría y Desarrollo Administrativo (Secodam), ofrece sus puntos de vista sobre el concepto de empresa transparente o, si lo prefiere usted, organización éticamente responsable. Luego de la entrevista que concedió a Expansión, valdría la pena consignar un pensamiento del refranero popular: "El que avisa no es traidor."

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¿Cómo prevenir la corrupción en las empresas?
-Ya establecimos algunos convenios de colaboración con instituciones como Concamim, Concanaco y Coparmex. Con el Tecnológico de Monterrey preparamos cursos para empresarios a través de su sistema virtual. Ahí ponemos el acento en cuestiones como códigos de ética, de conducta y cultura de la transparencia. Les manifestamos nuestra preocupación por tener y hacer negocios éticos. También hemos programado algunos eventos con una orientación muy fuerte hacia los líderes corporativos. Aprovecharemos el contexto de acontecimientos internacionales como los de OCDE y el quinto congreso de ALENE (será en agosto próximo, en la ciudad de México). Estamos abriendo espacios para discutir el tema.

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En esta primera etapa ¿cuál es el mensaje para las compañías?
-Estamos en la etapa de llamar a las compañías y convocarlas. Repetimos a los empresarios que la ética sí es rentable. De hecho, cada vez son más las firmas que descubren que tener una cultura sólida en este sentido significa hacer más negocios.

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¿Existen estadísticas para saber cuántas organizaciones se están sumando al concepto?
-No, que yo sepa. Creo que no hay un registro de ese tipo. Por eso debemos redoblar el esfuerzo. Sobre todo para reconocer el trabajo de las compañías que actúan en favor de los negocios transparentes y éticos. Tenemos muy claro que ese estilo de vida tiene mucho que ver con una convicción profunda de la persona. La gente se conduce moralmente porque así fue educada. Sabe que así debe ser. Y, en las compañías, arroja ganancias.

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¿No será contraproducente utilizar un incentivo económico para que las empresas trabajen de manera ética?
-No lo sé. Puede ocurrir que un argumento utilitario se revierta al tratar de motivar conductas morales. Lo que he observado, de hecho, es que cuando a uno le presentan casos de servidores públicos, organizaciones o profesionistas con una línea de conducta intachable, gente comprometida con los valores, se siente inspirado y motivado para conducirse en esa misma línea. Esas personas son un ejemplo y tienen una fuerza difícil de describir.

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¿Cómo se hace para que los hombres de negocio que no aprenden con el ejemplo sigan el camino de la transparencia?
-Gary Becker, premio Nobel de Economía, dice que la corrupción es un tema económico y que, como tal, involucra estímulos positivos y negativos. Los primeros consisten en el posible beneficio que una persona deriva de un acto ilícito; los segundos en el riesgo de ser sancionada. La gente siempre evalúa: si el peligro del castigo es bajo, y la ventaja de incurrir en la corrupción es alta –y además, digo yo, la persona no tiene una base moral sólida–, entonces el acto ilícito es un hecho. Tenemos que disminuir los estímulos positivos y aumentar los negativos.

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¿Cómo hacerlo desde la Contraloría?
-Un ejemplo: los programas de usuario simulado que se pusieron en marcha en distintas instituciones del gobierno nos permitieron detectar situaciones de corrupción. Con eso queremos que en las oficinas públicas se conozca que los encontramos y que la gente que incurrió en falta está a punto de ir a la cárcel. Hacemos que se comprenda que por un acto ilícito se afecta la imagen de su familia y su carrera profesional. Para eso tenemos carteles con los aspectos generales del caso. Pero eso es al interior del gobierno.

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¿Con las empresas actuará de manera similar?
-Sí. Incluso hemos hecho público el nombre de las compañías que incurrieron en faltas al hacer negocios con el gobierno. Por ejemplo, recuerdo el caso de una que firmó un contrato para expulsar del país residuos peligrosos. Sin embargo, comprobamos que sacaba los tambores vacíos y la inhabilitamos por un año.

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Pero esas firmas siguen operando con particulares. ¿Por qué no cortarles también esa fuente de ingresos?
-Legalmente no se puede. No hay un marco legal que permita una sanción de ese tipo. Una realidad es que las empresas, en su enorme mayoría, son sociedades anónimas que se las ingenian para seguir trabajando. Es decir, sólo cambian de razón social y listo.

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¿El concepto de organización transparente es universal o cada país tiene el propio?
-Con algunos matices, en el fondo es el mismo. Hablamos de buscar que las empresas e instituciones públicas actuemos con responsabilidad ante la sociedad que servimos. Que nuestras actividades se realicen de tal forma que nunca debamos ocultarlas. Ahí está lo que ocurrió en el caso Enron-Andersen: un acto de falta de transparencia y manipulación de la información. De lo que estamos hablando es de evitar ese tipo de pecados o actos corporativos. Si presentamos nuestros números y manera de hacer negocios, incluso con orgullo de que nos conducimos de manera responsable, entonces no debemos temer a la verdad.

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Ser o no ser transparentes, ¿he ahí el dilema?
-En la medida en que todos construyamos un ambiente más sano, confiable, realmente de respeto, vamos abonando al crecimiento económico del país. Las naciones desarrolladas tienen presente una serie de valores que se vinculan seriamente con la ética. Si tenemos una economía robusta, entonces las oportunidades se multiplican. Necesitamos un país con bases más sólidas en calidad de vida y bienestar. Tenemos que bajar los niveles de corrupción.

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