¿Conviene un precio alto del petróleo?

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Héctor Chávez López

Considerando que México es un país exportador de petróleo y que más de 30% de los ingresos públicos provienen de él, es común pensar que, a mayor precio del petróleo, mayores son los beneficios. Sin embargo, no es necesariamente cierto.

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Si bien es verdad que las mayores exportaciones  reducen el déficit comercial, contribuyen a mantener fuerte al peso y le aportan mayores ingresos al gobierno, los beneficios son sólo de corto plazo. En cambio, los efectos negativos que precios del crudo excesivamente altos pueden tener en la economía mundial, y sobre todo en Estado Unidos, son mucho más serios para México en el mediano plazo. 

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Una mayor inflación en los países desarrollados, por altos precios de los energéticos, provocaría mayores tasas de interés y un menor crecimiento económico mundial.  Considerando la integración de México con Estados Unidos y el resto del mundo, tendría un impacto negativo en las exportaciones manufactureras, e implicaría mayores tasas de interés internas, tipo de cambio débil,  y menor crecimiento.

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Es por ello que en las últimas semanas, el riesgo de que el precio se mantenga alto ha causado volatilidad en los mercados financieros, ya que los inversionistas están preocupados por los efectos negativos que la carestía del energético provoca en los países desarrollados, a pesar de que en el corto plazo, precios altos representen mayores  ingresos para México. Irónicamente, el alto precio también le plantea un reto a la nueva administración de Vicente Fox. 

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Dado que buena parte de las promesas de campaña del presidente electo están basadas en la expansión del gasto público, y dado que la dificultad de que este mismo año se realice una reforma fiscal que incremente los ingresos del gobierno, la nueva administración enfrentará presión política para aprovechar la coyuntura y utilizar los ingresos petroleros para financiar el gasto. Aunque es recomendable utilizar estimaciones conservadoras de los ingresos petroleros del año 2001 para evitar posibles recortes presupuestales, dicha estrategia enfrentará críticas en algunos sectores del Congreso, porque implica menor gasto público.

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Por ello, la negociación del Presupuesto 2001 con el Congreso no será una tarea fácil. Urge una reforma fiscal y la despetrolización de los ingresos públicos, no sólo para reducir la vulnerabilidad de las finanzas públicas a cambios en las condiciones internacionales, sino también para eliminar los incentivos perversos de gastar más cuando el precio del petróleo está por las nubes, considerando que dicha situación, por lo general, no es sostenible.

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El autor es director de análisis de Banco Santander Mexicano

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